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Nada nos convence: la era mesiánica, el Jafetz Jayim y los pasos del Mesías.

Llevar una conducta ejemplar nunca es sencillo; menos cuando no se tiene una razón especial por qué hacerlo. Ser una persona moral, actualmente, es visto como un aspecto retrógrada; hasta la palabra resulta chocante para algunos. Pero se trata de la preservación básica de la vida, como lo diría Emmanuel Lévinas, “la moral existe cuando el otro es un límite para mis acciones” (paráfrasis mía). Y tal vez cuando la moral es precisamente el límite de mis deseos y todo loq ue puede abarcar mi vista y mi corazón desenfrenado, es cuando más se hace impertinente a los oídos de la gente común.

En tiempos de angustia los comportamientos suelen ser tan dispares, que lo que pensamos que no haría el vecino que conocemos desde hace años, termina haciéndolo; los “incorruptibles” se hacen corruptos; los “bondadosos” se vuelven envidiosos; y a lo malo se le llama bueno y viceversa. Estos son signos de los tiempos finales; si bien siempre ha existido la ambigüedad de la conducta humana, los últimos días se caracterizan por la desvergüenza de la inmoralidad y la indolencia.

No es casualidad que Kefa (Petros) en su carta, mejor conocida como 2a. de Pedro, urja a considerar que la conducta que debe manifestar el creyente en Yeshúa sea marcada por la santidad. Este es un pensamiento muy judío. Aún lo encontramos en las expresiones mesiánicas de grupos como los luvavitchers y otros jasídicos que, a través de las buenas acciones, pretenden hacer llegar al Mesías. “¡Queremos al Mesías ya!”, es la frase escogida como estandarte de estas perspectivas. Frase engañosa, que enciende los corazones para adelantarse a lo que sólo Di.s ha determinado sin darlo a conocer.

Yeshúa dice: “lel día y la hora nadie sabe”, y con ello saltaba del tema menos importante al más importante. En otras palabras, no importa tanto cuándo viene el Mesías; importa más tu conducta en la espera de Su llegada, como si fuera a llegar hoy… Porque este “hoy” es, tanto la invitación que Di-s hace (Sal 95:7), como la advertencia sobre el día terrible de Di-s que los profetas anuncian. Kefa se hace eco del anuncio profético:

“Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquél día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?” (2 Pe 3:10-12).

Y es que ni los discursos sobre el fin del mundo –ni el tiempo posterior a este– convencen a nadie para comprometerse en una conducta intachable. Sólo la palpable relación de perdón que hace Di-s cuando una persona se reconoce verdaderamente digna de muerte por sus acciones y su vida, tal y como la ha llevado hasta ahora. Muy cercano a esta sensibilidad, el Jafetz Jayim (Rabí Israel Meir Hakohen) señala:

Incluso las almas de individuos piadosos, que creen seriamente en el concepto de recompensa y castigo, no se emocionan losuficiente como para arrepentirse.

La causa de lo antedicho es que las emociones de la persona se despiertan solamente por lo que ve pero el futuro es difícil de visualizar. Más aún, el instinto del mal engaña a la persona haciéndole imaginar que vivirá miles de años, y por lo tanto no hay necesidad acutalmente de pensar en esas cosas.

Por eso, el temor al aparentemente lejano Día del Juicio no es fuerza disuasiva suficiente para impedir que la gente transgreda los preceptos de Dios. Por lo tanto el Sabio nos propone que intentemos visualizar el futuro, para que nos disuada de la transgresión.

(Torat Habait, cap. 1)

Esto es justamente lo que escribe Kefa: “Por eso hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, en paz con Él” (v. 14). En el versículo 12, as palabras griegas para “esperando ansiosamente” significan, cada una, “aguardando la llegada de alguien”, y “premura” o “desear ardientemente”, respectivamente. Esta combinación representa la actitud y la conducta. La espera de la venida del Señor es vivir en santidad (apartados de la dirección en la que el mundo se encamina actualmente), “sin mancha y sin defecto”, aludiendo a la pureza sacrificial de los animales para ese propósito; y el deseo ardiente es vivir “en paz con Él”, lo que representa una vida que no comete pecado.

