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Nimrod y la bestia (Parashat Nóaj)

Nimrod es la figura humana, después de la expulsión del Gan Edén, en la que se personifica el poder de la rebeldía contra Dios (Ber/-Gen 10:8). Su nombre significa “rebelde”, y se dice de él desde el principio que era descendiente de Cush, desciendiente a su vez de Cam, el hijo que deshonrara –denigrara– la integridad de su padre Nóaj (Noé).

Pincipalmente son cuatro las características de Nimrod: 1) engendrado por Cush, hijo de Cam (v. 6); 2) “comenzó a ser poderoso en la tierra” (v. 8); 3) “Él fue poderoso para la caza frente al Eterno”(v. 9) y 4) era famoso: “por eso se dice: ‘Como Nimrod, poderoso, para la caza frente al Eterno” (v. 9).

De acuerdo a Bershit Rabá 23:7, la palabra “comenzó” del v. 8, contiene el significado de “profanar”, de ahí que Rashí diga que “Se hizo poderoso en el sentido de rebelar a todo el mundo contra el Santo –bendito es– por medio del consejo que dio a la generación de la Dispersión”.¿Cómo puede hacerse una persona “poderosa” para rebelarse contra Dios? El poder implica el esfuerzo personal, lo que en otras palabras podríamos entender como que deliberadamente Nimrod, sabiendo de la existencia del Todopoderoso y hasta de Sus designios y caminos –sobre todo por esto– elaboró estratagemas para seducir a los hombres e instarlos a ser como él. Pero al querer hacerlos “a su semejanza” –acto similar, pero en sentido contrario, al de Di-s al crear al ser humano; acto de destrucción–, no implica que todos las personas seducidas fueran a ser “libres” de las reglas divinas, sino esclavos de todo lo que nace de la rebeldía. Acto paralelo al de la serpiente que engañó a Eva diciendo: “serán iguales a Di-s”.

Asimismo, Rashí interpreta que la tercera característica de Nimrod se refiere a cazar “las mentes de los hombres y hacían que errasen para rebelarse contra el Omnipresente”, a través de sus palabras. Esto quiere decir que el instrumento de seducción era el habla; las muchas palabras que convencen a los hombres de desisitir de la obediencia y de ser sus propios reguladores. Rav Shaúl describe este espíritu de rebeldía como los que “sirven a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro 16:18). Pues no son simplemente unos glotones, sino que desde una perspectiva espiritual,  son conforme al pasuk: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” (Mishlé 18:21), de tal manera que para los que lo escuchaban, les eran “palabras suaves, que penetran hasta las entrañas” (Mishlé 18:8).

Por su forma de pensar, Nimrod se hizo famoso, y el modelo de una conducta sediciosa contra Di.s, de ahí que Rashí comente que “Sobre todo hombre que haga el mal con soberbia insolente, que reconoce a su Amo, pero que aun así delberadamente se rebela contra Él, se dirá: “Éste es como Nimrod, homre poderoso para la caza”. Esto debe hacernos ver que Nimrod reconocía el poder y la autoridad de Di-s, así como conocía Su voluntad, pero no deseaba seguirla. Este modelo de soberbia es el modelo del que se opone al Mesías. La Torá ya nos proporciona su perfil explícito en Jazón Yojanán 13:5-8:

A la bestia se le permitió hablar con arrogancia y proferir blasfemias con tra Dios [...] Abrió la boca para blasfemar contra Dios, para maldecir Su Nombre y Su morada y a los que viven en el cielo. También se le permitió hacer la guerra a los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. A la bestia la adorarán todos los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres no han sido escritos en el libro de la vida, el libro del Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo.

No se piense que estas blasfemias son tan explícitas como para que cualquiera, hasta los incrédulos, se den cuenta de que son, efectivamente, blasfemias. Serán, pues, palabras suaves;  fáciles de aceptar; tan sutiles que nadie entendido ni comprometido de entre los creyentes se dará cuenta que está blasfemando contra Di-s y Su Nombre, Su morada y los que están en ella. Por eso dice previamente “El mundo entero, fascinado, iba tras la bestia [...]” (v. 3), y más adelante, cuando la bestia es herida, sale otra que “tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como dragón” (v. 11). Las palabras se esconden detrás de la imagen. La imagen parece correcta, pero sus palabras con blasfemias.

