Segundo podcast: “Soportando el sufrimiento”

Porque, ¿qué mérito hay en soportar malos tratos por hacer algo malo? Pero cuando se sufre por hacer el bien y se aguanta el castigo, entonces sí es meritorio ante Dios. Y ustedes fueron llamados para esto. Porque también Mashiaj sufrió por nosotros, con lo que nos dio un ejemplo para que sigamos sus pasos. (1Kefa 2:20-21; RVC)

Creyendo es Yeshúa, ¿estamos destinados a sufrir? Sí, a sufrir por hacer el bien, y esto puede enternderse como el vivir conforme a Su conducta. pues si por hacer el bien puedo perder amistades al no prestarme para la burla y el escarnio de otros; perder influencias para que mi negocio prospere por rechazar trabajar el día sagrado del shabat; si pierdo popularidad por no consentir hablar el chisme o la mala lengua que recae contra una persona, aunque sea verdad, entonces conoceré la paz.

Pero también uno puede pensar, ¿de qué sirve todo aquello de lo que me he cuidado para no cometer el mal, si veo que los que lo hacen no sufren, y yo, que procuro no hacer lo que ellos hacen, me encuentro en una situación indeseable? Apenas entrando en la presencia del Eterno puede saberse la verdad de todo ello y el fin de los malvados (Sal 73). Así que aún las difíciles e incomprensibles circunstancias que padecemos, todas ellas, son actos buenos de Di-s. ¿Cuál es, pues, el sentido del sufrimiento? Éste es lo que nos hace humildes. ¿No es más bienaventurado dar que recibir? Y nuestro tiempo cultiva una actitud de recibir como si fuera merecido lo que se demanda. La sociedad de consumo nos ha hecho pobres y cínicos respecto a lo que se nos demanda por el simple hecho de creer en Yeshúa.

No sólo somos creyentes por creer (asegurarse de la salvación de Di.s), sino por padecer. Si creo acepto lo que viene de Di-s. Ya en el tratado Berajot  de la Mishná, los rabinos dicen que una persona esta obligada a darle gracias a Di-s tanto por lo bueno como por lo malo. Gam zu letová “también esto es para bien”, reza el dicho de Najum Gamzu, y Rab Shaúl no revela algo diferente: “Di-s dispone todas las cosas para el bien de los que Lo aman” (Ro 8:28).

La razón de haber escogido el fragmento que el Jafetz Jayim escribiera comentando una mishná del Pirke Avot para este segundo podcast, estriba en que en estos últimos días, estos días postreros, es necesario recordar nuestro deber delante del Eterno para practicarlo con amor. Los sufrimientos también se aceptan con amor, y debemos saber que Di-s ama al que corrige, pues estamos constantemente llenos de error. Muchas veces este error es la falta de humildad.

Tenemos un maestro a quien seguir, ya que no sólo hemos sido llamados a creer en él, sino a padecer por Su Nombre; por Su causa; por Su amor y mantener viva la Torá que Él instauro en nosotros para que Le sirvamos, antes de que llegue el día terrible y de tinieblas, el día del Señor cuando Yeshúa vuelva por Su esposa renovada Israel.


Sopor, temor y grande oscuridad (parashá Lej Lejá)

Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. (Ber 15:12)

¿No es significativo que Abram haya tenido esta experiencia “a la caída del sol”? Si bien la Torá relaciona esta expresión de una manera muy clara con el momento del sueño, en un sentido que podría referirse a su forma natural, también está expresando otro aspecto más sutil. Debemos atender a la escena: Di-s le ha pedido a Abram que prepare cierto tipo de animales (animales que más tarde, en la revelación del Sinaí, tienen una función sacrificial) y los parta por la mitad, escepto las aves. Después de un tiempo de esperar a Di-s, aves de rapiña hacen su aparición durante el día hacia la tarde, “y Abram las ahuyentaba”. Justamente, al terminar este versículo, sigue el que citamos al principio de este texto. Esto representa que la espera por que Di-s mismo se haga presente, puede llegar al límite de presentarse depredadores que nos hagan creer que todo ha terminado. Sin embargo, Abram las ahuyenta. Las aves de rapiña representan la inmundicia que busca desanimarnos ante la espera de Di-s.

