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Selijot
Durante el mes de Elul, último mes de este año, el creyente debe tener un espíritu de arrepentimiento. Hacia la teshuvá está el camino de la humillación y en ésta van las fuerzas propias: la confesión de la torpeza propia para hacer lo bueno, la conciencia de que no tenemos méritos para refrenar el mal que pueda venir en nuestra contra o la condena por la transgresión de nuestros desvíos.
Negarnos a nosotros mismos, es la forma más concisa de decirlo.
“Pecado” tiene en su raíz antigua la edificación de un muro que no sólo separa terrenos o dispone límites, sino que impide pasar al otro lado del muro. De hecho, impide salir también. Es el principio del ostracismo del mal.
Sólo existe una forma de romper la sofocación -no es casualidad que en la Biblia el hombre que peca e insiste en el pecado es como un enfermo que se acerca a la muerte-: emprender el camino de regreso, allí de donde el muro que hemos impuesto nos ha desviado. Para regresar, pues, hay que romper el vallado. ¿Quién es consciente de sus propios errores como para derruirlos? ¿Quién está incómodo con el muro que acaba de construir como para derribarlo de nuevo, si de pronto es esa separación lo que delimita nuestro parecer, nuestro camino, nuestra independiencia de vivir como mejor nos place y entender como mejor podemos, la vida?
¿Quién?
Hay que odiar ese muro para destruirlo. Hay que conocer cuán morboso es para nuestro impulso vital, para lo que nos conforma como personas. Hay que reconocer que nos hemos desviado y no nos ha servido de nada. Hay que ver que somos esclavos del pecado. Y si hemos sido libertados de eso, hay que reconocer que también, comúnmente andamos conforme a nuestra prudencia propia, y caemos. No somos hombres y mujeres justos, piadosos, ni que buscan a Di-s.
Hay que volver al Camino. Hay quien desconozca cuál es ese principio. Por eso judíos deben volver; gentiles deben cambiar su dirección y andar el camino de vuelta que conoce el judío piadoso: humillarse uno mismo, delante de Di-s, de quien hemos desechado la Verdad sobre nuestras acciones y Sus mandamientos.
Y en la gracia del Eterno, ser inscritos en el libro de la vida para un año más bajo Su poder y misericordia. Las selijot nos ayudan a entenderlo, que aún creyendo en Él, estamos alejados por nuestro propio yerro:
Otorga gracia a Tus hijos, quienes a Ti retornan, y llenos de pavor se paran ante Tu presencia. Temerosos están del momento en que son llamados al juicio; pues por eso vinieron, dolientes.
-Jon Tajón, piyut de Rosh Hashaná.
Después de Shabu’ot
A la entrega de la Ley, la revelación más delicada y vital, sigue la vida de un hombre nuevo que debe sobreponerse a su condición temporal mediante el instrumento eterno que le fue entregado. En la Torá, la revelación de boca de Di-s y en el B’rit Jadashá, la vida renovada por medio del poder del Di-s Viviente.
Sobreponerse significa una brega. Bregar, es ya, a través de la revelación, ser astuto como serpiente y manso como paloma. Inteligencia, destreza para hacer la obra del poder de Di-s en el que cree; mansedumbre para demostrar que ese poder sigue otras leyes que las que los hombres esperan en cuanto a la justicia, la verdad, el bien.
Bregar, haciendo morir al viejo hombre y vivir en el poder divino para que Él manifiesta Su grandeza. Pero las cosas no giran tan convenientemente. Israel hizo el becerro de oro y se quejó. El viejo hombre surgió y trató de devorar al nuevo, para ser terminado por los que guardarían la ley, los levi’ím.
Los levitas son, pues, el hombre nuevo. Moisés y sus hermanos, los que sobreviven o, mejor, se sobreponen a la desviación, le representan. Ahora bien. Moisés regresa para decepcionarse. Pone el orden y regresa a Di-s, una forma extraordinaria de ver cómo la prefiguración del Mesías en él está en llegar desde lo alto para descubrir el pecado, terminarlo e interceder por el nuevo hombre que ha caído. Y finalmente regresar el Día del Perdón.