En griego, la palabra usada para la fascinación del mundo –y en esto inclúyanse los creyentes que están en el mundo–, es θαυμάζω, significando “desear; maravillarse; admirar; pagar una recompensa por algo –que de desea ansiosamente–; apariencia –la propia figura exterior–”. Todos estos significados se suman en una sola actitud: rebeldía. Hoy por hoy, el mundo no está lejos de esta actitud, de la cual podría decirse que “es como Nimrod, hombre poderoso para la caza”; seducido por la apariencia, el lujo y la búsqueda de placer, aún entre los creyentes, cada vez más parecidos al mundo, de entre los que no cuidan mucho su compromiso. Éste es tan sólo un adelanto de lo que será.

Pero el pasaje sobre la primera bestia termina de esta forma:

El que tenga oídos que oiga.

El que deba ser llevado cautivo a la cautividad irá.

El que deba morir a espada, a filo de espada morirá.

¡Aquí se verán la perseverancia y la fidelidad de los santos! (v.9-10)

La historia de Nimrod se conecta elípticamente con la de la construcción de la ciudad y la torre de Babel, cuyo nombre significa “confusión”; lo que quiere decir cuánto tiempo duró la confusión que Nimrod impuso sobre los hombres cuando los sedujo, pues estos “hicieron la guerra” contra Di-s, de acuerdo al Midrash Tanjumá. Es aquí donde los creyentes deben probar su fidelidad, fijándose a quién escuchan desde hoy en su corazón y cómo le transmiten eso a sus hijos: la perseverancia y la fidelidad de los santos, cuidando en no albergar en su corazón la vida ideal del mundo.

Por eso es escuchar más que ver; la esencia de la enseñanza más que su bella apariencia.


En el principio fue el Mesías

Rabí Itzjak dijo: Puesto que su objetivo principal es la enseñanza de los preceptos, la Torá no debería haber comenzado por este relato, sino a partir del versículo: “Este mes será para ustedes el primero de los meses…” ya que este versículo enuncia el primer precepto que le fe ordenado a Israel. Entonces, ¿por qué razón la Torá comenzó con el relato de Bereshit, la Creación del mundo?

Seguramente con estas palabras Rabí Itzjak no deseaba contradecir sino explicar el comienzo del relato de la Torá. Comenzar por el principio pudiera parecer lógico a cualquier mente, sin embargo, según la naturaleza de la Torá, no es explicar el mundo sino hacer saber al género humano –por medio del pueblo de Israel– que existe una ley bajo la cual está sujeto. Pero esta ley, ¿es tan sólo para el pueblo judío o para todos los hombres? R. Shaúl argumenta en Al Harumim (3:1-26): “ya hemos acusado a judíos y gentiles, que todos están bajo pecado”, y antes: “todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (v. 19).

Rabí Itzjak dice que la respuesta está en que la Torá nos quiere hacer saber que Di-s es Adon Olam (Amo del Mundo), y para que nadie argumente contra el pueblo de Israel el por qué toma una tierra que no le pertenece, y se le responda: “Él la creó y la entregó a quien le pareció recto a Sus ojos. Por su voluntad se la entregó a ellos, los siete pueblos keenaním, y por Su voluntad la tomó de ellos y la entregó a nosotros”.

Asimismo el Rambám (Mamónides) dice que bien pudo haber comenzado la Torá por los diez mandamientos, pues en ellos se enuncia que Di-s creó en seis días el mundo y en el séptimo descansó, pero contraargumenta que fue hecho así para enseñar que un pueblo que no sigue la voluntad de Di-s ha de ser expulsado del territorio que se asignó originalmente (La Tora con Rashí p. 3). Es interesante encontrarnos con que la justificación del relato de la Creación en Bereshit tenga razónes históricas, es decir: la intervención de Di-s en la historia; Amo de la misma y de todo lo que acontece y hay en ella.

