Archivo mensual: noviembre 2011

Segundo podcast: “Soportando el sufrimiento”

Porque, ¿qué mérito hay en soportar malos tratos por hacer algo malo? Pero cuando se sufre por hacer el bien y se aguanta el castigo, entonces sí es meritorio ante Dios. Y ustedes fueron llamados para esto. Porque también Mashiaj sufrió por nosotros, con lo que nos dio un ejemplo para que sigamos sus pasos. (1Kefa 2:20-21; RVC)

Creyendo es Yeshúa, ¿estamos destinados a sufrir? Sí, a sufrir por hacer el bien, y esto puede enternderse como el vivir conforme a Su conducta. pues si por hacer el bien puedo perder amistades al no prestarme para la burla y el escarnio de otros; perder influencias para que mi negocio prospere por rechazar trabajar el día sagrado del shabat; si pierdo popularidad por no consentir hablar el chisme o la mala lengua que recae contra una persona, aunque sea verdad, entonces conoceré la paz.

Pero también uno puede pensar, ¿de qué sirve todo aquello de lo que me he cuidado para no cometer el mal, si veo que los que lo hacen no sufren, y yo, que procuro no hacer lo que ellos hacen, me encuentro en una situación indeseable? Apenas entrando en la presencia del Eterno puede saberse la verdad de todo ello y el fin de los malvados (Sal 73). Así que aún las difíciles e incomprensibles circunstancias que padecemos, todas ellas, son actos buenos de Di-s. ¿Cuál es, pues, el sentido del sufrimiento? Éste es lo que nos hace humildes. ¿No es más bienaventurado dar que recibir? Y nuestro tiempo cultiva una actitud de recibir como si fuera merecido lo que se demanda. La sociedad de consumo nos ha hecho pobres y cínicos respecto a lo que se nos demanda por el simple hecho de creer en Yeshúa.

No sólo somos creyentes por creer (asegurarse de la salvación de Di.s), sino por padecer. Si creo acepto lo que viene de Di-s. Ya en el tratado Berajot  de la Mishná, los rabinos dicen que una persona esta obligada a darle gracias a Di-s tanto por lo bueno como por lo malo. Gam zu letová “también esto es para bien”, reza el dicho de Najum Gamzu, y Rab Shaúl no revela algo diferente: “Di-s dispone todas las cosas para el bien de los que Lo aman” (Ro 8:28).

La razón de haber escogido el fragmento que el Jafetz Jayim escribiera comentando una mishná del Pirke Avot para este segundo podcast, estriba en que en estos últimos días, estos días postreros, es necesario recordar nuestro deber delante del Eterno para practicarlo con amor. Los sufrimientos también se aceptan con amor, y debemos saber que Di-s ama al que corrige, pues estamos constantemente llenos de error. Muchas veces este error es la falta de humildad.

Tenemos un maestro a quien seguir, ya que no sólo hemos sido llamados a creer en él, sino a padecer por Su Nombre; por Su causa; por Su amor y mantener viva la Torá que Él instauro en nosotros para que Le sirvamos, antes de que llegue el día terrible y de tinieblas, el día del Señor cuando Yeshúa vuelva por Su esposa renovada Israel.


Sopor, temor y grande oscuridad (parashá Lej Lejá)

Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. (Ber 15:12)

¿No es significativo que Abram haya tenido esta experiencia “a la caída del sol”? Si bien la Torá relaciona esta expresión de una manera muy clara con el momento del sueño, en un sentido que podría referirse a su forma natural, también está expresando otro aspecto más sutil. Debemos atender a la escena: Di-s le ha pedido a Abram que prepare cierto tipo de animales (animales que más tarde, en la revelación del Sinaí, tienen una función sacrificial) y los parta por la mitad, escepto las aves. Después de un tiempo de esperar a Di-s, aves de rapiña hacen su aparición durante el día hacia la tarde, “y Abram las ahuyentaba”. Justamente, al terminar este versículo, sigue el que citamos al principio de este texto. Esto representa que la espera por que Di-s mismo se haga presente, puede llegar al límite de presentarse depredadores que nos hagan creer que todo ha terminado. Sin embargo, Abram las ahuyenta. Las aves de rapiña representan la inmundicia que busca desanimarnos ante la espera de Di-s.

Sin embargo, llega la noche y Abram se ve sobrecogido por el sueño. Esto puede tener, por lo menos, dos significaciones: 1) no pudo resistir más, y cedió a la tentación de no seguir guardando la ofrenda del pacto que Di.s le propuso –con el peligro que eso implicaba: que el pacto fuera anulado–; y 2) que este es un sueño particular que lo sobrecogió, es decir, que lo tomó desprevenido; un sueño profético. Efectivamente, Bereshit Rabbáh considera que estas dos significaciones están presentes: “el principio de la decadencia de un hombre es el sueño”; asimismo: “el letargo de la profecía” (44:17), ya que la palabra תַּרְדֵּמָה implica un estado de inercia total.