Mientras, 40 días más en espera del regreso de Moisés, el pueblo busca arrepentirse, tal y como es entendido por la tradición hebrea. No es casualidad que cuando se habla de la venida de Yeshúa, se hable de ser diligentes en el amor y la abundancia de buenas obras antes de Su regreso. Él mismo dice: “Cuando venga el HIjo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
Fe = fidelidad. Pedro urge a corregir nuestra vida y alejarnos del mal; a tener un comportamiento ejemplar. No habla de destacar por encima de otros, ni en conocimientos, estirpes, éxitos, capacidades personales, logros, etc. Habla de buenas obras y de obediencia, sometimiento a Di-s. Habla de vivir el Reino de los Cielos. Yeshúa lo promete: “recibiréis poder”. Éste, para andar conforme a los caminos de la Verdad, encontrados en escritura tan antigua como el Tanaj.
Desde la idolatría, en los postreros días.
El exilio de Israel, profetizado ya en Deuteronomio, expone la vida del pueblo de Di-sen las peores condiciones: postración, idolatría, sequedad; como muertos, habiendo hecho figuras de su propia locura, “dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen” (Deut 4:28), así somos cuando decidimos apartarnos en pos de nuestros caminos, conducidos por nuestra sabiduría; construyendo nuestro propio destino de fatuidad.
Sin embargo, es claro el texto cuando dice: “si desde allí buscares a Adonay tu Di-s, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (v. 29), lo cual, demuestra la grande misericordia de Di-s; habiéndose apartado hacia la muerte, como lo representan los ídolos, Israel, desde ahí, en medio de la idolatría y la transgresión, puede hallar hacia Di-s las puertas abiertas, mientras el corazón esté completamente convencido, y el alma, de necesitar de Sus aguas.
El exilio es como un desierto. Fuera de Israel, de hecho, hay desiertos. Esta situación está contemplada aún para los postreros días, cuando Di-s extiende Su misericordia, diciendo a Israel, “si … volvieres a Adonay tu Di-s, y oyeres Su voz” (v. 30).
Estos “postreros días” son momentos de “angustia”, “estrechos” -como es lo que significa en hebreo- y esto hará que los que no se acuerdan de Su Di-s, en ese momento, lo tengan en mente y vuelvan a Él.
Esto nos ayuda a ver que en el quebrantamiento de Su pueblo, Di-s se muestra misericordioso a pesar de su transgresión. Pero los que vuelven a Él sólo son los que no dejan ni una mínima parte de su corazón en la vida de opresión, en la opulenta y seca vida que es andar en nuestros propios caminos, conducidos por la sabiduría personal…
Esta condición en la que el potencial humano se ve destruido, es el comienzo de la verdadera libertad; el corazón humillado es el único que puede acceder a cambiar su yugo por el de Di-s que realiza con poder Su obra en quien vuelve.
Esta libertad sólo existe cuando el quebrantamiento se convierte en el estado en que el alma permanece: humildad y mansedumbre habrían de ser nuestras constantes; si bien la oportunidad es extendida hasta el último momento para Su pueblo, ¿cuántas veces no hemos menospreciado a Di-s cambiando Sus mandamientos por nuestra propia ley en nuestros corazones, hoy, antes de los postreros días, que acaso no nos alcance el tiempo para volver, si no lo hacemos ahora?
Por el poder de Su boca
Cuando Gedeón va a luchar contra los madianitas, vemos que exhorta a sus 300 compañeros a tomar los shofares, romper los cántaros y gritar finalmente: “¡Por Adonay y por Gedeón!” (Jue 7:18). Pero, ¿cómo fue el grito original, es decir, el verdadero, el emitido por los judíos? “¡Por la espada de Adonay y por Gedeón!” (v. 20), lo cual es de llamar la atención.
La espada de Adonay no es cualquier eufemismo para hablar de Su poder. Bien pudieron haber dicho “por la diestra, el brazo, la mano, el poder, la fuerza, la misericordia, etc.” Pero fue la espada. La palabra es חֶרֶב (jereb), cuya raíz significa “desolación” y la frase completa: חֶרֶב לַיהוָה וּלְגִדְעוֹן
Terrible figura la de la espada como desolación. La batalla es librada en el valle de Jezreel, una figura importante de masacre y recompensa a la vez que encontramos en Oseas. Aquí, la espada de Di-s es desolación de los enemigos de Israel y es aquí cuando recordamos lo que será al final de los días. En 2Tes 2:8, así como en Isaías 11:4, se habla de “aquel inicuo, al quien el Señor matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida”, por lo que en la batalla librada en Jezreel se prefigura la destrucción del maligno: el que contiende y el rebelde contra Di-s, Madián y Amalec.