Sin embargo, llega la noche y Abram se ve sobrecogido por el sueño. Esto puede tener, por lo menos, dos significaciones: 1) no pudo resistir más, y cedió a la tentación de no seguir guardando la ofrenda del pacto que Di.s le propuso –con el peligro que eso implicaba: que el pacto fuera anulado–; y 2) que este es un sueño particular que lo sobrecogió, es decir, que lo tomó desprevenido; un sueño profético. Efectivamente, Bereshit Rabbáh considera que estas dos significaciones están presentes: “el principio de la decadencia de un hombre es el sueño”; asimismo: “el letargo de la profecía” (44:17), ya que la palabra תַּרְדֵּמָה implica un estado de inercia total.

Precisamente, en esa condición el sueño profético comienza cuando “el temor de una grande oscuridad cayó sobre él” (v. 12). El Midrash concluye que “termo”, “grande” y “oscuridad” se refieren a los distintos reinos ante los cuales Israel será subyugado, de tal manera que ese terrible sopor se refiere al momento (a los momentos) en que Israel será abatido y humillado –como se sabrá más tarde, por medio de la historia y los profetas, por causa de su pecado–. Y esto ocurre cuando Abram mismo decae y descuida la ofrenda del pacto.

Pero en el momento en que había mayor oscuridad, Di-s mismo se presenta, estando Abram aún dormido, como “una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos” (v. 17).  Es decir que, a pesar de Abram, de su caída en el sueño, Di.s se hizo presente confirmando Su pacto, haciéndonos saber que no es por los méritos de nadie por lo cual se preserva el pacto del Señor, sino por causa de Su Nombre. Al mismo tiempo, su Presencia ocurrida en el momento de mayor oscuridad, representa Su apoyo en medio del terror; o bien, que Él confirma Su pacto en medio del sopor humano y el terror –junto con la amenaza de anulación de ese mismo pacto–, tal y como lo encontramos en los Tehilim y los profetas:

Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones. (Yoel 2:2)

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Adonay; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. (Os 6:3)

Con todo ello, Di.s, está anunciando la liberación de Su pueblo, como una confirmación de Su palabra inmediatamente dicha con anterioridad: “después de esto, saldrán con gran riqueza”. ¿Pero los cuatrocientos años sontan sólo una alusión a Egipto? Son, también, una alusión profética a la llegada del Mashiaj, pues entre el último de los profetas y el nacimiento de Yeshúa pasaron 400 años. Adonay anuncia con ello la redención final, y así lo sugiere Bereshit Rabbáh, que al presentarse el horno humeando y la antorcha de fuego, Di.s mostró a Abram cuatro cosas, entre las cuales se encuentra la Redención (¿no es esto a lo que Yeshúa aludía al decir: “vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”? -Yn 8:56); y cuando este fuego pasa por la mitad (גְזָרִים; guezerim) de los animales, así “tiene el mismo significado que el versículo: Al que dividió el Mar Rojo en partes (גְזָרִים; guezerim)” (BR 44:22), siendo que también la redención de Egipto ocurrió en la noche, como sin duda ocurrirá también en el día postrero.

Pero así como en la oscuridad hay terror y angustia, esclavitud y clamor, en el alba hay redención y alabanza, como está escrito:

Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. (Teh 57:8)


Primer podcast: comentario del Jafetz Jayim a Avot 4:16

En este primer podcast preferí el comentario que el Jafetz Jayim hace a la mishná 16 del capítulo 4 del tratado de Pirke Avot de la Mishná. Esto es porque, la mayoría del tiempo, sus apreciaciones sobre la Torá tienden a ser del tipo musar, es decir, reflexiones profundas y morales. Haber escogido esta mishná tiene la intención de llevar a la reflexión sobre los afanes que perseguimos o a los que siempre estamos expuestos, tanto hombres como mujeres, por el descuido y el apego a las costumbres no santas que luego demostramos al mundo.

Con no santas me refiero a que no nos santifican ni nos ayudan a santificar el Nombre de Di.s, sino que por nuestro error y negligencia; por el escaso cuidado que ponemos en mejorar los detalles de nuestros hábitos y costumbres diarias, y que modelan nuestro comportamiento, provocamos jilul HaShem (que el Nombre de Di-s sea deshonrado –se entiende, por otros, a causa nuestra–).

Es por eso que en estos últimos tiempos, los tiempos mesiánicos, debemos ser creyentes conscientes de nuestro compromiso con Di-s y la Torá, y que nos jugamos la vida eterna al aparentar que existe un bienestar concreto en nuestras vidas sin el cuidado de nuestro estilo de vida y conducta. es por eso que el epígrafe de este blog (2Ke 3:11-12) nos recuerda la urgencia a esperar con vidas dedicadas al Señor.

