En la carta a los Romanos, cap. 11, el rabino Shaúl habla que el no judío es injertado en el buen olivo, que representa a Israel fiel al Eterno, así como de los judíos reinjertados en la fe del Mashiaj Yeshúa. Bien. Pero hay una parte esencial que atañe a nuestro día a día:
Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. (Ro 11:16)
Y es que el ser injertados, como lo plantea R. Shaúl, significa estar situado en el lugar por donde corre la savia del patrón (la planta, el árbol) en donde hemos sido introducidos. Si la savia del olivo no corre por el injerto, entonces debe ser cortado y puesto en su lugar otro. Así ha pasado y así seguirá siendo. Por eso la santidad que corre por el olivo debe correr igualmente por el injerto hasta que éste no sea ya más silvestre, sino que sea parte del buen olivo como si hubiera nacido de ahí.
La forma en que esto ha se der explícito es cuando da su fruto. No basta, pues con pertenecer al buen olivo, sino que uno ha sido injertado ahí para dar un fruto. Éste es el resultado de su incersión. El fruto, conforme a la savia que corre y así como R. Shaúl lo entendió, es la santidad.
Debemos comprender que este es el propósito de todo injerto: formar parte del patrón y crecer para dar fruto. Así, esto coincide completamente con el orden de las moadim (fiestas) bíblicas en las que se sitúa la vida espiritual: de Pésaj a Shavuot (pascua a pentecostés) se espera que madure el grano de cebada para ser recogido en esa segunda fiesta.
Lo mismo podemos decir del creyente: una vez formando parte del pueblo de Di-s, por medio de la fe en el sacrificio del Mashiaj, se espera de él que crezca y madure para dar su primer fruto. ¿Cuál es este primer fruto? Veamos la fiesta: Shavuot, hacia la cual nos aproximamos. Fiesta en la que se recoge la cebada, pero que conmemora igualmente la entrega de la Torá en har Sinai, la Ley. Esto es, el compromiso con Di-s, como un compromiso de bodas.
El fruto, resultado del crecimiento del creyente (en la fe, practicando misericordia, justicia, rectitud, etc.) es el compromiso con el Di-s que lo sacó de Egipto (la esclavitud y el pecado). ¿No es por eso que comienzan las diez palabras (10 mandamientos) con estas: “Yo soy Adonay tu Di-s que te sacó de la tierra de Egipto” (Éx 20:2)?
Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? (Ro 11:15)
¿No es esta una afirmación sobre los últimos días? Recuerda, asimismo, esta admisión, a Yosef (José) recibiendo a sus hermanos de vuelta a sí mismo. En griego, la palabra que aparece en la carta es πρόσλημψις, que quiere decir justamente eso: recibir. Si bien Rav Shaúl habla del buen olivo y las ramas del olivo silvestre injertadas contra naturaleza en el bueno, la recepción no sólo representa re-incersión sino volver a tomar lo que es propio.
Yosef se revela a sus hermanos y es el momento en que se hace volver a Yaacov al redentor. Yaacov (Israel) es redimido por uno de sus hijos, es decir, en quien se preserva la promesa dada a Avraham: la simiente (uno) y que representa un redentor para su pueblo: Yosef, como el Mesías vendría del seno de Israel, el pueblo judío será redimido igualmente por uno que salió de su seno, un Salvador (Yeshúa), retoño prometido (hanetzer) y ungido (mashiaj).
Entonces, Yaacov no muere de hambre.
Los años son importantes: 7 años de hambre… 2 años de que sus hermanos no lo reconocieran y de haber sido probados hasta el momento en que muestra su gracia hasta el fin: 5 años restantes en que estarían con él sin que pasaran hambre y, pues, terminara el decreto divino al respecto.
El número cinco se muestra como la gracia que el Mesías retorna a Israel cuando éste lo reconoce, sobre todo, cuando el pueblo entero (Yaacov) regrese a Él. Entonces, conforme a lo que confirman los profetas, Israel tendrá el botín de las naciones en los últimos días:
y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. (Gén 45:18)
Este “mí” y este “yo” son las palabras de un redentor. Ahí es donde está la admisión, cuando en medio de su contrición, anonadados por la revelación, viene la vida de entre los muertos: el momento de la resurrección de los muertos.
Pesaj (pascua) es la primera fiesta, después del shabat, que inaugura el año sagrado. Con ella nacemos para ser un pueblo para Di-s. El Di-s de nuestros padres, de aquellos que comparten la promesa del Deseado, el que vino y vendrá a juzgar a la tierra.