Bereshit también contiene los secretos de los días postreros, que inicialmente brillan en la voluntad divina: el Mesías como esa luz (Gen 1:3) y al mismo tiempo como ese consejero primordial de la Creación, según Mishlé (Proverbios 8:30), que dice “con Él estaba yo ordenándolo todo”. El midrash comprende que es la Torá aquella que sirvió de guía a Di-s para realizar la creación. De todas las cosas que precedieron la Creación, el Nombre del Mesías figura como la séptima y última:)

  1. La Torá (el fundamento de la vida, donde el Mesías es revelado)
  2. teshuvá (arrepentimiento, por el cual el alma humana puede acceder al Maljut Shamayim)
  3. Gan Édén (paraíso, donde residirán los justos al final de los días, después del juicio final)
  4. Gehinam (el infierno, donde los impíos serán mandados)
  5. Kisé hakavod  (el Trono celestial, desde donde el Señor juzgará a vivos y muertos)
  6. Beit Hamikdash (El Santo Templo, residencia de Di-s en la tierra, y sobre el cual se hizo alusión en la basorá de Yohanán 1:14)
  7. HaShem HaMashíaj (el Nombre del Ungido, quien traería la Salvación final a los justos)

¿Por qué es mencionado el Nombre del Mesías al final? Porque Él será el autor de la Redención final para Su pueblo Israel y para los que, de entre las naciones se abracen a Él; porque será revelado a Su pueblo Israel como aquél a quien atravesaron, tal y como Yosef se revela a sus hermanos al final. ¿Y por qué está mencionado al principio? Porque desde el principio ES, como Él Mismo lo expresó: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver Mi día, y lo vio, y se gozó [...] antes que Abraham fuese Yo Soy” (Yn 8:56-57). Y aún más, porque Él aseguró, conforme a la Torá –que también es al principio–: “Yo soy la Or haolam, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Yn 8:12).

La luz del reshit haolam (principio del mundo) es “aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre [...] En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Yn 1:9-10), ni los suyos muy cercanos, pues está oculto para los soberbios y es hallado por los humildes. En el piuyt Lejá Elí que se canta en Yom Kippur, se menciona la HaOr HaGanuz, la “Luz oculta” que está delante de Di-s y sobre la cual se ruega que sea “mi secreto y mi refugio”, y que es la luz primordial que fue oculta al mundo, aunque es para el mundo (como Yeshúa lo manifestara y dijera). En Pirké de Rabbi Eliézer y en Bereshit Rabbah esta luz de Bereshit, anterior a la de las estrellas y el sol, es el mismo Dios vestido de luz que crea el mundo.

Ésta es nuestra Luz, que da razón del mundo; de su principio y su final: el primero y el último; el álef y la tav.


¿Creación de la nada?

Durante siglos se ha creído que Di-s creó el mundo de la nada. La idea es de origen cabalista, de hecho, no es bíblica (Gershom Sholem). No puede decirse, desde tiempos anteriores a la cábala, que el pensamiento de los  antiguos haya sido así. Al respecto existe un comentario al versículo 2 del primer capítulo de Bereshit (Génesis), que dice:

1:2. la tierra había sido. He aquí un caso en el que una pequeña cuestión gramatical pone hace una diferencia para la teología. En el hebreo de este versículo, el sustantivo se encuentra antes del verbo (en la forma perfecta). Esto ha venido a ser la forma conocida de convenir el pasado perfecto en el hebreo bíblico. Este punto gramatical signfiica que este versículo no quiere decir “la tierra estaba desordenada y vacía” –refiriéndose a la condición de la tierra comenzando el instante en que fue creada–. En vez de esto, este versículo significa que “la tierra había estado desordenada y vacía” –esto es, que ya existía en esta condición desordenada previa a la creación. La creación de materia en la Torah no viene de la nada (creatio ex nihilo), como muchos han declarado. Y la Torah no declara estar contando eventos desde el principio del tiempo. [traducción mía]

Elliott Friedman, Richard. (2003) Commentary on the Torah with a new English translation and the Hebrew text. Harper SanFrancisco: New York, p.6.

De hecho, más adelante continúa el autor, se podría decir que lo único creado de la nada es la luz, ya que Di-s dice: “Hágase la luz”, y la luz fue hecha. Pero en el caso de la tierra, los cielos, las estrellas, etcétera, salieron de la misma materia a la cual Di-s ordenó.