Esto llevaría a preguntarse la clásica pregunta: “¿la salvación se pierde?”, a lo que podríamos decir: “nunca se pierde, porque si de verdad Yeshúa reina en ti, entonces eres una persona comprometida con Sus mandamientos y que cuida su vida y los detalles de la misma al hablar, al escoger, al tener ciertos gustos y hábitos que se distinguen de los del mundo y que muy seguramente pueden incluir lo que el Jafetz Jayim discute con respecto a esta mishná”.

Finalmente, diremos algo sobre nuestro intérprete, el Jafetz Jayim. Su nombre real era Israel Meír Hacohén, un rabino famoso por sus obras sobre lasón hará (el hablar mal), en las que discute las reglas que existen con relación a este grave pecado. Pueden saber más de el aquí o acá.

También el podcast puede ser escuchado en cualquiera de las siguientes direcciones:

  1. Facebook de Ikvetá D’Meshijá / Los pasos del Mesías.
  2. En DivShare

¡Gracias por escuchar! ¡Si les gusta, sus comentarios son bienvenidos!

Shabat Shalom

(no olviden estar al pendientes del siguiente artículo sobre la parashá Lej lejá.)


Nimrod y la bestia (Parashat Nóaj)

Nimrod es la figura humana, después de la expulsión del Gan Edén, en la que se personifica el poder de la rebeldía contra Dios (Ber/-Gen 10:8). Su nombre significa “rebelde”, y se dice de él desde el principio que era descendiente de Cush, desciendiente a su vez de Cam, el hijo que deshonrara –denigrara– la integridad de su padre Nóaj (Noé).

Pincipalmente son cuatro las características de Nimrod: 1) engendrado por Cush, hijo de Cam (v. 6); 2) “comenzó a ser poderoso en la tierra” (v. 8); 3) “Él fue poderoso para la caza frente al Eterno”(v. 9) y 4) era famoso: “por eso se dice: ‘Como Nimrod, poderoso, para la caza frente al Eterno” (v. 9).

De acuerdo a Bershit Rabá 23:7, la palabra “comenzó” del v. 8, contiene el significado de “profanar”, de ahí que Rashí diga que “Se hizo poderoso en el sentido de rebelar a todo el mundo contra el Santo –bendito es– por medio del consejo que dio a la generación de la Dispersión”.¿Cómo puede hacerse una persona “poderosa” para rebelarse contra Dios? El poder implica el esfuerzo personal, lo que en otras palabras podríamos entender como que deliberadamente Nimrod, sabiendo de la existencia del Todopoderoso y hasta de Sus designios y caminos –sobre todo por esto– elaboró estratagemas para seducir a los hombres e instarlos a ser como él. Pero al querer hacerlos “a su semejanza” –acto similar, pero en sentido contrario, al de Di-s al crear al ser humano; acto de destrucción–, no implica que todos las personas seducidas fueran a ser “libres” de las reglas divinas, sino esclavos de todo lo que nace de la rebeldía. Acto paralelo al de la serpiente que engañó a Eva diciendo: “serán iguales a Di-s”.

Asimismo, Rashí interpreta que la tercera característica de Nimrod se refiere a cazar “las mentes de los hombres y hacían que errasen para rebelarse contra el Omnipresente”, a través de sus palabras. Esto quiere decir que el instrumento de seducción era el habla; las muchas palabras que convencen a los hombres de desisitir de la obediencia y de ser sus propios reguladores. Rav Shaúl describe este espíritu de rebeldía como los que “sirven a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro 16:18). Pues no son simplemente unos glotones, sino que desde una perspectiva espiritual,  son conforme al pasuk: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” (Mishlé 18:21), de tal manera que para los que lo escuchaban, les eran “palabras suaves, que penetran hasta las entrañas” (Mishlé 18:8).

Por su forma de pensar, Nimrod se hizo famoso, y el modelo de una conducta sediciosa contra Di.s, de ahí que Rashí comente que “Sobre todo hombre que haga el mal con soberbia insolente, que reconoce a su Amo, pero que aun así delberadamente se rebela contra Él, se dirá: “Éste es como Nimrod, homre poderoso para la caza”. Esto debe hacernos ver que Nimrod reconocía el poder y la autoridad de Di-s, así como conocía Su voluntad, pero no deseaba seguirla. Este modelo de soberbia es el modelo del que se opone al Mesías. La Torá ya nos proporciona su perfil explícito en Jazón Yojanán 13:5-8:

A la bestia se le permitió hablar con arrogancia y proferir blasfemias con tra Dios [...] Abrió la boca para blasfemar contra Dios, para maldecir Su Nombre y Su morada y a los que viven en el cielo. También se le permitió hacer la guerra a los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. A la bestia la adorarán todos los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres no han sido escritos en el libro de la vida, el libro del Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo.

