La canción de Israel por la venida de Yeshúa HaMashiaj

En el Halel, el himno cantado conmemorado cada fiesta excepto el shabat, incluye el Salmo 118. Este mismo poema se canta por separado y cuenta con varias versiones de acuerdo con cada tradición dentro del pueblo judío. Los versículos que se cantan son del 19 al 24, especialmente proféticos cuando de hablar del Mesías se trata. Basándonos en esta tradicional partición del texto, lo que sigue resulta sumamente dramático, comenzando por un canto de auxilio y justo después unas palabras enigmáticas a la luz del B’rit Jadashá: “Bendito el que viene en el Nombre de Adonay…”

Este versículo en especial formaba parte del momento en que los peregrinos llegaban a Jerusalén y éstos recitaban esta primera parte del mismo. La segunda (“Desde la Casa de Adonay os bendecimos”) era dicha a manera de complemento; como una correspondencia que representaba la acogida al peregrino en Jerusalén. Yeshúa mismo, sentado en el pollino, recita el cántico de llegada del propio peregrino, y como tal, dichas en un momento de alta tristeza, en referencia a Sí mismo, al salmo y a su cumplimiento inmediato, oscurece el sentido del salmo con las siguientes palabras:

!!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en Nombre del Señor. (Lc 13:34-35)

Así que, podemos comenzar a preguntar, ¿qué significa ese “hasta que llegue el tiempo en que digáis”? ¿Y por qué las palabras de ese salmo? ¿Es que no lo estaban haciendo en ese momento; no se canta en cada fiesta; no existe una conciencia judía de ese fragmento? Claro que sí. Pero Yeshúa dijo: “hasta que llegue el tiempo”. Y luego, “digáis”.

Bueno, entre el tiempo, el decir y el fragmento del salmo está la redención de Israel: “vuestra casa os es dejada desierta” porque Él se va y no estará más ahí de la misma manera para ellos y “no me veréis” en cuanto que volverá y exaltará a Su pueblo judío. Ese tiempo es el tiempo en que será visto de nuevo por Su pueblo y esto es una referencia a los sentidos, algo que sucedrá al final de los días, conforme a lo profetizado en Apocalipsis (1:7.)

Pero es el “decir” lo que más intriga. Esta palabra por supuesto que no está denotando abrir la boca y sencillamente decir… Bueno, el perogrullo nos lleva al sentido etimológico de este “decir” y sus usos enel BJ. En el griego del texto es usado al lado de la demanda por una réplica o la necesidad de un discurso o una conclusión a una evidencia grande (1 Cor 1$:16 y Ro 3:5, como fórmula rabínica). El decir implica, pues, un discurso hecho (Mt 26:25, 64 como fórmula rabínica.)

Podemos ver en ello una figura hebrea que implica disertación. ¿Cómo podríamos entender esto en las palabras de Yeshúa? ¿Cómo tiene que ser dicho “Bendito el que viene en el Nombre del Señor”? ¿Yeshúa hace alusión a que Israel debe reflexionar sobre el peso de las palabras proféticas? Recuérdese que lo dice justo cuando Él llega a Jerusalén, por lo que hemos de constatar que las palabras del salmo son usadas en relación con esa entrada y, por supuesto, en relación con Él. En Jerusalén fue donde mayor rechazo experimentó y aunque aclamado en ese momento, no fueron precisamente los jerosolimitanos los que le decían ¡Hoshana! (hoshía na – “salva ahora”, sal 118:25).

Será por eso que la frase que decían los peregrinos (“Bendito el que viene…”) le correspondía decirla a los habitantes de Jerusalén, los anfitriones. Pero este decir se refiere, más bien, al deseo por Él, no como una expectativa creada por las necesidades o anhelos inmediatos de restauración de Israel entre las naciones, sino como Di-s mismo, el Redenteor de Israel. El decir representa el deseo de Israel por Yeshúa (insistimos, no un Mesías conforme a una expectativa específica, sino conforme a la forma en que es anunciado en las Escritura hebreas).

 

 

En esta interpretación nos ayuda la conjugación verbal de este “decir” (Gr. eipon) y que no es el pasado en el que comúnmente se encuentra en el B’rit Jadashá. En la conjugación de otros tiempos, toma prestado de las palabras que tienen una estrecha relación semántica entre sí, como rew, que significa “manar”, designando algo que brota continuamente. Esto sólo lo podemos enetender como la relación entre Di-s y Su pueblo; de dependencia total en Él; de deseo y éste significado ya lo podemos encontrar en la palabra hebrea ahaváh, “deseo”, usada por supuesto, para designar el amor hacia Di-s (Deut 6:5.)

Yeshúa estaba proclamando que Su venida redentora para Su pueblo sería al tiempo concluyente en cuanto al giro de los acontecimientos que lleven a Israel (en el corazón de los que lo rechazan como hicieran los jerosolimitanos, corazón de Israel) a volverse completamente a Di-s, haga que mane de ellos el completo deseo por Su presencia, deseando, asimismo, al que viene en el Nombre, o bien, que tiene el mismo Nombre que el de Adonay.

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