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Hacia Yom Kippur. En Yom Kippur.

En el rezo de Rosh Hashaná se ruega por que se abran las puertas del bien, de la paz, de la misericordia, de las lluvias, etcétera. Abrir las puertas significa entrar en esa dimensión por la que se ruega. Las puertas son las de una ciudad; puertas donde se encuentra la seguridad de una ciudad fortificada; con guardianes, con ciudadanos que se identifican unos a otros por algo en común: la salvación, la santidad.

Pero en Yom Kippur se cierran las puertas.

En Yom Hazikarón se abren los libros, pero en Yom Kippur se cierran, una vez escritos definitivamente los nombres. Yom Kippur es el momento en que se da el veredicto y no hay más tiempo. No habrá más profecías; más reprensiones ni advertencias. Ni siquiera se prestará oído a los ruegos de los que, cuando tuvieron la oportunidad de abandonar la hipocrecía y la autocomplacencia, siguieron en su necedad.

Hagamos caso a la advertencia, que Rabí Yeshúa enseñó: “después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar al a puerta, diciendo: ‘Señor, Señor, ábrenos’. Él respondiendo os dirá: ‘No sé de dónde sois.’” (Lc 13:25) Ese día será como un Yom Kippur, de la verdad que Di-s ha hecho con la expiación de Yeshúa.

Que el Señor nos inscriba en el libro de la vida.


Juicio, rectitud y guía: la cuenta del omer y los postreros días.

Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente al séptimo día de reposo, contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Adonay. (Lv 23:15-16)

Este mandamiento nos recuerda el deber diario de aproximarse a las revelaciones de Di-s que dan coherencia, santidad, cordura a nuestra vida y a la característica caótica del mal que nos rodea.

Contar el omer es también seguir una senda antigua, conforme a lo escrito (Jer 6:16). Si bien, como en el caso de las fiestas, la ofrenda del ‘omer es el carácter ritual de lo que hoy se denomina como “cuenta”, lo que ha quedado del mandamiento hasta hoy es precisamente eso, la cuenta. De hecho, la falta del ritual y el Templo se contemplan a la hora de realizar la cuenta con el rezo siguiente:

Que el Misericordioso restaure el servicio del Templo a su lugar, prontamente y en nuestros días. Amén.

De hecho, el salmo escogido para su recitación (Salmo 67) confirma el rezo precedente. Sobre todo, aludiendo al Reino Mesiánico con las palabras:

Los pueblos Te reconocerán, oh Di-s, todos los pueblos Te reconocerán.

¿No es este clamor correspondiente con “hacer conocer Tus caminos en la tierra” (en el mismo salmo)? Pero, ¿cómo las naciones conoceran los caminos de Di-s si su pueblo no los hace conocer?

Esto mismo es lo que hicieron hace 2000 años los discípulos de Yeshúa HaNetzeret: la cuenta del omer es realizada después del día de Pésaj, por lo que tiene una estrecha relación con la fiesta. Es el puente entre esta fiesta y aquélla por celebrar 7 semanas después. La cuenta del omer es la espera del sentido actual de la redención. Los talmidim de Yeshúa esperaban la fiesta con ansiedad.

Justamente es en Shabuot cuando se proclama el mensaje mesiánico con mayor fuerza, usando las distintas lenguas que hablaban los judíos dispersos en otros lugares (Hch 2) para hablar de la gloria de Di-s. Así es como los judíos que creyeron (tres mil personas) fueron a los lugares donde vivían para llevar esa buena nueva. Cumplían la profecía del salmo.

Y no sólo eso, con relación al Reino Mesiánico, Yeshúa mismo tejía el puente entre su padecimiento, los días postreros y la fiesta de Shabuot (en medio de todo ello, la cuenta de los días hacia Shabuot) (Mt 16:28, Mr 9:1 y Lc 9:27). No es casualidad que, inmediatamente después de las palabras previamente citadas del Salmo 67, se diga:

Las naciones se alegrarán y entonarán cánticos, pues juzgarás a los pueblos con rectitud y guiarás a las naciones en la tierra.