Pesaj nos cuenta algo que ya sucedió y lo recordamos para anclarnos a la realidad de nuestra condición actual; quienes hemos creído somos nuevas critauras en el poder del Mesías.
Israel salió de Egipto, a pesar del poder egipcio. Israel ha escapado de sus enemigos, aunque con fuertes padecimientos, y sus enemigos son finalmente capturados, eliminados. En el seder de Pesaj cantamos “lefijaj”, diciendo:
“pues no se levantó sólo uno para exterminarnos, sino que de generación en generación se levantan para matarnos”
No hace falta evocar los acontecimientos históricos del siglo veinte para recordar esta tremenda verdad. Hoy mismo el pueblo judío sufre persecusión en Argentina, y en varios lugares del mundo se obra violencia en su contra. En Europa y el continente americano, las noticias sobre el Medio Oriente muestran a un pueblo judío injusto contra los palestinos; sin escrúpulos, combatiendo estúpidamente por una tierra que “no es de ellos”.
La mala fama sobre el pueblo de Israel siempre está acompañada de suma ignorancia e intereses judeófobos. Sin embargo, no puede decirse que el pueblo judío es un pueblo santo. Por ello mismo Di-s, en Su Palabra menciona al remanente. De todos aquellos que padecen el mal, unos quedan, quebrantados y en ellos el Señor edifica de nuevo. Por ello podemos cantar junto a ellos:
“pues no se levantó sólo uno para exterminarnos, sino que de generación en generación se levantan para matarnos;
y el Santo, bendito sea Él, nos libra de sus manos”
¿Cuál es el mérito de Israel para ser liberado? Ninguno, pues se cata en el Seder el salmo 115 que comienza: “No a nosotros Adonay, no a nosotros sino a Ti sea dada la gloria”.
“El que guarda el shabat por Di-s será guardado”, dice el piyut. La tradición judía -y esta es una enseñanza recurrente- nos dice que no es el pueblo el que guarda el shabat, sino que es el shabat el que guarda la vida del pueblo. Respetarlo, por lo tanto, será preservar la vida de muchos.
El shabat se encuentra en los diez mandamientos. Pero antes de la Ley ya existía el shabat y era respetado. De entrada, es el séptimo día después de la creación. Pero este primer y santificado séptimo día no es una cosa exclusiva de Di-s para Di-s mismo. Como un regalo que se hiciera a sí mismo y que sólo retornara a Él, sino es el día en el que la creación entera participa del bien del Creador.
Luego, en Números encontramos que, antes de recibir la Ley en el Sinaí, el pueblo judío no podía recoger el maná en el séptimo día, sino que en el sexto recibirían el doble de porción.
¿Por qué será que este día se dispone anes de la Ley y qué significado tiene esto para nosotros hoy?
La ley, para decirlo en pocas palabras, representa el pacto de santidad entre el pueblo de Israel y Di-s. El pueblo judío debe respetar ese pacto dado casi en exclusividad. En él se distingue el respeto particular del shabat, como un signo con el que delante de las naciones, el pueblo judío proclama su pertenencia al Di-s vivo.
Sin embargo, ante del Sinaí, se prefigura y esto determina una de sus características especiales, que es el arrepentimiento, es decir, la vuelta a Di-s. Israel, en el desierto, fue llevado más allá de su necesidad inmediata -el no padecer hambre-, hacia el sentido mayor de su sustento, la trascendencia de complacerse en Di-s porque Él sustenta a toda criatura y, desde el principio, dispuso para ellas la vida.
El shabat en el desierto representa la vuelta al Creador, aún antes de toda santificación en la Ley, la santificación -el guardar- el shabat es dar al Creador el honor y el lugar más alto por causa de Su misericordia.
Es, al mismo tiempo, el límite -como el fin de la semana- de nuestra imprudencia -de la inmanencia- para trascender hacia Él.