Estos dos últimos personajes representan el yugo del pecado, la disención (Madián) apoyados por Amalec de quien se dice en Éx 17:16 que “se levantó contra el trono de Adonay”, es decir, Satanás. El poder de Di-s, el poder de Su boca es la desolación de los enemigos de Israel se lleva a cabo como voz de shofar (Jue 7:20), esta voz es la Voz de Di-s, es Su poder (los madianitas terminan poniéndose “la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento”, v.22.)
Es una Voz de juicio y de justicia, a la vez, de rectitud, pues Israel escuchó la voz de Di-s en el Sinaí como la de un shofar (Éx 19:19), diciendó Quién es Él. De tal manera que ni Gedeón ni el pueblo de Israel ganaron la batalla, sino que fueron instrumentos de Di-s para palpar Su redención y Di-s, por misericordia, destruyó a los enemigos de Su pueblo.
Ahora bien, en cuanto al final de los días, dijimos anteriormente que este pasaje es una prefiguración de lo que será al final de los días, y sí, pero no en cuanto a la destrucción definitiva del mal, que ocurrirá después de la venida del Señor y no al momento. Para eso habrá otra ocasión de hablar.
La venida del Mesías: misterio cósmico 2
Gilgal y Bet-El, dos recintos de culto a Di-s en la época de Jeroboam y el tiempo del profeta Amós. Estos dos lugares se habían convertido en santuarios del reino de Israel y lugares donde el pueblo aumentaba su pecado. Cumplían muy bien con los requisitos rituales pero no había un cambio en el corazón. Esa abominación Di-s la aborrece y todo ello parece que sucede también el día de hoy.
En el libro de Amós se relata el pecado de Judá y de Israel juntos que, como un solo hombre, pero dividido, transgreden desde el olvido de la Ley hasta la perversión sexual.
Por su papel simbólico, Gilgal y Bet-El son lugares, el primero, de recuerdo de la salida de Egipto y la libertad;, el segundo, el recuerdo del pacto dado a Avraham y corroborado con Yaacov y el nacimiento de la esperanza vuelta Israel, además de la revelación onírica de Yaacov.
Estos dos santuarios nos interesan porque pertenecen a los hermanos menores de los hijos de Yaacov, hijos de la misma madre (Rajel) y tratados como preferidos: Yosef y Biniamín (José y Benjamín). Gilgal se encontraba en la región de la tribu de Efraím, hijo de Yosef y Bet-El en Biniamín. En Am 5:6 se habla de “la casa de Yosef” como una yuxtaposición de Gilgal. La casa de Yosef (y no Gilgal) y Bet-El (y no Biniamín) son significaticativamente mencionados en la medida en que todo Yosef se había excedido en la confianza que el santuario representaba para sí, un salvoconducto de su permisividad inmoral y criminal.
Pero la mención de Orión y las Pléyades viene muy al caso con el hecho de buscar a Di-s. De hecho, tiene una íntima relación con la tribu de Yosef y el Mesías. Es en Deuteronomio 33 cuando Moisés profetiza sobre los hijos de Yaacov, y la gloria de Yosef es vista como un “primogénito de toro” y que ”sus astas [son] como astas de búfalo. Con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines de la tierra” (v. 17). Con esta figura de poder, la tradición hebrea ve que está representado en el cielo por el signo zodiacal del toro, y no cabe duda que ese poder lo que destaca en Yosef como prefiguración mesiánica.
La constelación de Tauro está entre Orión y las Pléyades, lo que nos indica el papel profético del valor que tiene Orión como un gigante poderoso al lado del Toro, además de que todas estas pertenecen al mismo signo zodiacal. No es, pues, ninguna casualidad su mención en el texto.
Pero veamos que este toro es el comienzo de la función redentora del Mesías, y a la vez, terrible. Este Orión viene con sus Pléyades y de él, el erudito cristiano Ernst Bullinger (The Witness of Stars), detalla el relato de esta constelación al lado de Eridanus, Áuriga y el grupo de las Pléyades, como del Príncipe de Gloria que viene a redimir y delante de él el juicio, como un río.
Esta interpretación concuerda con la forma en que Amós proyecta el juicio contra Israel -el tipo de sociedad en la que se convirtió en ese momento- como hablando del Día del Señor. Un día de tibieblas, “como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso” (Am 5:19). Así, queda tipificada la venida del mesías por la constelación de Orión y como la redención que, una vez su acción aterradora (Am 5:8 y 9), trae vida, pues “derrama [las aguas] sobre la faz de la tierra” (v. 8).