Aquí se relata el sentido final de la redención: cuando el Mashiaj venga a establecer el Reino de Di-s. Esto, si bien está, cronológicamente hablando, al final de las festividades (representado por Sucot) se confirma en Shabuot cuando el juicio, la rectitud y la guía, representadas por la Torá entregada en esa fecha, son otorgadas, para el conocimiento de Di-s a las naciones, por el Rúaj HaKódesh (llamado también Paraklétos en griego, teniendo todas estas funciones -y más- conforme al salmo) cuando la cuenta del omer termina, a los apóstoles y a todos los que estaban con ellos “unánimes y juntos” (Hch 2:1.)

Esta es la Escritura cumplida: los judíos llevarían a las naciones el mensaje mesiánico del arrepentimiento conforme al don (el Espíritu de Di-s que inspiró la Torá) “a fin de hacer conocer Tus caminos en la tierra. Tu salvación en todos los pueblos” (Salmo 67), cuestión que comenzó a cumplirse y que está relatada a partir de Hch 15.

Finalmente diremos: hacer la cuenta del omer, es recordar y esperar por la venida del Reino Mesiánico que habrá de establecer el juicio, la rectitud y la guía hoy y en los postreros días.

יִשְׂמְחוּ וִירַנְּנוּ, לְאֻמִּים:

כִּי-תִשְׁפֹּט עַמִּים מִישֹׁר; וּלְאֻמִּים, בָּאָרֶץ תַּנְחֵם סֶלָה


La mujer virtuosa y el día postrero

En el famoso capítulo 31 de Mishlé (Proverbios) es más que una correcta designación de la función de lo femenino en la vida humana. Aún más: designa el papel de quien espera ser redimido el último día por el Señor.

Mujer y telar marroquies

Mujer y telar marroquíes

Las figuras bíblicas que representan al creyente pasan por nuestra cabeza regularmente como masculinas, pero es también la mujer la que significa este papel, sobre todo en la función de la virtud y el trabajo. Quien quiera leer texto del que hablamos, lo puede hallar aquí. Cuando se habla bien de una mujer en la Biblia encontraremos que tiene determinadas características dignas de tomar en cuenta para nuestro propósito: es una mujer casada, trabajadora, inteligente, sabia, tiene “buen ojo” para los negocios, es prudente y procura el bien para su casa, además de que conoce la “palabra de sabiduría”, esto es, el consejo y los mandamientos de Di-s.

Su marido, por otro lado, es un juez reconocido y justo. Un hombre al que “no le faltará fortuna” (v. 11). Bienaventurado, además, porque ella le procura el bien y no el mal durante todos los días de su vida. En ello hay mucho de virtud. De él se dice algo tan peculiar que resulta ser una imagen de Di-s en el juicio; de los últimos tiempos:

Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. (v. 23)

Recuérdese que los jueces, en tiempos bíblicos, realizaban su trabajo a las puertas de la ciudad. Ahí se lleveba a cabo también las transacciones comerciales. De ahí que encontremos en el libro de Rut a Boaz llevando a cabo un acto legal, siendo él mismo, juez. La tradición hebrea entiende que Lot era juez de Sodoma de acuerdo al comentario de los habitantes de la ciudad y porque sus tiendas llegaban a la puerta de la ciudad.

En Ap 4:1 encontramos un paralelo respecto de la cita previa de Proverbios: “he aquí una puerta abierta en el cielo”. Hay un trono, alguien está sentado en él; hay también 24 tronos para 24 ancianos. En otras palabras, un juez con 24 jueces, un trono de juicio y una puerta abierta; puerta celestial de juicio. Podemos decir que este es el modelo verdadero de Prv 31:23, un juez, a las puertas de la ciudad, rodeado de otros jueces, “los ancianos de la tierra”, es decir, del lugar. En este sentido, el valor del marido como el juez y la esposa como virtuosa se proyectan hacia el final de los días, por no decir que son valores eternos: Di-s Santo y Justo (Juez Justo) y una esposa virtuosa cuya belleza no es pasajera porque se sustenta en la relación que tiene con su marido.

Eshet jayil

Regresando a la esposa, la descripción del estilo de vida que lleva tiene una fuerte relación con el trabajo de vestiduras que, en un análisis de todos sus elementos, son aspectos de la santidad y la fuerza, el sustento y la plenitud en el gozo.  De ahí que el versículo 25, a manera de conclusión, dice: “Fuerza y honor son su vestidura”. En ocasiones el creyente en el Señor se gloría en su inteligencia o fuerza: su conducta, su forma de servir a Di-s. Cuando esto pasa, creyendo que se está haciendo algo bueno, en realidad hace una obra muerta, basada en la prudencia personal.