Entonces, podemos hacer caso de las advertencias sobre los últimos días, tan ciertos, como tan presente es hay la resurrección del Mesías. Este mismo carácter judío de la exhortación hacia una vida de completo compromiso con los mandamientos y las promesas de Dios en la Torá, es lo que nos hace oír a Kefa y a Yeshúa detrás de las palabras del Jafetz Jayim, en una encuentro intertextual en el tiempo:

Por lo tanto hoy, más que nunca, debemos fortalecernos. Debemos atesorar nuestros días y años y no gastarlos en vano. Encontramos en Sanhedrín (98b): “Le preguntaron a Rabí Elazar hagadol: ‘¿Qué puede hacer una persona para salvarse de los sufrimientos de la era mesiánica?’ Él respondió: ‘Debe dedicarse a estudiar Torá y hacer actos de misericordia’.

Sabemos por todas las indicaciones que aparecen en el capítulo Jelek (Sanhedrín) y en el último capítulo de Sotá, que estamos viviendo en una época llamada Ikveta D’Meshijá, los pasos del Mesías. Sería adecuado que intensificásemos esfuerzos físicos y espirituales e incrementar nuestro estudio de la Torá para no perder el tiempo.

(Zajor LeMiriam, cap. 11)


“Hebel habalim”. Las vanidades, la creación y los días postreros.

Qohélet (Eclesiastés) es el libro que se lee en Sucot (la fiesta de las cabañas), completamente acorde con el signficado primario de la Sucá (la cabaña), como la vida fugaz. Ser pasajeros en este mundo es una de las premisas proféticas más significativas relacionadas con la vida cotidiana: la vida diaria representada en los afanes del trabajo y la imposibilidad de disfrutarlo, así como en la búsqueda del conocimiento y el placer. La vanidad corona la vida cotidiana con estos afanes.

La premisa profética de la que hablamos es precisamente el leit motiv del libro: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”; todo, pues, lleva al vacío; la experiencia cotidiana de búsqueda del bien personal es infructuosa. De tal manera, que en la brevedad de esta vida es mejor pensar en el día de la muerte y es mejor tener temor de Dios en todo lo que se hace porque al fin, de todo lo que hicimos seremos juzgados.

El Midrash Qohélet Rabbah identifica las siete veces en que Qohélet dice “vanidad de vanidades” con los siete días de la creación. ¿Qué tiene que ver esto con los últimos tiempos? Decimos que el Principio siempre está relacionado con los días postreros: cada día, recptáculo de los elementos creados tiene en la Escritura el momento de su final. Así,

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” pero también “los cielos se disiprarán como humo y la tierra se deteriorará cual vestido”; con respecto al segundo: “que haya un firmamento”, pero también que “los cielos se arrollarán como un libro y todo su ejército se marchitará”; con respecto al tercero: “que se reúnan las aguas”, pero también que “el Señor destruirá la lengua del mar de Egipto; con respecto al cuarto: “haya lumbreras en el firmamento de los cielos”, pero también que “la luna se sonrojará y se abochornará el sol”; con respecto al quinto “, “rebosen las aguas (de seres vivos y que las aves aleteen sobre la tierra”, pero también “aniquilaré todo (…) aniquilaré las aves de los cielos y los peces del mar”; con respecto al sexto, “hagamos al hombre”, pero también “aniquilaré hombres y bestias”. Y con respecto al séptimo, al sábado, ¿qué vas a decir? –”quien lo profane, será muerto” –esto último se dice del que actúa consciente de obrar mal, pero el hombre que actúa mal de forma inadvertida, deberá ofrecer un sacrificio para que se le perdone–. (QR I 2.2.2.)