Recordar lo inaccesible…


Dawn of Creation *

Cargado originalmente por ms4jah

De acuerdo a la Torá, el shabat debe ser recordado (Éx 20:8), “traido a la mente”. No es tan sólo una cuestión de olvidarlo simplemente, durante la semana, por el deber de las cosas. Se trata de “mantener vivo”, como la memoria de algo o alguien preciado. De hecho, la memoria forma parte de la identidad de una persona (y un pueblo); por ejemplo, recordar los lugares de la infancia e, inclusive, desear tener la sensación de algún momento pasado, ése es el sentido de la remembranza.

Aunque para el shabat esto sería recordar algo a lo que no asistimos; que es secreto a nuestro entendimiento y hasta a nuestro sentido del tiempo, y que son los orígenes del universo. ¿No es eso lo que se menciona en el kidush? Ahí donde estamos ausentes, la Torá nos pide recordar. Pero, obviamente, no es recordar el hecho del que no tenemos consciencia sino el acto creador y el acto de reposo: principio y fin codificados en una potencia sin motivo aparente, de pura gratuidad.

Recordar los motivos de la creación, también, su gratuidad. Aunque estos motivos no están revelados excplícitamente sino implícitamente. Son secretos y, por lo tanto, cercanos a Di-s. Recordar el shabat para santificarlo implica situarse en los orígenes de la gratuidad del acto creativo de Di-s, donde toda criatura –como seres vivos del mundo, toda vida– tiene su sentido en lo secreto de esta gratuidad.

La memoria de este acto nos sitúa más allá de nosotros mismos y de nuestro pasado y futuro inmediatos, es decir, de nuestra memoria como seres finitos y nuestras expectativas en el orden de la vida. Y sin embargo, dice el versículo, que recordar tiene la intención de santificar el día, es decir, de traerlo al presente de nuestra finitud, de nuestra tentación, de nuestra corrupción biológica y del alma…, para santificarnos con él. ¿Quién santifica sino el sacerdote? Pero si el pueblo no tiene esa condición –por lo menos, con Moisés–. Esto es una cosa aparte, tal vez por eso la importancia de la santificación ligada a la memoria como sentido de la identidad. Una identidad espiritual.

Recordar el shabat implica ir hacia el origen de la santificación en la cotidianidad: el acto creador, gratuito, lleno de jésed (compasión), sin propósito naturalmente aparente, pero sobrenaturalmente codificado en secreto. Un secreto revelado en la Torá, y que se hace vivo con toda la sobrenaturaleza del amor de Di-s y el acto divino creador. Un secreto encarnado en Yeshúa.


Vida de entre los muertos.

Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? (Ro 11:15)

¿No es esta una afirmación sobre los últimos días? Recuerda, asimismo, esta admisión, a Yosef (José) recibiendo a sus hermanos de vuelta a sí mismo. En griego, la palabra que aparece en la carta es πρόσλημψις, que quiere decir justamente eso: recibir. Si bien Rav Shaúl habla del buen olivo y las ramas del olivo silvestre injertadas contra naturaleza en el bueno, la recepción no sólo representa re-incersión sino volver a tomar lo que es propio.

Yosef se revela a sus hermanos y es el momento en que se hace volver a Yaacov al redentor. Yaacov (Israel) es redimido por uno de sus hijos, es decir, en quien se preserva la promesa dada a Avraham: la simiente (uno) y que representa un redentor para su pueblo: Yosef, como el Mesías vendría del seno de Israel, el pueblo judío será redimido igualmente por uno que salió de su seno, un Salvador (Yeshúa), retoño prometido (hanetzer) y ungido (mashiaj).

Entonces, Yaacov no muere de hambre.

Los años son importantes: 7 años de hambre… 2 años de que sus hermanos no lo reconocieran y de haber sido probados hasta el momento en que muestra su gracia hasta el fin: 5 años restantes en que estarían con él sin que pasaran hambre y, pues, terminara el decreto divino al respecto.