De todas las cosas que pueden decirse sobre el día de reposo, está el significado trascendente de su práctica, más allá de las formas convencionales para entenderlo. Seguramente en la mente de muchos está la pregunta de cómo es ese reposo. ¿Qué significa reposar el día de shabat? No sólo eso, aún preguntas, para algunos más inquietantes entre los creyentes en Yeshúa, como: ¿debo respetar el shabat? Consideremos de entrada esta pregunta respondida: si en el B´rit Jadashá no se plantea el problema es porque el mundo en el que se desarrolla es judío. Esta pregunta, pues, no tiene planteamiento coherente. Así que sigamos con nuestra pregunta principal, ¿qué significa ese reposo? ¿Cómo reposar? Debemos decir, antes de continuar, que el shabat y su reposo pueden ser entendidos en varios niveles. No haremos un recuento histórico de cómo el shabat es considerado, pues en este blog no hay espacio total para ello y existe, además, mucho material que puede ser consultado. Mientras, comencemos por la forma en que es tratado por la tradición de su celebración en esta primera parte, para terminar, después, en otra entrega, hablando de la relación entre shabat y Mashiaj:
1. Kidush y el séptimo día.
Fuera de discusión está el hecho de que el día de reposo es el séptimo. Desde el Génesis hasta la semántica castellana para ese día (“sábado”, de shabat) el día representa la obra perfecta de Di-s. En el kidush se le recuerda primeramente por versículos escogidos del Génesis (Bereshit) que hablan de que
Di-s completó en el séptimo día Su labor … y cesó en el séptimo día … Dis bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él cesó de toda Su labor que Di-s había creado para hacer (subrayado mío.)
Esto debe dejar claro que el día de reposo no puede ser cualquiera, como por ahí muchos venidos al Señor en el Nuevo Pacto, comentan y toman para sí. Nótese que “séptimo día” está repetido 3 veces, así como el hecho de que Di-s cesó de Su labor (uno de los significados para shabat es cesar). Esto quiere decir que es completa la afirmación así como el hecho sagrado de que es el séptimo día aquél que Di-s bendijo -como a todos los demás- y que santificó -como únicamente a este día-. Por eso, y sólo por eso, el shabat es el único día santificado por Di-s. Queda zanjada toda discusión sobre la santificación humana de cualquier otro día o de todos. Para esto digamos que los días no necesitan ser santificados, sino las personas. Además de que nadie tiene el poder de santificar un día, como Di-s. Nada tiene que ver el considerar “todos los días” para que en ellos obedezcamos al Señor y el hecho de que el séptimo día es santo.
2. Día séptimo + santidad = shabat sagrado.
Justamente el título de esta serie es Shabat kodesh, “shabat sagrado”, cualidad imborrable -aunque violable- del carácter del día. Si es completo el sentido del reposo y santidad para este día, ¿por qué no es repetido de la misma manera que el cesar de Di-s? La pregunta más adecuada es: ¿por qué es mencionado tan sólo una vez? Por que es único. El uno tiene que ver, en este caso, con el designio divino de todo aquello que no puede ni debe ser cambiado, el shabat, pues, no tiene contraparte: no existe un dia de no-reposo. Esto quiere decir que cualquier otro día que los hombres santifiquen, que no sea el séptimo y que no parta del mismo -ya lo veremos- es una invención arbritaria. Y no santa.
La santidad del día para ser entendida debe ser representada. Así, siguiendo la recitación del kidush, vemos que termina diciendo que es:
…remembranza de la obra de la Creación, el principio de las convocaciones de santidad, remembranza de la salida de Mitsráyim.
Estas tres características primordiales abren el panorama para la significación del día. Resulta que Di-s comenzó santificando el séptimo día para conventirlo en reposo de Su pueblo elegido y de la historia de éste. El shabat determina el orden calendárico del tiempo hebreo, aquí está su quintaescencia cotidiana. El orden de las celebraciones y las reuniones santas, todas ellas formas de comprender nuestra relación íntima con Di-s. No sólo eso, finalmente, el shabat recuerda la libertad primordial del pueblo hebreo, que en Yeshúa, sabemos que Di-s escondió el significado de la liberad del pecado para obtener la vida eterna. De tal manera que el shabat contiene el valor y el sentido de la vida desde el comienzo de la creación, pasando por la estructuración de nuestra relación con Di-s, hasta el momento de los días postreros, cuando el Mashiaj vendría a redimir al mundo, y con ello, el paso hacia el Olam Ha’ba, el mundo venidero.
La próxima vez hablaremos del sentido de el reposo de y en shabat. ¿Quién puede quitar lo que Di-s dio y lo que Él santificó?
En el libro del profeta Zacarías se menciona lo siguiente:
sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí que Yo grabaré su escultura, dice Adonay de los Ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día. (Zac 3:9)
Esta piedra mencionada en Zacarías, lo está en relación a Josué sumo sacerdote respecto de la reconstrucción del Templo al regreso de los judíos a Eretz Israel desde Babilonia. Esta es una piedra angular, primordial en la edificiación de dicho edificio, tal como se habla de ella en el Salmo 118:22,
la piedra que rechazaron los edificadores vino a ser la piedra angular.