No se piense que estas blasfemias son tan explícitas como para que cualquiera, hasta los incrédulos, se den cuenta de que son, efectivamente, blasfemias. Serán, pues, palabras suaves;  fáciles de aceptar; tan sutiles que nadie entendido ni comprometido de entre los creyentes se dará cuenta que está blasfemando contra Di-s y Su Nombre, Su morada y los que están en ella. Por eso dice previamente “El mundo entero, fascinado, iba tras la bestia [...]” (v. 3), y más adelante, cuando la bestia es herida, sale otra que “tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como dragón” (v. 11). Las palabras se esconden detrás de la imagen. La imagen parece correcta, pero sus palabras con blasfemias.

En griego, la palabra usada para la fascinación del mundo –y en esto inclúyanse los creyentes que están en el mundo–, es θαυμάζω, significando “desear; maravillarse; admirar; pagar una recompensa por algo –que de desea ansiosamente–; apariencia –la propia figura exterior–”. Todos estos significados se suman en una sola actitud: rebeldía. Hoy por hoy, el mundo no está lejos de esta actitud, de la cual podría decirse que “es como Nimrod, hombre poderoso para la caza”; seducido por la apariencia, el lujo y la búsqueda de placer, aún entre los creyentes, cada vez más parecidos al mundo, de entre los que no cuidan mucho su compromiso. Éste es tan sólo un adelanto de lo que será.

Pero el pasaje sobre la primera bestia termina de esta forma:

El que tenga oídos que oiga.

El que deba ser llevado cautivo a la cautividad irá.

El que deba morir a espada, a filo de espada morirá.

¡Aquí se verán la perseverancia y la fidelidad de los santos! (v.9-10)

La historia de Nimrod se conecta elípticamente con la de la construcción de la ciudad y la torre de Babel, cuyo nombre significa “confusión”; lo que quiere decir cuánto tiempo duró la confusión que Nimrod impuso sobre los hombres cuando los sedujo, pues estos “hicieron la guerra” contra Di-s, de acuerdo al Midrash Tanjumá. Es aquí donde los creyentes deben probar su fidelidad, fijándose a quién escuchan desde hoy en su corazón y cómo le transmiten eso a sus hijos: la perseverancia y la fidelidad de los santos, cuidando en no albergar en su corazón la vida ideal del mundo.

Por eso es escuchar más que ver; la esencia de la enseñanza más que su bella apariencia.


Nada nos convence: la era mesiánica, el Jafetz Jayim y los pasos del Mesías.

Llevar una conducta ejemplar nunca es sencillo; menos cuando no se tiene una razón especial por qué hacerlo. Ser una persona moral, actualmente, es visto como un aspecto retrógrada; hasta la palabra resulta chocante para algunos. Pero se trata de la preservación básica de la vida, como lo diría Emmanuel Lévinas, “la moral existe cuando el otro es un límite para mis acciones” (paráfrasis mía). Y tal vez cuando la moral es precisamente el límite de mis deseos y todo loq ue puede abarcar mi vista y mi corazón desenfrenado, es cuando más se hace impertinente a los oídos de la gente común.

En tiempos de angustia los comportamientos suelen ser tan dispares, que lo que pensamos que no haría el vecino que conocemos desde hace años, termina haciéndolo; los “incorruptibles” se hacen corruptos; los “bondadosos” se vuelven envidiosos; y a lo malo se le llama bueno y viceversa. Estos son signos de los tiempos finales; si bien siempre ha existido la ambigüedad de la conducta humana, los últimos días se caracterizan por la desvergüenza de la inmoralidad y la indolencia.

No es casualidad que Kefa (Petros) en su carta, mejor conocida como 2a. de Pedro, urja a considerar que la conducta que debe manifestar el creyente en Yeshúa sea marcada por la santidad. Este es un pensamiento muy judío. Aún lo encontramos en las expresiones mesiánicas de grupos como los luvavitchers y otros jasídicos que, a través de las buenas acciones, pretenden hacer llegar al Mesías. “¡Queremos al Mesías ya!”, es la frase escogida como estandarte de estas perspectivas. Frase engañosa, que enciende los corazones para adelantarse a lo que sólo Di.s ha determinado sin darlo a conocer.