De tal manera que la humildad, el decoro, la misericordia, el trabajo, etc., forman el estilo de vida de esta mujer virtuosa y que está ligado directamente con los últimos tiempos: La segunda parte del v. 25 dice,

se ríe de lo por venir.

En hebreo “lo por venir” es יוֹם אַחֲרוֹן (yom ajarón), literalmente, “el día postrero”. Este término es usado varias veces dentro de la tradición rabínica para designar los últimos tiempos, cuando vuelva el Mesías. Este reírse ciertamente no designa forzozamente una burla o despreocupación, en el mejo

r de los casos. La palabra para “reír” es תִּשְׂחַק, que es “gozo” y la frase entera habría de traducirse como “se regocijará en el día postrero”.

Este regocijo lo adornan sus cualidades -sin las cuales, por supuesto, no habría tal-. Lo que sigue es una figura del final de los días cuando los justos reciban su recompensa (v. 28-29). La  belleza de esta mujer no es vana ni pasajera, de hecho esta belleza está tipificada como el adorno de sus vestidos en la conclusión del v. 25 (explicándose desde el v. 22): “Fuerza y honor son su vestidura”, donde la palabra para “honor” es הָדָר (hadar) que signifca “ornamento”, “esplendor”.

Así, el último versículo habla de su entrada favorable en el juicio: “alábenla en las puertas sus hechos”. Estos hechos son las obras probadas y expuestas a escrutinio por Di-s mismo. Este es el momento del juicio cuando nuestras obras hablarán por nosotros (más que nuestros argumentos):

pagará a cada uno conforme a sus obras (Mt 16: 27)

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará … el fuego la probará (1Cor 3:!3)

Este día del que habla R. Shaúl es el día del juicio. Y todos, sin excepción, habrán de ser juzgados, pues también, ¿no es eso lo que dice sobre la muerte, que después de ella, el juicio (Heb 9:27)?

Finalmente, al decir “Dadle del fruto de sus manos” resume toda la enseñanza del capítulo como parte de la obra de sus manos: el trabajo en la salvación; el comer el pan del cielo y no el pan de la pereza…

Así nosotros debemos procurar no saciar nuestro ego haciéndonos perezozos en el guardar nuestra propia salvación. Esto sólo puede ser así practicando las enseñanzas del Mesías Yeshúa que sólo pueden llevarse a cabo (como, por ejemplo, amar a los que nos persiguen y buscan nuestro mal) si tenemos la vida en Él, si tenemos un corazón cambiado y limpio por Su sangre. La pereza, una cualidad que Di-s abomina, se encuentra en las parábolas de Yeshúa que tratan sobre Su regreso, pues bien dice que

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así (Mt 24:46 y Lc 12:43)

¿Haciendo qué? Velando. Vigilando. Siendo fiel y prudente y no dándose a sus placeres e incredulidad como un perezozo. ¿Trabajador en qué? En las obras de justicia, rectitud; siendo fiel a la integridad sustentada en la Palabra de Di-s; haciéndose fuerte en Di-s, mientras es débil en sí mismo, como una mujer virtuosa que se levanta temprano para dar la ración a sus doncellas, hilando vestidos de santidad para sí; adornándose de la sabiduría eterna y que no hace las cosas por su propia cuenta sino que es poderosa, חַיִל (jayil – Prov 31:), “virtuosa”, como la diestra de Di-s hace proezas, חַיִל (jayil – Sal 118:16.)


La venida del Mesías: misterio cósmico 2

Gilgal y Bet-El, dos recintos de culto a Di-s en la época de Jeroboam y el tiempo del profeta Amós. Estos dos lugares se habían convertido en santuarios del reino de Israel y lugares donde el pueblo aumentaba su pecado. Cumplían muy bien con los requisitos rituales pero no había un cambio en el corazón. Esa abominación Di-s la aborrece y todo ello parece que sucede también el día de hoy.

En el libro de Amós se relata el pecado de Judá y de Israel juntos que, como un solo hombre, pero dividido, transgreden desde el olvido de la Ley hasta la perversión sexual.