Precisamente, en esa condición el sueño profético comienza cuando “el temor de una grande oscuridad cayó sobre él” (v. 12). El Midrash concluye que “termo”, “grande” y “oscuridad” se refieren a los distintos reinos ante los cuales Israel será subyugado, de tal manera que ese terrible sopor se refiere al momento (a los momentos) en que Israel será abatido y humillado –como se sabrá más tarde, por medio de la historia y los profetas, por causa de su pecado–. Y esto ocurre cuando Abram mismo decae y descuida la ofrenda del pacto.

Pero en el momento en que había mayor oscuridad, Di-s mismo se presenta, estando Abram aún dormido, como “una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos” (v. 17).  Es decir que, a pesar de Abram, de su caída en el sueño, Di.s se hizo presente confirmando Su pacto, haciéndonos saber que no es por los méritos de nadie por lo cual se preserva el pacto del Señor, sino por causa de Su Nombre. Al mismo tiempo, su Presencia ocurrida en el momento de mayor oscuridad, representa Su apoyo en medio del terror; o bien, que Él confirma Su pacto en medio del sopor humano y el terror –junto con la amenaza de anulación de ese mismo pacto–, tal y como lo encontramos en los Tehilim y los profetas:

Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones. (Yoel 2:2)

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Adonay; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. (Os 6:3)

Con todo ello, Di.s, está anunciando la liberación de Su pueblo, como una confirmación de Su palabra inmediatamente dicha con anterioridad: “después de esto, saldrán con gran riqueza”. ¿Pero los cuatrocientos años sontan sólo una alusión a Egipto? Son, también, una alusión profética a la llegada del Mashiaj, pues entre el último de los profetas y el nacimiento de Yeshúa pasaron 400 años. Adonay anuncia con ello la redención final, y así lo sugiere Bereshit Rabbáh, que al presentarse el horno humeando y la antorcha de fuego, Di.s mostró a Abram cuatro cosas, entre las cuales se encuentra la Redención (¿no es esto a lo que Yeshúa aludía al decir: “vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”? -Yn 8:56); y cuando este fuego pasa por la mitad (גְזָרִים; guezerim) de los animales, así “tiene el mismo significado que el versículo: Al que dividió el Mar Rojo en partes (גְזָרִים; guezerim)” (BR 44:22), siendo que también la redención de Egipto ocurrió en la noche, como sin duda ocurrirá también en el día postrero.

Pero así como en la oscuridad hay terror y angustia, esclavitud y clamor, en el alba hay redención y alabanza, como está escrito:

Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. (Teh 57:8)


Primer podcast: comentario del Jafetz Jayim a Avot 4:16

En este primer podcast preferí el comentario que el Jafetz Jayim hace a la mishná 16 del capítulo 4 del tratado de Pirke Avot de la Mishná. Esto es porque, la mayoría del tiempo, sus apreciaciones sobre la Torá tienden a ser del tipo musar, es decir, reflexiones profundas y morales. Haber escogido esta mishná tiene la intención de llevar a la reflexión sobre los afanes que perseguimos o a los que siempre estamos expuestos, tanto hombres como mujeres, por el descuido y el apego a las costumbres no santas que luego demostramos al mundo.

Con no santas me refiero a que no nos santifican ni nos ayudan a santificar el Nombre de Di.s, sino que por nuestro error y negligencia; por el escaso cuidado que ponemos en mejorar los detalles de nuestros hábitos y costumbres diarias, y que modelan nuestro comportamiento, provocamos jilul HaShem (que el Nombre de Di-s sea deshonrado –se entiende, por otros, a causa nuestra–).

Es por eso que en estos últimos tiempos, los tiempos mesiánicos, debemos ser creyentes conscientes de nuestro compromiso con Di-s y la Torá, y que nos jugamos la vida eterna al aparentar que existe un bienestar concreto en nuestras vidas sin el cuidado de nuestro estilo de vida y conducta. es por eso que el epígrafe de este blog (2Ke 3:11-12) nos recuerda la urgencia a esperar con vidas dedicadas al Señor.

Esto llevaría a preguntarse la clásica pregunta: “¿la salvación se pierde?”, a lo que podríamos decir: “nunca se pierde, porque si de verdad Yeshúa reina en ti, entonces eres una persona comprometida con Sus mandamientos y que cuida su vida y los detalles de la misma al hablar, al escoger, al tener ciertos gustos y hábitos que se distinguen de los del mundo y que muy seguramente pueden incluir lo que el Jafetz Jayim discute con respecto a esta mishná”.

Finalmente, diremos algo sobre nuestro intérprete, el Jafetz Jayim. Su nombre real era Israel Meír Hacohén, un rabino famoso por sus obras sobre lasón hará (el hablar mal), en las que discute las reglas que existen con relación a este grave pecado. Pueden saber más de el aquí o acá.

También el podcast puede ser escuchado en cualquiera de las siguientes direcciones:

  1. Facebook de Ikvetá D’Meshijá / Los pasos del Mesías.
  2. En DivShare

¡Gracias por escuchar! ¡Si les gusta, sus comentarios son bienvenidos!

Shabat Shalom

(no olviden estar al pendientes del siguiente artículo sobre la parashá Lej lejá.)


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