Finalmente, la manera en que el Mesías viene, transforma las tinieblas en luz y redime con vida, es la misma manera en que hoy sigue actuando en las vidas de quienes buscan Su rostro cuando aún hay tiempo, al que hace al Orión y las Pléyades.
La venida del Mesías: misterio cósmico 1
El profeta Amós registró las siguientes palabras del Creador:
Los que convertís en ajenjo el juicio, y la justicia la echáis por tierra, buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como de noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la Tierra: Adonay es Su Nombre;
y añade:
que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte, y hace que el despojador venga sobre la fortaleza.
En una sociedad en la que los pobres y los ricos se diferencian crudamente en cantidad y en privilegios; donde el derecho está torcido y la justicia está en favor del criminal, cuando los que deben ser el ejemplo vivo de la revelación de Di-s han olvidado la Ley y el testimonio del Eterno, y a su alrededor se han vuelto como sus enemigos: perversos, idólatras, criminales, opresores del pobre y olvidadizos del hambriento; cuando las costumbres de Sodoma y Gomorra impregnan la cultura como reclamándola de origen…
¿Algún parecido con el día de hoy? La crisis de hambre, financiera, moral que vivimos tiene su raíz en quien nadie ejerce la justicia con rectitud. Y luego, los que deben llevar una vida basada en el poder de Di-s han olvidado Sus mandamientos y Su verdad en ellos (La verdad primigenia de los mandamientos es Yeshúa, como lo entiende R. Shaúl: “el fin de la Ley es Mashiaj”, siendo fin una palabra griega que significa “completitud” y “propósito”.)
Amós profetizó juicio sobre las naciones perversas que no tienen a Di-s como Su regulador. Pero es también contra los que pretenden tenerlo que el juicio se eleva con dureza. Estos juicios contra los elegidos son:
- Langostas: como aquello que devora lo que produce la tierra y trae el hambre.
- Sequía: como aquello que convierte en desierto la vida sin su sustento y el sustento es Di-s.
- Fruta de verano: como algo recolectado para ser consumido.
- Destrucción de los santuarios: como el fin de la relación hipócrita con Di-s adornada de ritual.
Israel esperaba, además, al Mesías, esto es: la redención y la libertad; el juicio contra sus enemigos. Pero ellos hicieron de esa libertad un código de perversidad para su condenación al no tomar en serio los preceptos divinos, pervertir el juicio y tornarse a las costumbres depravadas de sus vecinos, sus cercanos enemigos.
A estos, Di-s comunica:
¡Ay de los que desean el día de Adonay! ¿Para qué queréis este día de Adonay? Será de tinieblas y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra.
A las “vacas de Bashán”, las mujeres ricas que extorsionaban a los que no eran como ellas; a los “reposados en Sión” y “[!] los confiados en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales acude la casa de Israel!” (también, como mencionamos previamente, a los que tuercen el derecho, nada más ni nada menos que los creyentes en el Señor), a éstos nos dice: tres veces: “Buscadme y viviréis”, “Buscad a Adonay y vivid” y “Buscad al que hace las Pléyades y el Orión…”
Tres veces, y en la última, tres formas de hablar de la redención:
- Hacedor de las Pléyades y el Orión.
- Vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche.
- Llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra.
Y aún más, una cuarta, como el colmo de todo ello -en respuesta al colmo del pecado de la casa de Israel y la de Judá (Am 2:4 y 6)-:
4. El que esfuerza al despojador sobre y el fuerte y hace que el despojador venga sobre la fortaleza.
Esto tiene una conexión con el Día del Señor, conforme al contexto. Di-s establece un juicio eterno que habrá de realizarse el día que venga, proyectado en los tiempos finales, tanto para esa época como para la nuestra. Pero, ¿cómo puede ser entendido este pasaje? ¿Por qué los que tuercen el derecho deben ver al Creador de una constelación y un grupo de estrellas? ¿Cuáles son los referentes bíblicos de este mensaje? O es una simple metaforización que cae en el sentido común.