Yeshúa dice: “lel día y la hora nadie sabe”, y con ello saltaba del tema menos importante al más importante. En otras palabras, no importa tanto cuándo viene el Mesías; importa más tu conducta en la espera de Su llegada, como si fuera a llegar hoy… Porque este “hoy” es, tanto la invitación que Di-s hace (Sal 95:7), como la advertencia sobre el día terrible de Di-s que los profetas anuncian. Kefa se hace eco del anuncio profético:

“Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquél día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?” (2 Pe 3:10-12).

Y es que ni los discursos sobre el fin del mundo –ni el tiempo posterior a este– convencen a nadie para comprometerse en una conducta intachable. Sólo la palpable relación de perdón que hace Di-s cuando una persona se reconoce verdaderamente digna de muerte por sus acciones y su vida, tal y como la ha llevado hasta ahora. Muy cercano a esta sensibilidad, el Jafetz Jayim (Rabí Israel Meir Hakohen) señala:

Incluso las almas de individuos piadosos, que creen seriamente en el concepto de recompensa y castigo, no se emocionan losuficiente como para arrepentirse.

La causa de lo antedicho es que las emociones de la persona se despiertan solamente por lo que ve pero el futuro es difícil de visualizar. Más aún, el instinto del mal engaña a la persona haciéndole imaginar que vivirá miles de años, y por lo tanto no hay necesidad acutalmente de pensar en esas cosas.

Por eso, el temor al aparentemente lejano Día del Juicio no es fuerza disuasiva suficiente para impedir que la gente transgreda los preceptos de Dios. Por lo tanto el Sabio nos propone que intentemos visualizar el futuro, para que nos disuada de la transgresión.

(Torat Habait, cap. 1)

Esto es justamente lo que escribe Kefa: “Por eso hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, en paz con Él” (v. 14). En el versículo 12, as palabras griegas para “esperando ansiosamente” significan, cada una, “aguardando la llegada de alguien”, y “premura” o “desear ardientemente”, respectivamente. Esta combinación representa la actitud y la conducta. La espera de la venida del Señor es vivir en santidad (apartados de la dirección en la que el mundo se encamina actualmente), “sin mancha y sin defecto”, aludiendo a la pureza sacrificial de los animales para ese propósito; y el deseo ardiente es vivir “en paz con Él”, lo que representa una vida que no comete pecado.

Entonces, podemos hacer caso de las advertencias sobre los últimos días, tan ciertos, como tan presente es hay la resurrección del Mesías. Este mismo carácter judío de la exhortación hacia una vida de completo compromiso con los mandamientos y las promesas de Dios en la Torá, es lo que nos hace oír a Kefa y a Yeshúa detrás de las palabras del Jafetz Jayim, en una encuentro intertextual en el tiempo:

Por lo tanto hoy, más que nunca, debemos fortalecernos. Debemos atesorar nuestros días y años y no gastarlos en vano. Encontramos en Sanhedrín (98b): “Le preguntaron a Rabí Elazar hagadol: ‘¿Qué puede hacer una persona para salvarse de los sufrimientos de la era mesiánica?’ Él respondió: ‘Debe dedicarse a estudiar Torá y hacer actos de misericordia’.

Sabemos por todas las indicaciones que aparecen en el capítulo Jelek (Sanhedrín) y en el último capítulo de Sotá, que estamos viviendo en una época llamada Ikveta D’Meshijá, los pasos del Mesías. Sería adecuado que intensificásemos esfuerzos físicos y espirituales e incrementar nuestro estudio de la Torá para no perder el tiempo.

(Zajor LeMiriam, cap. 11)


En el principio fue el Mesías

Rabí Itzjak dijo: Puesto que su objetivo principal es la enseñanza de los preceptos, la Torá no debería haber comenzado por este relato, sino a partir del versículo: “Este mes será para ustedes el primero de los meses…” ya que este versículo enuncia el primer precepto que le fe ordenado a Israel. Entonces, ¿por qué razón la Torá comenzó con el relato de Bereshit, la Creación del mundo?

Seguramente con estas palabras Rabí Itzjak no deseaba contradecir sino explicar el comienzo del relato de la Torá. Comenzar por el principio pudiera parecer lógico a cualquier mente, sin embargo, según la naturaleza de la Torá, no es explicar el mundo sino hacer saber al género humano –por medio del pueblo de Israel– que existe una ley bajo la cual está sujeto. Pero esta ley, ¿es tan sólo para el pueblo judío o para todos los hombres? R. Shaúl argumenta en Al Harumim (3:1-26): “ya hemos acusado a judíos y gentiles, que todos están bajo pecado”, y antes: “todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (v. 19).