Esta interpretación de R. Yehudáh ben R. Shim’on nos recuerda que ciertamente “todo es vanidad” y que hasta la misma creación pasará por un juicio que le llevará a la destrucción, considerando hasta el mismo ser humano. Isaías, de donde también se sacan todas estas referencias de juicio contra la creación, habla también de una nueva creación (Is 65:17 e Is 66:22), de donde Kefa extrae la forma final del sentido de la esperanza que solamente tienen los justos y los que se mantienen firmes haciendo que la luz abunde en ellos más que la natural oscuridad:

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2Pe 3:13)


Avot 3:22, Shaná tová…

Rosh Hashaná, cuyo nombre es posterior, y que ostenta en la Bilia el de Yom Teruá, también es conocido como Yon Hazikarón y Yom Din, este último, un nombre muy apropiado: el Día del Juicio. Sobre este día el TaNaJ tiene mucho que decir, tanto, que deberíamos introducirnos en sus profundidades para entender lo que Shlomó hamélej quiso decir cuando escribió: “mejor el día de la muerte que el del nacimiento” (Qoh/Ecl 7:1); porque es mejor el final de la vida que su principio y aún todo su recorrido, ya que el momento de la muerte es el que define si la persona quedará para vida eterna o no.

Al día del juicio también se le llama el Terrible Día del Señor, aquél sobre el cual Yeshúa dijo que vendría; un día del cual nadie quiere tener noticia: “¿No será día el día de Adonay tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?” (Am 5:20). No hace mal un poco de conciencia de lo que representa este día, más allá de pensar que simplemente algo termina y otra cosa comienza; los buenos deseos y las felicitaciones que se extienden en cartas y correos no están mal, pero ahora mirémonos en nuestras propias oscuridades y aún escuchemos lo que R. Eliezer haKapar solía decir:

Solía decir [R. Eliezer haKapar]: el nacido está destinado a la muerte, el muerto está destinado a la resurrección y los resucitados al juicio, para que conozcan, den a conocer y sea reconocido que es Dios, que es el Modelador, el Creador, el Omnisciente, el Juez, el Testigo, el Pleiteador, El que habrá de juzgar. Bendito sea, porque no hay injusticia delante de él, ni olvido, ni acepción de personas, ni sobornos. Todo le pertenece. Has de saber que todo se hace según cuenta y no permitas que tu mala inclinación te haga confiar en que en el sol encontrarás el reposo. Has sido creado contra tu voluntad, naciste contra tu voluntad, vives contra tu voluntad, morirás contra tu voluntad y contra tu voluntad tendrás que rendir cuentas delante del Rey de Reyes, el Santo, ¡bendito sea! (“Avot” 3:22, La Misná, p. 851)

A nuestro pesar, ésa es la condición humana, y no es excusa para hacerse irresponsable y dedicarse a satisfacer los placeres que una vida santa desprecia.


En los días de Noé (2)


Playa de Bolonia, Tarifa

Cargado originalmente por Chodaboy

¿Qué es lo que no se espera el siervo malo de la parábola de la llegada de su Señor (Mt 24:45-51)? Yeshúa dice: “vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe” (v.50). Resulta que ese día justamente no lo espera, no porque le venga de improviso, sino porque no cree que llegue nunca.

Igualmente con “la hora que no sabe”; no porque sea ignorante de una hora inesperada, sino que ignora que existe una hora en la que él está inscrito: la hora del juicio de sus actos. Y este personaje resulta ser un siervo que se hizo malo, a fuerza de no ser “fiel ni prudente” (v. 45).

Fiel (πιστός): “personas que se muestran a sí mismas fieles en una transacción o negocio, ejecución de mandatos; o llevar a cargo deberes oficiales” (Gesenius).

Prudente (φρόνιμος): “inteligente, sabio”; “sabio en para sus propios intereses” (Gesenius).

El siervo malo no fue limpio de corazón (fiel), justof en las balanzas (Lv 19:36) ni sabio para los intereses de los cuales debió apropiarse, los intereses de la vida eterna. Y esa es su relación con la generación que no esperaba, tampoco, el diluvio, es decir, que habría un juicio para sus acciones. El siervo malo se hizo un cínico.

Finalmente, el fiel y prudente es el que puede entrar en el arca, porque conoce los tiempos y sabe que vendrá un juicio; en este sentido, la fidelidad y la sabiduría del justo se explican de la siguiente manera:: es de corazón limpio porque permanece humilde, y es sabio porque conoce el día que vendrá –aunque no sepa cuándo–.


Hacia Yom Kippur. En Yom Kippur.