La canción de Israel por la venida de Yeshúa HaMashiaj
En el Halel, el himno cantado conmemorado cada fiesta excepto el shabat, incluye el Salmo 118. Este mismo poema se canta por separado y cuenta con varias versiones de acuerdo con cada tradición dentro del pueblo judío. Los versículos que se cantan son del 19 al 24, especialmente proféticos cuando de hablar del Mesías se trata. Basándonos en esta tradicional partición del texto, lo que sigue resulta sumamente dramático, comenzando por un canto de auxilio y justo después unas palabras enigmáticas a la luz del B’rit Jadashá: “Bendito el que viene en el Nombre de Adonay…”
Este versículo en especial formaba parte del momento en que los peregrinos llegaban a Jerusalén y éstos recitaban esta primera parte del mismo. La segunda (“Desde la Casa de Adonay os bendecimos”) era dicha a manera de complemento; como una correspondencia que representaba la acogida al peregrino en Jerusalén. Yeshúa mismo, sentado en el pollino, recita el cántico de llegada del propio peregrino, y como tal, dichas en un momento de alta tristeza, en referencia a Sí mismo, al salmo y a su cumplimiento inmediato, oscurece el sentido del salmo con las siguientes palabras:
!!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en Nombre del Señor. (Lc 13:34-35)
Así que, podemos comenzar a preguntar, ¿qué significa ese “hasta que llegue el tiempo en que digáis”? ¿Y por qué las palabras de ese salmo? ¿Es que no lo estaban haciendo en ese momento; no se canta en cada fiesta; no existe una conciencia judía de ese fragmento? Claro que sí. Pero Yeshúa dijo: “hasta que llegue el tiempo”. Y luego, “digáis”.
Bueno, entre el tiempo, el decir y el fragmento del salmo está la redención de Israel: “vuestra casa os es dejada desierta” porque Él se va y no estará más ahí de la misma manera para ellos y “no me veréis” en cuanto que volverá y exaltará a Su pueblo judío. Ese tiempo es el tiempo en que será visto de nuevo por Su pueblo y esto es una referencia a los sentidos, algo que sucedrá al final de los días, conforme a lo profetizado en Apocalipsis (1:7.)
Pero es el “decir” lo que más intriga. Esta palabra por supuesto que no está denotando abrir la boca y sencillamente decir… Bueno, el perogrullo nos lleva al sentido etimológico de este “decir” y sus usos enel BJ. En el griego del texto es usado al lado de la demanda por una réplica o la necesidad de un discurso o una conclusión a una evidencia grande (1 Cor 1$:16 y Ro 3:5, como fórmula rabínica). El decir implica, pues, un discurso hecho (Mt 26:25, 64 como fórmula rabínica.)
Podemos ver en ello una figura hebrea que implica disertación. ¿Cómo podríamos entender esto en las palabras de Yeshúa? ¿Cómo tiene que ser dicho “Bendito el que viene en el Nombre del Señor”? ¿Yeshúa hace alusión a que Israel debe reflexionar sobre el peso de las palabras proféticas? Recuérdese que lo dice justo cuando Él llega a Jerusalén, por lo que hemos de constatar que las palabras del salmo son usadas en relación con esa entrada y, por supuesto, en relación con Él. En Jerusalén fue donde mayor rechazo experimentó y aunque aclamado en ese momento, no fueron precisamente los jerosolimitanos los que le decían ¡Hoshana! (hoshía na – “salva ahora”, sal 118:25).
Será por eso que la frase que decían los peregrinos (“Bendito el que viene…”) le correspondía decirla a los habitantes de Jerusalén, los anfitriones. Pero este decir se refiere, más bien, al deseo por Él, no como una expectativa creada por las necesidades o anhelos inmediatos de restauración de Israel entre las naciones, sino como Di-s mismo, el Redenteor de Israel. El decir representa el deseo de Israel por Yeshúa (insistimos, no un Mesías conforme a una expectativa específica, sino conforme a la forma en que es anunciado en las Escritura hebreas).
En esta interpretación nos ayuda la conjugación verbal de este “decir” (Gr. eipon) y que no es el pasado en el que comúnmente se encuentra en el B’rit Jadashá. En la conjugación de otros tiempos, toma prestado de las palabras que tienen una estrecha relación semántica entre sí, como rew, que significa “manar”, designando algo que brota continuamente. Esto sólo lo podemos enetender como la relación entre Di-s y Su pueblo; de dependencia total en Él; de deseo y éste significado ya lo podemos encontrar en la palabra hebrea ahaváh, “deseo”, usada por supuesto, para designar el amor hacia Di-s (Deut 6:5.)