El número cinco se muestra como la gracia que el Mesías retorna a Israel cuando éste lo reconoce, sobre todo, cuando el pueblo entero (Yaacov) regrese a Él. Entonces, conforme a lo que confirman los profetas, Israel tendrá el botín de las naciones en los últimos días:

y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. (Gén 45:18)

Este “mí” y este “yo” son las palabras de un redentor. Ahí es donde está la admisión, cuando en medio de su contrición, anonadados por la revelación, viene la vida de entre los muertos: el momento de la resurrección de los muertos.


Shabat kodesh 3 – ¿Cómo reposar en shabat?


jewish art

Pintura hecha por Yossef.Sofrim

¿Es el shabat para reposo físico solamente? No, por supuesto. La Torá es clara al decir: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra” (Éx 20:9). Esto se refiere a cualquier cosa posible hecha por el hombre… עָשָׂה (‘asáh), una labor que contiene un resultado para beneficio propio. En un equivalente castellano sería “hacer”. Pero uno puede “hacer” prácticamente cualquier cosa. ¿Entonces qué es lo que se prohibe “hacer” en shabat?

Detengámonos un momento y démonos cuenta de algo: la prohibición tiene un sentido negativo. No dice, propiamente, qué hacer… Aunque sí, podría decirse, de manera implícita. Descansar…, y ahí viene la cosa, ¿descansar de qué? De todo lo que hagas. Veámoslo en este sentido, la prohibición está en relación directa con la celebración del séptimo día de Bereshit (Génesis). Dios ceó. Dice en hebreo:

וַיִּשְׁבֹּת בַּיּוֹם הַשְּׁבִיעִי, מִכָּל-מְלַאכְתּוֹ אֲשֶׁר עָשָׂה

“Y cesó -reposó, descansó- (vayishbot, que viene de shabat) en el día séptimo de toda su labor que había hecho” (Gn 2:2). Qué intersante: designar el reposo haciendo acción el nombre del día séptimo (“Y tuvo shabat“, sería una traducción…)

Así, este tipo de reposo designa su carácter: santo. En seguida, dice:
וַיְכַל אֱלֹהִים בַּיּוֹם הַשְּׁבִיעִי, מְלַאכְתּוֹ אֲשֶׁר עָשָׂה; וַיִּשְׁבֹּת בַּיּוֹם הַשְּׁבִיעִי, מִכָּל-מְלַאכְתּוֹ אֲשֶׁר עָשָׂה

“Y tuvo shabat de toda su ocupación que creó Elohim para hacer”, dice la segunda parte del versículo. Por lo tanto, en Bereshit (génesis) ese descanso está ligado a la obra hecha los 6 días de actividad de la creación. Así, se toma el modelo calendárico de la semana. Además de que esto es una firma divina sobre el movimiento de los cuerpos celestes alrededor del sol, el shabat concluye esencialmente con toda obra hecha.

En Éxodo dice: “tu obra”, no sólo por ser humana, sino por ser aquélla que cada quien hace. Di-s nos habla desde nuestra obra hacia nuestro reposo.

El mandamiento en Éxodo 20, por lo tanto, al referir al Génesis, está designando el reposo con respecto a los 6 días de actividad humana (“tu obra”). ¿Qué es lo que hacemos en esos 6 días…? Trabajar, obviamente, pero, ¿en qué? Yeshúa problama que el Padre todavía trabaja, y lo dice un día de shabat…

¿Qué trabajo es el del Padre en las palabras y obra de Yeshúa en ese momento de la historia? La salvación, por supuesto. Nosotros, ¿en qué nos ocupamos? No creo que Yeshúa se refiriera a algo físico, sino a lo espiritual. ¿Cuál es la ocupación de nuestras almas? ¿Qué es aquello que, durante la semana; durante toda nuestra vida, nos ocupa…? ¿Qué afán tenemos que no corresponde con el trabajo del Padre y del Hijo?

¿Trabajamos en nuestra salvación…? Pero antes, ¿de qué hemos de reposar? El shabat es santificado por Di-s por tratarse del reposo mismo, es decir, por la obra hecha los 6 días previos. El hombre también descansará, en una correspondencia hacia lo divino. Como dice la Palabra: un pacto perpetuo. Una señal. Descansará, pues, de todo aquello en lo que se afana.


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