Rabí Itzjak dice que la respuesta está en que la Torá nos quiere hacer saber que Di-s es Adon Olam (Amo del Mundo), y para que nadie argumente contra el pueblo de Israel el por qué toma una tierra que no le pertenece, y se le responda: “Él la creó y la entregó a quien le pareció recto a Sus ojos. Por su voluntad se la entregó a ellos, los siete pueblos keenaním, y por Su voluntad la tomó de ellos y la entregó a nosotros”.

Asimismo el Rambám (Mamónides) dice que bien pudo haber comenzado la Torá por los diez mandamientos, pues en ellos se enuncia que Di-s creó en seis días el mundo y en el séptimo descansó, pero contraargumenta que fue hecho así para enseñar que un pueblo que no sigue la voluntad de Di-s ha de ser expulsado del territorio que se asignó originalmente (La Tora con Rashí p. 3). Es interesante encontrarnos con que la justificación del relato de la Creación en Bereshit tenga razónes históricas, es decir: la intervención de Di-s en la historia; Amo de la misma y de todo lo que acontece y hay en ella.

Bereshit también contiene los secretos de los días postreros, que inicialmente brillan en la voluntad divina: el Mesías como esa luz (Gen 1:3) y al mismo tiempo como ese consejero primordial de la Creación, según Mishlé (Proverbios 8:30), que dice “con Él estaba yo ordenándolo todo”. El midrash comprende que es la Torá aquella que sirvió de guía a Di-s para realizar la creación. De todas las cosas que precedieron la Creación, el Nombre del Mesías figura como la séptima y última:)

  1. La Torá (el fundamento de la vida, donde el Mesías es revelado)
  2. teshuvá (arrepentimiento, por el cual el alma humana puede acceder al Maljut Shamayim)
  3. Gan Édén (paraíso, donde residirán los justos al final de los días, después del juicio final)
  4. Gehinam (el infierno, donde los impíos serán mandados)
  5. Kisé hakavod  (el Trono celestial, desde donde el Señor juzgará a vivos y muertos)
  6. Beit Hamikdash (El Santo Templo, residencia de Di-s en la tierra, y sobre el cual se hizo alusión en la basorá de Yohanán 1:14)
  7. HaShem HaMashíaj (el Nombre del Ungido, quien traería la Salvación final a los justos)

¿Por qué es mencionado el Nombre del Mesías al final? Porque Él será el autor de la Redención final para Su pueblo Israel y para los que, de entre las naciones se abracen a Él; porque será revelado a Su pueblo Israel como aquél a quien atravesaron, tal y como Yosef se revela a sus hermanos al final. ¿Y por qué está mencionado al principio? Porque desde el principio ES, como Él Mismo lo expresó: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver Mi día, y lo vio, y se gozó [...] antes que Abraham fuese Yo Soy” (Yn 8:56-57). Y aún más, porque Él aseguró, conforme a la Torá –que también es al principio–: “Yo soy la Or haolam, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Yn 8:12).

La luz del reshit haolam (principio del mundo) es “aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre [...] En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Yn 1:9-10), ni los suyos muy cercanos, pues está oculto para los soberbios y es hallado por los humildes. En el piuyt Lejá Elí que se canta en Yom Kippur, se menciona la HaOr HaGanuz, la “Luz oculta” que está delante de Di-s y sobre la cual se ruega que sea “mi secreto y mi refugio”, y que es la luz primordial que fue oculta al mundo, aunque es para el mundo (como Yeshúa lo manifestara y dijera). En Pirké de Rabbi Eliézer y en Bereshit Rabbah esta luz de Bereshit, anterior a la de las estrellas y el sol, es el mismo Dios vestido de luz que crea el mundo.

Ésta es nuestra Luz, que da razón del mundo; de su principio y su final: el primero y el último; el álef y la tav.


“Hebel habalim”. Las vanidades, la creación y los días postreros.

Qohélet (Eclesiastés) es el libro que se lee en Sucot (la fiesta de las cabañas), completamente acorde con el signficado primario de la Sucá (la cabaña), como la vida fugaz. Ser pasajeros en este mundo es una de las premisas proféticas más significativas relacionadas con la vida cotidiana: la vida diaria representada en los afanes del trabajo y la imposibilidad de disfrutarlo, así como en la búsqueda del conocimiento y el placer. La vanidad corona la vida cotidiana con estos afanes.