Yeshúa estaba proclamando que Su venida redentora para Su pueblo sería al tiempo concluyente en cuanto al giro de los acontecimientos que lleven a Israel (en el corazón de los que lo rechazan como hicieran los jerosolimitanos, corazón de Israel) a volverse completamente a Di-s, haga que mane de ellos el completo deseo por Su presencia, deseando, asimismo, al que viene en el Nombre, o bien, que tiene el mismo Nombre que el de Adonay.
Salmo 30, después de la ira
Este salmo tiene de interesante, primeramente, que sigue al 29, un salmo de juicio y en segundo lugar, que fue cantado en la dedicación de la Beit Hamikdash inaugurada por Salomón. Es un canto de alabanza y de agradecimiento por el rescate de la muerte y eso lo hace profético, sobre todo cuando dice: “¡Oh Adonay!, hiciste subir mi alma del She’ol; me diste vida para que no descendiese a la sepultura” (v. 3), lo cual podemos tomar como una referencia a la resurrección (¡qué casualidad, justo después del reinado del Sal 29:10!, véase Ap 20). Los versículos siguientes no dejan de ser más interesantes, citémoslos por completo:
Cantad alabanzas al Señor, vosotros sus santos, / y alabad Su Santo Nombre. / Porque Su ira es por sólo un momento, / pero Su favor es por toda una vida; / el llanto puede durar toda la noche, / pero a la mañana vendrá el grito de alegría. (versión De las Américas)
La ira de Di-s, comparada con la recompensa de la vida eterna es tan sólo un momento. De hecho, la denominación de “día” del Señor nos refiere a su aparente brevedad. Esta parte del salmo es como un canto después de la ira; y si el salmo 30 está en relación con la inauguración del Templo entonces habla del reinado mesiánico. Al venir la justicia sobre la tierra, Di-s hará que los hombres vuelvan “sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Is 2:5.)
Esto recuerda las palabras de Rav Shaúl al decir que “los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” ( Ro 8:18 ). Aunque él no estaba hablando del día del Señor podemos ver que la esperanza puesta en la fidelidad de Di-s mantiene firmes los espíritus de quienes, igualmete, permanezcan fieles a Él en medio del lamento.
Aún estos momentos de angustia, pues la esperanza hace permanecer en el amor que debemos a Di-s, es decir, la obediencia. Las palabras del Salmo 30:4 (“la ira dura un momento”) tienen, a los ojos del lector atento, una relación significativa e intertextual con Isaías 26, un cántico que enfatiza en la confianza en Di-s y cuyas palabras finales nos hablan de “dolores de parto” (una expresión de los días postreros usualmente connotada por el Talmud) y con ello, de la resurrección. Ha de notarse que habla también del día de la ira y de la forma en que se le denota como fugaz y se advierte con suma ternura a Su pueblo:
Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Adonay sale de Su lugar para castigar al morador d ela tierra por Su maldad contra Él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos. (v. 20-21)
Si seguimos leyendo hasta el primer versículo del capítulo 27 encontraremos una clara conexión con Apocalipsis 20:10. Previamente se habla de que un ángel con una cadena en la mano prenderá al ”dragón, la serpiente antigua” y que en Isaías es llamada “serpiente veloz … serpiente tortuosa”. En esta última cita se habla de castigarlo con espada “dura, grande y fuerte” y de matarlo, cuestión que hallamos en Ap 20:10 y que viene después de los mil años de reinado mesiánico. En Isaías no es clara la división de acontecimientos como parece serlo en Apocalipsis, sin embargo, vemos que es totalmente coincidente después del día del Señor.
Una especial conexión discursiva encontramos entre el Salmo 29 y el 30, sobre todo en la forma en que se enuncia el poder de Di-s, el día de la ira y la esperanza halladas en Isaías 17:12-13:
¡Ay!, multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas. Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Elohim los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.
Ahora veamos que dicen los versículos que comienzan a hablar de la ira de Di-s y Su juicio sobre las naciones en el Salmo 29 (para una explicación de esto descárguese para escuchar la breve enseñanza “Drashá Tehilim 29″ que se encuentra en la caja del margen derecho o índice de este blog, llamada “Ve lee oye”):
Voz de Adonay sobre las aguas; / truena El-Hakavod. / Adonay sobre las muchas aguas. / Voz de Adonay con potencia. / Voz de Adonay con gloria.