Cuando la escultura de la misma esté grabada porel mismo Di-s, el pecado de la tierra -Israel- será quitado en un día. Este día puede ser una alusión al servicio del Yom Kipur en cuanto hay un sacrificio expiatorio representado en un macho cabrio que es inmolado y la acción de apartar el pecado de Israel representado en el otro macho cabrío llevado al desierto. El apartar el pecado, llevarlo a la desolación es una idea que está presente también en Miqueas 7:19,
sepultará nuestras iniquidades y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Finalmente, en Éxodo se dice:
fue en ese mismo día que salieron todas las legiones del Eterno de la tierra de Mitzrayim. (Éx 12:41)
En todas estos encuentros escriturales, el denominador común es que un un solo día ocurrirán grandes cosas. Tenemos el agente de la expiación y el apartamiento del pecado; a Di-s mismo sepultando la iniquidad y echando el pecado y también a Él como escultor de una piedra angular para el Templo, con la que comenzará la edificación del mismo. Lo importante es, pues, que todas están relacionadas con un solo día (háblese de la noche, es lo mismo, pues el día hebreo comienza al crepúsculo.)
En ese día el pecado será apartado, arrojado, quitado, como en la noche de Pésaj fue libertado Israel de inmediato, acción comparada con un pan que no pudo fermentar. Este pan, dice Yeshúa, es Su cuerpo entregado por nuestra causa (Lc 22:20) y Su sangre, la expiación y la garantía de salvación, en un solo día, el día de Su sacrificio como korbán.
Ésa es la escultura tallada por Adonay, es decir, hecha a medida de la redención y la libertad de Su pueblo y del mundo:
Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Di-s enviados por toda la tierra. (Ap 5:6)
Hay quienes olvidaron que las enseñanzas de Adon Yeshúa están hechas para llevarnos a un cambio constante de nuestra vida frente a un urgente estado de alerta que el creyente debe tener: vendrá Di-s a otorgar una recompensa por las obras que uno haga, ya sea de justicia o de impiedad.
Yeshúa transmitía su mensaje para el pueblo que esperaba una pronta redención; la restauración de Israel; el reino mesiánico que vendría a poner, por fin, la paz y la justicia de la mano de la adoración al Di-s único reconocido por todas las naciones (hostiles a Israel o idólatras.)
Yeshúa habla a las almas que tienen una fuerte necesidad de ser libertadas de las injusticias, de las opresiones y que son capaces de fundamentar su esperanza no en la venganza, la guerra o la justicia propia, sino en la práctica del bien, desechando la ira, el amor propio, las fórmulas humanas para traer la paz a sus almas.
Por eso la necesidad de cambiar es pronta. Él vendrá, ¿y tenemos nuestro tesoro entre los hombres o buscamos un tesoro celestial?
Lo interesante es que existe la vieja acusación de que no se cumplió lo que Yeshúa había prometido: que vendría. Esto contrastaría con su mensaje de poner en acción inmediata el arrepentimiento. Si pensamos diferente a una pronta redención; a una inminente llegada del Bar Enosh, entonces estamos cambiando nuestra esperanza por la comodidad de experimentar un poco que podemos acumular tesoros en la tierra.
Tesoros en la tierra: reconocimiento público de nuestras buenas obras; no incluir lo que consideramos trivial en la misma categoría de los mandamientos más importantes; ver de soslayo la negación de nosotros mismos frente a nuestros planes de éxito personal, etc.
Yeshúa viene pronto, lo que quiere decir:
el tiempo es corto para arrepentirme;
mi vida debe cambiar radicalmente para bien, justicia, integridad y humildad;
mi esperanza está fundamentada en lo eterno, y el quehacer cotidiano debe estar cargado de justicia más que de goce, realización personal o indolencia;
que la misericordia represente el rostro de Di-s en mi cotidianidad;
que abandono la ira, el desprecio al necesitado, mis sueños de grandeza, mi amor propio y ando en Sus caminos donde nada me falta.
El exilio de Israel, profetizado ya en Deuteronomio, expone la vida del pueblo de Di-sen las peores condiciones: postración, idolatría, sequedad; como muertos, habiendo hecho figuras de su propia locura, “dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen” (Deut 4:28), así somos cuando decidimos apartarnos en pos de nuestros caminos, conducidos por nuestra sabiduría; construyendo nuestro propio destino de fatuidad.