La premisa profética de la que hablamos es precisamente el leit motiv del libro: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”; todo, pues, lleva al vacío; la experiencia cotidiana de búsqueda del bien personal es infructuosa. De tal manera, que en la brevedad de esta vida es mejor pensar en el día de la muerte y es mejor tener temor de Dios en todo lo que se hace porque al fin, de todo lo que hicimos seremos juzgados.

El Midrash Qohélet Rabbah identifica las siete veces en que Qohélet dice “vanidad de vanidades” con los siete días de la creación. ¿Qué tiene que ver esto con los últimos tiempos? Decimos que el Principio siempre está relacionado con los días postreros: cada día, recptáculo de los elementos creados tiene en la Escritura el momento de su final. Así,

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” pero también “los cielos se disiprarán como humo y la tierra se deteriorará cual vestido”; con respecto al segundo: “que haya un firmamento”, pero también que “los cielos se arrollarán como un libro y todo su ejército se marchitará”; con respecto al tercero: “que se reúnan las aguas”, pero también que “el Señor destruirá la lengua del mar de Egipto; con respecto al cuarto: “haya lumbreras en el firmamento de los cielos”, pero también que “la luna se sonrojará y se abochornará el sol”; con respecto al quinto “, “rebosen las aguas (de seres vivos y que las aves aleteen sobre la tierra”, pero también “aniquilaré todo (…) aniquilaré las aves de los cielos y los peces del mar”; con respecto al sexto, “hagamos al hombre”, pero también “aniquilaré hombres y bestias”. Y con respecto al séptimo, al sábado, ¿qué vas a decir? –”quien lo profane, será muerto” –esto último se dice del que actúa consciente de obrar mal, pero el hombre que actúa mal de forma inadvertida, deberá ofrecer un sacrificio para que se le perdone–. (QR I 2.2.2.)

Esta interpretación de R. Yehudáh ben R. Shim’on nos recuerda que ciertamente “todo es vanidad” y que hasta la misma creación pasará por un juicio que le llevará a la destrucción, considerando hasta el mismo ser humano. Isaías, de donde también se sacan todas estas referencias de juicio contra la creación, habla también de una nueva creación (Is 65:17 e Is 66:22), de donde Kefa extrae la forma final del sentido de la esperanza que solamente tienen los justos y los que se mantienen firmes haciendo que la luz abunde en ellos más que la natural oscuridad:

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2Pe 3:13)


Hacia la expiación…

Diez días después del día del juicio viene la expiación. El número diez sugiere inmediatamente el significado del orden divino: 10 palabras dichas en el Sinaí, 10 plagas contra Egipto; y, al mismo tiempo, ese orden transgredido: 10 tentaciones contra Di.s en el desierto por parte de Israel, 10 espías traidores y saboteadores del propósito de entrar a la tierra prometida… La similitud no es casualidad: de la revelación a la decepción; de la herencia a su rechazo. Y es que para alcanzar lo divino es necesario subir hacia él; los seres humanos no podemos “bajar” la revelación. Como decía un rabino, al ir por una escuela en la que mezuzot (cajitas con rollos de Torá en las jambas de las puertas) a la altura de los niños, en lugar de estar a la altura adecuada: “No debemos acercar la Torá a los niños, debemos acercar los niños a la Torá”.

Si hay diez revelaciones y diez transgresiones eso quiere decir que Di.s ha puesto camino de reconciliación, y el hombre, de transgresión. Y que así como diez fue la travesía de lo divino hacia lo humano, diez debe ser la travesía de lo humano hacia lo divino, así, Di.s ha dado diez días de arrepentimiento para aquél que aún tiene la oportunidad de volverse totalmente de sus caminos hacia los de Di-s. Estos días comprenden los que son de Yom Teruá (el día del clamor) a Yom Kippur (el día de la expiación). Así como Pésaj (pascua) está ligada a Savuot (Pentecostés) por medio de la cuenta del ómer, así Yom Teruá se liga a Yom Kippur mediante la teshuvá (arrepentimiento).