Pero es el versículo siguiente de la cita hecha previamente del libro de Isaías (capítulo 17) el que hallamos (decimos, como discurso) en el Salmo 30:5, lo que nos llevará a nuestra conclusión:
Al tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de la mañana el enemigo ya no existe. (Is 17:14)
Si leemos salmos 30:5 veremos la relación entre la angustia y el angustiador; la tarde como lloro y la madrugada como redención (cuestión que también en lo mencionado sobre Ap 20:2-10 e Is 27:1) halladas en este versículo de Isaías (aunque en hebreo no hay palabra para “enemigo”, en el contexto se entiende que se trata de los opresores de Israel conducidos por hasatán). Esto nos lleva a decir que entre el Salmo 29 y el 30 existe una relación profética que va del día del Señor al milenio y al jucio final, cuando el Adversario, la muerte y el She’ol serán lanzados al lago de fuego.
Yom Adonay יוֹם יְהוָה (el día del Señor)
“El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Adonay” (Joel 2:31)
¿Quién no quisiera que estuviera aquí Yeshúa reinando, con todo Su poder y Su gloria sobre la tierra? Y que Su Reino sea establecido y todos estemos adorando al Rey de reyes, y todos nuestros problemas estén lejos de nosotros y las cuerdas del adversario sean rotas y gocemos de la exaltación de nuestro Amo… Pero, olvidamos algo: ¿qué estamos haciendo ahora para estar ahí?
No olvidemos que el acceso a la salvación fue abierto por los méritos de Yeshúa en la cruz, así que no hay algo que el hombre pueda hacer para salvarse sin el poder de Su sacrificio. Pero pongamos especial atención a lo que sigue en esa salvación: convertirse en un hijo de Di-s; convertirse en un discípulo del Maestro Yeshúa (sobre esto ya hay una página publicada en este blog: ¿Tienes parte en la salvación?, véase Emet V’emuná y su sección Hayeshuá). Así que, ¿hay algo que podamos hacer para ser protegidos y salir airados el día del Señor?
Permítaseme aclarar algo. ¿Qué es el día del Señor?
¡Ay de los que desean el día de Adonay! ¿Para qué queréis este día de Adonay? Será de tinieblas y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Adonay tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor? (Amós 5:18-20)
¡Ay del día!, porque cercano está el día de Adonay, y vendrá como destrucción pro el Todopoderoso [...] Tocad trompeta en Sión, y dad alarma en Mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra porque viene el día de Adonay, porque está cercano. (Joel 1:15 y 2:1)
Sobre esto Yeshúa hace una advertencia tan grande que recomienda que nuestros corazonres no se carguen de ”glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida y venga de repente sobre vosotros aquél día” (Lc 21:34). No es de extrañar la genial referencia al profeta Abdías (1:15) en la oración ejemplar que da a Sus discípulos (Mt 6:9-13) y sobre todo en su final explicación (vs. 14-15). Así como cuando dice “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5:7); en la parábola de “los dos deudores” (que debería llamarse del Padre misericordioso y el deudor impío -Mt 18:23-35) y en la de la venida del Hijo del Hombre (Bar Enosh) en Su Reino (Mt 25:31-46). Todo ello es una enseñanza sobre el día del Señor con referencia a:
[...] cercano está el día de Adonay sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza. (Abdías 1:15)
Esta es una tremenda afirmación de juicio que pone a las obras de todos los hombres, creyentes y no creyentes en Yeshúa, en estado de alerta: “¡Ay de los que son sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Is 5:21). Es interesante notar que los profetas condenan las acciones de un pueblo que, se supone, conoce a Di-s. Los que deben llevar el derecho y que son autoridades religiosas y gobernantes, son designados como enemigos de Di-s (Is 1:24), aquellos que serán decapitados delante de la presencia del Amo (Lc 19:27). Los líderes religiosos son los que se apacientan a sí mismos (Ez 34:2-3), algo que Yeshúa advierte cuando habla del siervo fiel y prudente y el siervo malo (Mt 24:44-51) con referencia a Su venida con aparente tardanza (o, en otras palabras, la ira de Di-s que no es manifiesta). ¿Alguna diferencia con la actualidad?
Los finales días estarán caracerizados por la apostasía y el gobierno del que es por completo contrario al Mesías. Pero todo eso será cobrado por la ira de Di-s cuando Él venga de nuevo, no como cordero sino como león. ¿Cómo estás tú en todo esto? Los que se hacen amigos del mundo se hacen enemigos de Di-s.











