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Ki eshmerá shabat

“El que guarda el shabat por Di-s será guardado”, dice el piyut. La tradición judía -y esta es una enseñanza recurrente- nos dice que no es el pueblo el que guarda el shabat, sino que es el shabat el que guarda la vida del pueblo. Respetarlo, por lo tanto, será preservar la vida de muchos.

El shabat se encuentra en los diez mandamientos. Pero antes de la Ley ya existía el shabat y era respetado. De entrada, es el séptimo día después de la creación. Pero este primer y santificado séptimo día no es una cosa exclusiva de Di-s para Di-s mismo. Como un regalo que se hiciera a sí mismo y que sólo retornara a Él, sino es el día en el que la creación entera participa del bien del Creador.

Luego, en Números encontramos que, antes de recibir la Ley en el Sinaí, el pueblo judío no podía recoger el maná en el séptimo día, sino que en el sexto recibirían el doble de porción.

¿Por qué será que este día se dispone anes de la Ley y qué significado tiene esto para nosotros hoy?

La ley, para decirlo en pocas palabras, representa el pacto de santidad entre el pueblo de Israel y Di-s. El pueblo judío debe respetar ese pacto dado casi en exclusividad. En él se distingue el respeto particular del shabat, como un signo con el que delante de las naciones, el pueblo judío proclama su pertenencia al Di-s vivo.

Sin embargo, ante del Sinaí, se prefigura y esto determina una de sus características especiales, que es el arrepentimiento, es decir, la vuelta a Di-s. Israel, en el desierto, fue llevado más allá de su necesidad inmediata -el no padecer hambre-, hacia el sentido mayor de su sustento, la trascendencia de complacerse en Di-s porque Él sustenta a toda criatura y, desde el principio, dispuso para ellas la vida.

El shabat en el desierto representa la vuelta al Creador, aún antes de toda santificación en la Ley, la santificación -el guardar- el shabat es dar al Creador el honor y el lugar más alto por causa de Su misericordia.

Es, al mismo tiempo, el límite -como el fin de la semana- de nuestra imprudencia -de la inmanencia- para trascender hacia Él.

Shabat shalom hakol javerim!


Después de Shabu’ot

A la entrega de la Ley, la revelación más delicada y vital, sigue la vida de un hombre nuevo que debe sobreponerse a su condición temporal mediante el instrumento eterno que le fue entregado. En la Torá, la revelación de boca de Di-s y en el B’rit Jadashá, la vida renovada por medio del poder del Di-s Viviente.

Sobreponerse significa una brega. Bregar, es ya, a través de la revelación, ser astuto como serpiente y manso como paloma. Inteligencia, destreza para hacer la obra del poder de Di-s en el que cree; mansedumbre para demostrar que ese poder sigue otras leyes que las que los hombres esperan en cuanto a la justicia, la verdad, el bien.

Bregar, haciendo morir al viejo hombre y vivir en el poder divino para que Él manifiesta Su grandeza. Pero las cosas no giran tan convenientemente. Israel hizo el becerro de oro y se quejó. El viejo hombre surgió y trató de devorar al nuevo, para ser terminado por los que guardarían la ley, los levi’ím.

Los levitas son, pues, el hombre nuevo. Moisés y sus hermanos, los que sobreviven o, mejor, se sobreponen a la desviación, le representan. Ahora bien. Moisés regresa para decepcionarse. Pone el orden y regresa a Di-s, una forma extraordinaria de ver cómo la prefiguración del Mesías en él está en llegar desde lo alto para descubrir el pecado, terminarlo e interceder por el nuevo hombre que ha caído. Y finalmente regresar el Día del Perdón.

Mientras, 40 días más en espera del regreso de Moisés, el pueblo busca arrepentirse, tal y como es entendido por la tradición hebrea. No es casualidad que cuando se habla de la venida de Yeshúa, se hable de ser diligentes en el amor y la abundancia de buenas obras antes de Su regreso. Él mismo dice: “Cuando venga el HIjo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Fe = fidelidad. Pedro urge a corregir nuestra vida y alejarnos del mal; a tener un comportamiento ejemplar. No habla de destacar por encima de otros, ni en conocimientos, estirpes, éxitos, capacidades personales, logros, etc. Habla de buenas obras y de obediencia, sometimiento a Di-s. Habla de vivir el Reino de los Cielos. Yeshúa lo promete: “recibiréis poder”. Éste, para andar conforme a los caminos de la Verdad, encontrados en escritura tan antigua como el Tanaj.


Desde la idolatría, en los postreros días.

El exilio de Israel, profetizado ya en Deuteronomio, expone la vida del pueblo de Di-sen las peores condiciones: postración, idolatría, sequedad; como muertos, habiendo hecho figuras de su propia locura, “dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen” (Deut 4:28), así somos cuando decidimos apartarnos en pos de nuestros caminos, conducidos por nuestra sabiduría; construyendo nuestro propio destino de fatuidad.

Sin embargo, es claro el texto cuando dice: “si desde allí buscares a Adonay tu Di-s, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (v. 29), lo cual, demuestra la grande misericordia de Di-s; habiéndose apartado hacia la muerte, como lo representan los ídolos, Israel, desde ahí, en medio de la idolatría y la transgresión, puede hallar hacia Di-s las puertas abiertas, mientras el corazón esté completamente convencido, y el alma, de necesitar de Sus aguas.

El exilio es como un desierto. Fuera de Israel, de hecho, hay desiertos. Esta situación está contemplada aún para los postreros días, cuando Di-s extiende Su misericordia, diciendo a Israel, “si …  volvieres a Adonay tu Di-s, y oyeres Su voz” (v. 30).

Estos “postreros días” son momentos de “angustia”, “estrechos” -como es lo que significa en hebreo- y esto hará que los que no se acuerdan de Su Di-s, en ese momento, lo tengan en mente y vuelvan a Él.

Esto nos ayuda a ver que en el quebrantamiento de Su pueblo, Di-s se muestra misericordioso a pesar de su transgresión. Pero los que vuelven a Él sólo son los que no dejan ni una mínima parte de su corazón en la vida de opresión, en la opulenta y seca vida que es andar en nuestros propios caminos, conducidos por la sabiduría personal…

Esta condición en la que el potencial humano se ve destruido, es el comienzo de la verdadera libertad; el corazón humillado es el único que puede acceder a cambiar su yugo por el de Di-s que realiza con poder Su obra en quien vuelve.

Esta libertad sólo existe cuando el quebrantamiento se convierte en el estado en que el alma permanece: humildad y mansedumbre habrían de ser nuestras constantes; si bien la oportunidad es extendida hasta el último momento para Su pueblo, ¿cuántas veces no hemos menospreciado a Di-s cambiando Sus mandamientos por nuestra propia ley en nuestros corazones, hoy, antes de los postreros días, que acaso no nos alcance el tiempo para volver, si no lo hacemos ahora?


Hag HaSucot

Sucot, la fiesta de los tabernáculos, nos recuerda lo frágil de nuestra existencia. La vida pasajera que es como un instante para Di-s; nuestros breves años tan poco meditados y tan vanos cuando los comparamos con la trascendencia de la eternidad.

Hoy es presente la oportunidad de reflexionar que lo que hace girar esta vida nuestra se halla en la Fuente misma de la vida.

El Mesías, la luz que nuestras tinieblas reciben, completará nuestra existencia como el agua sacia la garganta de todo ser vivo, pues la razón de esta vida pasajera, en el poder de Su amor, es Él mismo, agua.

Di-s escogió el agua como símbolo de Sí.

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