Así, el regreso del Mesías en el día del juicio, con su fuego terrible contra las naciones, se corona de misericordia y perdón a Su pueblo, tanto como a aquellos que quieran aprender de Él el día de la expiación. ¿Qué hace falta para llegar al día de la expiación? Hace falta un corazón contrito y empobrecido de vanidades. Así veremos el momento en que Yeshúa vea a Su pueblo Israel, y se cumpla lo que dice R. Shaúl –y que comparte con aquellas palabras que se recitan antes de estudiar Pirke Avot–: “todo Israel será salvo”, como Yosef lo haría con sus hermanos el día que se descubrió delante de ellos, diciendo: אֲנִי יוֹסֵף (“Yo soy José”). El Mashiaj ben Yosef se descubrirá igualmente frente a Sus hermanos, cumpliéndose la profecía de Zac 12:10 que bien interpreta Ap 1:7. Entiéndase que la profecía dice que el pueblo judío llorará “como se llora a un hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”, dándose cuenta de quién fue el Herido. Pero de las naciones dice Apocalipsis, que “todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”, lo que bien podría interpretarse que los gentiles llorarán de terror…

El Targum de Yonatán ben Uziel interpreta este pasaje de Bereshit (Génesis) muy adecuadamente, de la siguiente forma:

Y Yosef dijo a sus hermanos: “Acérquense, les ruego, y examínenme”. Y se aproximaron, y él les dijo: “yo soy Yosef su hermano”, a quien ustedes vendieron a Mizraim [Egipto]. Por lo tanto, ahora, no se agravien, no consideren algo duro el que me hayan vendido, pues el Señor me ha mandado aquí delante de ustedes para preservarlos”

¿No es esto lo que pasa cuando Yeshúa resucita y se presenta delante de sus talmidim y, más específicamente, a Tomás, incrédulo, diciéndole:

[...] dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡¡Señor mío, y Dios mío!!

¿No es lo que pide el Mesías Sufriente a Tomás una examinación, tal y como lo dice el Targum de Yonatán? Así mismo, Yeshúa resucitó para preservar a Sus discípulos de la muerte, mediante esa resurrección. Éste es el momento de la expiación de su pecado; del perdón. Cuando el Mesías ben David se exponga como ben Yosef, como sufriente y entonces, sólo exista una sola oportunidad, de llorar como Israel, por el primogénito, o de terror, como los gentiles…

Regresando al número diez, diez fueron los hermanos que se pasmaron ante Yosef, que no eran hijos de la misma madre que él y Biniamín…


Avot 3:22, Shaná tová…

Rosh Hashaná, cuyo nombre es posterior, y que ostenta en la Bilia el de Yom Teruá, también es conocido como Yon Hazikarón y Yom Din, este último, un nombre muy apropiado: el Día del Juicio. Sobre este día el TaNaJ tiene mucho que decir, tanto, que deberíamos introducirnos en sus profundidades para entender lo que Shlomó hamélej quiso decir cuando escribió: “mejor el día de la muerte que el del nacimiento” (Qoh/Ecl 7:1); porque es mejor el final de la vida que su principio y aún todo su recorrido, ya que el momento de la muerte es el que define si la persona quedará para vida eterna o no.

Al día del juicio también se le llama el Terrible Día del Señor, aquél sobre el cual Yeshúa dijo que vendría; un día del cual nadie quiere tener noticia: “¿No será día el día de Adonay tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?” (Am 5:20). No hace mal un poco de conciencia de lo que representa este día, más allá de pensar que simplemente algo termina y otra cosa comienza; los buenos deseos y las felicitaciones que se extienden en cartas y correos no están mal, pero ahora mirémonos en nuestras propias oscuridades y aún escuchemos lo que R. Eliezer haKapar solía decir:

Solía decir [R. Eliezer haKapar]: el nacido está destinado a la muerte, el muerto está destinado a la resurrección y los resucitados al juicio, para que conozcan, den a conocer y sea reconocido que es Dios, que es el Modelador, el Creador, el Omnisciente, el Juez, el Testigo, el Pleiteador, El que habrá de juzgar. Bendito sea, porque no hay injusticia delante de él, ni olvido, ni acepción de personas, ni sobornos. Todo le pertenece. Has de saber que todo se hace según cuenta y no permitas que tu mala inclinación te haga confiar en que en el sol encontrarás el reposo. Has sido creado contra tu voluntad, naciste contra tu voluntad, vives contra tu voluntad, morirás contra tu voluntad y contra tu voluntad tendrás que rendir cuentas delante del Rey de Reyes, el Santo, ¡bendito sea! (“Avot” 3:22, La Misná, p. 851)

A nuestro pesar, ésa es la condición humana, y no es excusa para hacerse irresponsable y dedicarse a satisfacer los placeres que una vida santa desprecia.


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¿Estás listo para seguir al Mesías? septiembre, 2008
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Salmo 30, después de la ira septiembre, 2008

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La noche de Pésaj y la redención del mundo abril, 2009

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La mujer virtuosa y el día postrero noviembre, 2008
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