En el rezo de Rosh Hashaná se ruega por que se abran las puertas del bien, de la paz, de la misericordia, de las lluvias, etcétera. Abrir las puertas significa entrar en esa dimensión por la que se ruega. Las puertas son las de una ciudad; puertas donde se encuentra la seguridad de una ciudad fortificada; con guardianes, con ciudadanos que se identifican unos a otros por algo en común: la salvación, la santidad.

Pero en Yom Kippur se cierran las puertas.

En Yom Hazikarón se abren los libros, pero en Yom Kippur se cierran, una vez escritos definitivamente los nombres. Yom Kippur es el momento en que se da el veredicto y no hay más tiempo. No habrá más profecías; más reprensiones ni advertencias. Ni siquiera se prestará oído a los ruegos de los que, cuando tuvieron la oportunidad de abandonar la hipocrecía y la autocomplacencia, siguieron en su necedad.

Hagamos caso a la advertencia, que Rabí Yeshúa enseñó: “después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar al a puerta, diciendo: ‘Señor, Señor, ábrenos’. Él respondiendo os dirá: ‘No sé de dónde sois.’” (Lc 13:25) Ese día será como un Yom Kippur, de la verdad que Di-s ha hecho con la expiación de Yeshúa.

Que el Señor nos inscriba en el libro de la vida.


YOM HAZIKARÓN

Akedat Ytzjak (la atadura de Isaac), es lo que en la tradición hebrea los rabinos interpretan por el sacrificio que ofreció Avraham delante del Di-s Eterno, en obediencia a su mandato. ¿Qué es lo que realmente significa? En la tradición henbrea, se considera que Ytzjak fue realmente sacrificado, así como Yeshúa HaMashiaj, de acuerdo a lo profetizado, fue, para redención de Israel y el mundo.Yom Hazikarón es el nombre que recibe Yom Teruá o Rosh Hashaná, y significa “El día de la remembranza”. ¿De qué hacer remembranza? De la akedat Ytzjak, que en su verdadero significado es el sacrificio del Mashiaj, conforme a lo profetizado en Daniel. Así, esta es la voz del shofar de Di-s que reunirá a los exiliados el día que Él regrese. Boah nah Adon Yeshúa! (Ap. 22:20)

YOM HAZIKARÓN, posted with vodpod


Yom Hazikarón (el día del recuerdo de Su pacto)

Esta semana es Yom hazikarón, la fiesta del recuerdo, llamada también, Rosh Hashaná, y en la Biblia Yom Teruáh. En el rezo se dice lo siguiente:

Y en Tus escrituras santas está escrito: “Hizo memorial para Sus maravillas, pues lleno de gracia y misericordioso es el Eterno”. Y está escrito: “Otorga alimento a aquellos que Le temen, y recordará para siempre Su pacto”. Y también está escrito: “Recordó para ellos Su pacto y cedió conforme a Su abundante misericordia”

Rezo de Musaf de Rosh Hashaná

Después, otros versículos de los profetas son citados en relación al recuerdo de Di-s respecto de Su pueblo,

para que sea recordada delante de Ti nuestra memoria y la memoria de nuestros padres; la memoria de Yerushaláyim, Tu ciudad; la memoria del Mesías hijo de Tu siervo David y la memoria de todo Tu pueblo, la Casa de Ysrael; para rescate, para bien, para gracia, para bondad, para una vida buena y para paz, en este Día de la Remembranza (Yom Hazikarón), en este día de festividad, en este día de santa convocación, a fin de tener misericordia de nosotros y otrorgarnos la salvación.

Este recuerdo por parte de Di-s se busca a partir del ruego, y éste es finalmente por la salvación. De ahí que, antes y después de tocar el shofar, se mencionen versículos recordando delante de Di-s -como una justificación del ruego mismo- las promesas de Di-s y Su pacto con Israel. De hecho, se hace la remembranza del sacrificio de Ytzjak (Isaac): “Recuerda hoy la prueva de Ytzjak en favor de su descendencia”. Y se añade: “Bendito eres Tú, Eterno, que recuerda el pacto” (musaf de R.H.). Después, se toca el shofar…

Las alucionas al sonido del shofar son evocaciones de la salvación de Di-s en los últimos días, cuando reúna a Su pueblo en la tierra de Israel y muestre al mundo su elevación después de toda vergüenza.