Sin embargo, es claro el texto cuando dice: “si desde allí buscares a Adonay tu Di-s, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (v. 29), lo cual, demuestra la grande misericordia de Di-s; habiéndose apartado hacia la muerte, como lo representan los ídolos, Israel, desde ahí, en medio de la idolatría y la transgresión, puede hallar hacia Di-s las puertas abiertas, mientras el corazón esté completamente convencido, y el alma, de necesitar de Sus aguas.
El exilio es como un desierto. Fuera de Israel, de hecho, hay desiertos. Esta situación está contemplada aún para los postreros días, cuando Di-s extiende Su misericordia, diciendo a Israel, “si … volvieres a Adonay tu Di-s, y oyeres Su voz” (v. 30).
Estos “postreros días” son momentos de “angustia”, “estrechos” -como es lo que significa en hebreo- y esto hará que los que no se acuerdan de Su Di-s, en ese momento, lo tengan en mente y vuelvan a Él.
Esto nos ayuda a ver que en el quebrantamiento de Su pueblo, Di-s se muestra misericordioso a pesar de su transgresión. Pero los que vuelven a Él sólo son los que no dejan ni una mínima parte de su corazón en la vida de opresión, en la opulenta y seca vida que es andar en nuestros propios caminos, conducidos por la sabiduría personal…
Esta condición en la que el potencial humano se ve destruido, es el comienzo de la verdadera libertad; el corazón humillado es el único que puede acceder a cambiar su yugo por el de Di-s que realiza con poder Su obra en quien vuelve.
Esta libertad sólo existe cuando el quebrantamiento se convierte en el estado en que el alma permanece: humildad y mansedumbre habrían de ser nuestras constantes; si bien la oportunidad es extendida hasta el último momento para Su pueblo, ¿cuántas veces no hemos menospreciado a Di-s cambiando Sus mandamientos por nuestra propia ley en nuestros corazones, hoy, antes de los postreros días, que acaso no nos alcance el tiempo para volver, si no lo hacemos ahora?
Cuando Gedeón va a luchar contra los madianitas, vemos que exhorta a sus 300 compañeros a tomar los shofares, romper los cántaros y gritar finalmente: “¡Por Adonay y por Gedeón!” (Jue 7:18). Pero, ¿cómo fue el grito original, es decir, el verdadero, el emitido por los judíos? “¡Por la espada de Adonay y por Gedeón!” (v. 20), lo cual es de llamar la atención.
La espada de Adonay no es cualquier eufemismo para hablar de Su poder. Bien pudieron haber dicho “por la diestra, el brazo, la mano, el poder, la fuerza, la misericordia, etc.” Pero fue la espada. La palabra es חֶרֶב (jereb), cuya raíz significa “desolación” y la frase completa: חֶרֶב לַיהוָה וּלְגִדְעוֹן
Terrible figura la de la espada como desolación. La batalla es librada en el valle de Jezreel, una figura importante de masacre y recompensa a la vez que encontramos en Oseas. Aquí, la espada de Di-s es desolación de los enemigos de Israel y es aquí cuando recordamos lo que será al final de los días. En 2Tes 2:8, así como en Isaías 11:4, se habla de “aquel inicuo, al quien el Señor matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida”, por lo que en la batalla librada en Jezreel se prefigura la destrucción del maligno: el que contiende y el rebelde contra Di-s, Madián y Amalec.
Estos dos últimos personajes representan el yugo del pecado, la disención (Madián) apoyados por Amalec de quien se dice en Éx 17:16 que “se levantó contra el trono de Adonay”, es decir, Satanás. El poder de Di-s, el poder de Su boca es la desolación de los enemigos de Israel se lleva a cabo como voz de shofar (Jue 7:20), esta voz es la Voz de Di-s, es Su poder (los madianitas terminan poniéndose “la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento”, v.22.)
Es una Voz de juicio y de justicia, a la vez, de rectitud, pues Israel escuchó la voz de Di-s en el Sinaí como la de un shofar (Éx 19:19), diciendó Quién es Él. De tal manera que ni Gedeón ni el pueblo de Israel ganaron la batalla, sino que fueron instrumentos de Di-s para palpar Su redención y Di-s, por misericordia, destruyó a los enemigos de Su pueblo.
Ahora bien, en cuanto al final de los días, dijimos anteriormente que este pasaje es una prefiguración de lo que será al final de los días, y sí, pero no en cuanto a la destrucción definitiva del mal, que ocurrirá después de la venida del Señor y no al momento. Para eso habrá otra ocasión de hablar.