Recuerdo para nosotros de nuestra insuficiencia para alcanzar la justicia, el bien, la rectitud, la paz, y que sólo el Mashíaj nos puede dar. Como un sonido de shofar es la voz del Señor; Él reunirá a Sus exiliados de los confines de la tierra. Será el día en que venga Adon Yeshúa, el Día del Señor, temible.

Oír el shofar es oír la advertencia de que vendrá el Juez del mundo, y que no hay quien escape de Su juicio; que debemos humillarnos, y desde nuestra humillación, voltear a los Cielos, al Eterno, y rogar por Su misericordia, que recuerde Su pacto, Su nuevo pacto en la sangre del Mashíaj para que seamos, el Yom Kippur, inscritos en el libro de la vida, porque llegará el momento en que acciones que realizamos hoy serán pesadas y sólo para algunos -que crean fimemente en Él y hayan sido fieles a Su testimonio- habrá abogado “para con el Padre, Yeshúa HaMashaij HaTzadik” (1Yn 2:1).

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1Tes 4:16a).


El lugar santo necesita luz

Revisando la estructura del Beit Hamikdash, el templo, sabemos que antes del lugar santísimo está el lugar santo. Lugar oscuro, cuyos instrumentos el único que nos deja ver su misterio es la menoráh (candelabro) de oro.

Este candelabro forma parte de los utencilios de adoración, junto con la mesa de los panes de la proposición y el altar del incienso. Cada uno de estos instrumentos está aconpañado de elementos perecederos que necesitan renovarse y que son producto del trabajo humano: el aceite de olivares, el pan y el incienso, respectivamente.

Es, pues, muy significativo que, del diseño inspirado por Di-s (de cada instrumento), esté el trabajo constante para echarlo a andar. o bien, darle sentido. Los panes se realizan con rapidez y relativa facilidad y se relacionan con las necesidades primarias del sustento y la supervivencia. Esto queda demostrado cuando David va con sus guerreros al templo y Ahimelec le dió de los panes de la proposición, cuando ellos venían huyendo de Saúl. Yeshúa mismo recuerda esto a los fariseos que lo acusaban de no respetar el shabat, día del reposo del alma y, por lo tanto, de su sustento.

El incienso necesita el trabajo de extracción de la resina de un árbol. Debía ser continuamente renovado. Y quemado, por supuesto. Por su fragancia representa las buenas obras como adoración a Di-s; la alabanza de una vida justa.

La menorá es el alto recipiente para el aceite del olivo, cuya extracción y proceso es mucho más sofisticado que el pan y el incienso. El papel que represena el aceite como combustible es único: es la sola luz del cuarto santo. La luz que se desprende del candelabro tiene diversas funciones. Evidentemente, representa la palabra de Di-s que es lumbrera al camino humano (Sal 119:105). Pero también es la verdad, como en Mt 5:15.

Tenemos, pues: vida dependiente de Di-s (sustento; el pan), vida justa (incienso, como adoración a Di-s) y vida santa (olivo y luz como sentido de la verdad.)

Digamos finalmente que el lugar santo lo es por los instrumentos que alberga como recipientes y, por el fruto recibido que requiere del trabajo para ser obtenido. De alguna forma, los tres frutos están relacionados: uno es fruto de la tierra (pan), otro del árbol (olivo) y el último de la corteza de un árbol (incienso). Representan tres aspectos de la vida humana: de lo necesario al refinamiento. Para que un seguidor del Señor termine siendo luz, debe madurar para ser ofrenda; pasar por pruebas que lo lleven a la justicia y, finalmente, ser luz en las tinieblas haciendo públicas, es decir, encarnando como servicio a otros, las palabras del Señor. Frutos que van de la madurez a la santidad.

Shabat shalom.


Injertados para dar fruto


D.O. Sierra de Cazorla

Imagen original de elgualay

En la carta a los Romanos, cap. 11, el rabino Shaúl habla que el no judío es injertado en el buen olivo, que representa a Israel fiel al Eterno, así como de los judíos reinjertados en la fe del Mashiaj Yeshúa. Bien. Pero hay una parte esencial que atañe a nuestro día a día:

Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. (Ro 11:16)

Y es que el ser injertados, como lo plantea R. Shaúl, significa estar situado en el lugar por donde corre la savia del patrón (la planta, el árbol) en donde hemos sido introducidos. Si la savia del olivo no corre por el injerto, entonces debe ser cortado y puesto en su lugar otro. Así ha pasado y así seguirá siendo. Por eso la santidad que corre por el olivo debe correr igualmente por el injerto hasta que éste no sea ya más silvestre, sino que sea parte del buen olivo como si hubiera nacido de ahí.

La forma en que esto ha se der explícito es cuando da su fruto. No basta, pues con pertenecer al buen olivo, sino que uno ha sido injertado ahí para dar un fruto. Éste es el resultado de su incersión. El fruto, conforme a la savia que corre y así como R. Shaúl lo entendió, es la santidad.

Debemos comprender que este es el propósito de todo injerto: formar parte del patrón y crecer para dar fruto. Así, esto coincide completamente con el orden de las moadim (fiestas) bíblicas en las que se sitúa la vida espiritual: de Pésaj a Shavuot (pascua a pentecostés) se espera que madure el grano de cebada para ser recogido en esa segunda fiesta.

Lo mismo podemos decir del creyente: una vez formando parte del pueblo de Di-s, por medio de la fe en el sacrificio del Mashiaj, se espera de él que crezca y madure para dar su primer fruto. ¿Cuál es este primer fruto? Veamos la fiesta: Shavuot, hacia la cual nos aproximamos. Fiesta en la que se recoge la cebada, pero que conmemora igualmente la entrega de la Torá en har Sinai, la Ley. Esto es, el compromiso con Di-s, como un compromiso de bodas.

El fruto, resultado del crecimiento del creyente (en la fe, practicando misericordia, justicia, rectitud, etc.) es el compromiso con el Di-s que lo sacó de Egipto (la esclavitud y el pecado). ¿No es por eso que comienzan las diez palabras (10 mandamientos) con estas: “Yo soy Adonay tu Di-s que te sacó de la tierra de Egipto” (Éx 20:2)?


Vida de entre los muertos.

Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? (Ro 11:15)

¿No es esta una afirmación sobre los últimos días? Recuerda, asimismo, esta admisión, a Yosef (José) recibiendo a sus hermanos de vuelta a sí mismo. En griego, la palabra que aparece en la carta es πρόσλημψις, que quiere decir justamente eso: recibir. Si bien Rav Shaúl habla del buen olivo y las ramas del olivo silvestre injertadas contra naturaleza en el bueno, la recepción no sólo representa re-incersión sino volver a tomar lo que es propio.

Yosef se revela a sus hermanos y es el momento en que se hace volver a Yaacov al redentor. Yaacov (Israel) es redimido por uno de sus hijos, es decir, en quien se preserva la promesa dada a Avraham: la simiente (uno) y que representa un redentor para su pueblo: Yosef, como el Mesías vendría del seno de Israel, el pueblo judío será redimido igualmente por uno que salió de su seno, un Salvador (Yeshúa), retoño prometido (hanetzer) y ungido (mashiaj).

Entonces, Yaacov no muere de hambre.

Los años son importantes: 7 años de hambre… 2 años de que sus hermanos no lo reconocieran y de haber sido probados hasta el momento en que muestra su gracia hasta el fin: 5 años restantes en que estarían con él sin que pasaran hambre y, pues, terminara el decreto divino al respecto.

El número cinco se muestra como la gracia que el Mesías retorna a Israel cuando éste lo reconoce, sobre todo, cuando el pueblo entero (Yaacov) regrese a Él. Entonces, conforme a lo que confirman los profetas, Israel tendrá el botín de las naciones en los últimos días:

y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. (Gén 45:18)

Este “mí” y este “yo” son las palabras de un redentor. Ahí es donde está la admisión, cuando en medio de su contrición, anonadados por la revelación, viene la vida de entre los muertos: el momento de la resurrección de los muertos.


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