Por su papel simbólico, Gilgal y Bet-El son lugares, el primero, de recuerdo de la salida de Egipto y la libertad;, el segundo, el recuerdo del pacto dado a Avraham y corroborado con Yaacov y el nacimiento de la esperanza vuelta Israel, además de la revelación onírica de Yaacov.

Estos dos santuarios nos interesan porque pertenecen a los hermanos menores de los hijos de Yaacov, hijos de la misma madre (Rajel) y tratados como preferidos: Yosef y Biniamín (José y Benjamín). Gilgal se encontraba en la región de la tribu de Efraím, hijo de Yosef y Bet-El en Biniamín. En Am 5:6 se habla de “la casa de Yosef” como una yuxtaposición de Gilgal. La casa de Yosef (y no Gilgal) y Bet-El (y no Biniamín) son significaticativamente mencionados en la medida en que todo Yosef se había excedido en la confianza que el santuario representaba para sí, un salvoconducto de su permisividad inmoral y criminal.

Pero la mención de Orión y las Pléyades viene muy al caso con el hecho de buscar a Di-s. De hecho, tiene una íntima relación con la tribu de Yosef y el Mesías. Es en Deuteronomio 33 cuando Moisés profetiza sobre los hijos de Yaacov, y la gloria de Yosef es vista como un “primogénito de toro” y que ”sus astas [son] como astas de búfalo. Con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines de la tierra” (v. 17). Con esta figura de poder, la tradición hebrea ve que está representado en el cielo por el signo zodiacal del toro, y no cabe duda que ese poder lo que destaca en Yosef como prefiguración mesiánica.

La constelación de Tauro está entre Orión y las Pléyades, lo que nos indica el papel profético del valor que tiene Orión como un gigante poderoso al lado del Toro, además de que todas estas pertenecen al mismo signo zodiacal. No es, pues, ninguna casualidad su mención en el texto.

Pero veamos que este toro es el comienzo de la función redentora del Mesías, y a la vez, terrible. Este Orión viene con sus Pléyades y de él, el erudito cristiano Ernst Bullinger (The Witness of Stars), detalla el relato de esta constelación al lado de Eridanus, Áuriga y el grupo de las Pléyades, como del Príncipe de Gloria que viene a redimir y delante de él el juicio, como un río.

Esta interpretación concuerda con la forma en que Amós proyecta el juicio contra Israel -el tipo de sociedad en la que se convirtió en ese momento- como hablando del Día del Señor. Un día de tibieblas, “como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso” (Am 5:19). Así, queda tipificada la venida del mesías por la constelación de Orión y como la redención que, una vez su acción aterradora (Am 5:8 y 9), trae vida, pues “derrama [las aguas] sobre la faz de la tierra” (v. 8).

Finalmente, la manera en que el Mesías viene, transforma las tinieblas en luz y redime con vida, es la misma manera en que hoy sigue actuando en las vidas de quienes buscan Su rostro cuando aún hay tiempo, al que hace al Orión y las Pléyades.


La venida del Mesías: misterio cósmico 1

El profeta Amós registró las siguientes palabras del Creador:

Los que convertís en ajenjo el juicio, y la justicia la echáis por tierra, buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como de noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la Tierra: Adonay es Su Nombre;

y añade:

que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte, y hace que el despojador venga sobre la fortaleza.

En una sociedad en la que los pobres y los ricos se diferencian crudamente en cantidad y en privilegios; donde el derecho está torcido y la justicia está en favor del criminal, cuando los que deben ser el ejemplo vivo de la revelación de Di-s han olvidado la Ley y el testimonio del Eterno, y a su alrededor se han vuelto como sus enemigos: perversos, idólatras, criminales, opresores del pobre y olvidadizos del hambriento; cuando las costumbres de Sodoma y Gomorra impregnan la cultura como reclamándola de origen…

¿Algún parecido con el día de hoy? La crisis de hambre, financiera, moral que vivimos tiene su raíz en quien nadie ejerce la justicia con rectitud. Y luego, los que deben llevar una vida basada en el poder de Di-s han olvidado Sus mandamientos y Su verdad en ellos (La verdad primigenia de los mandamientos es Yeshúa, como lo entiende R. Shaúl: “el fin de la Ley es Mashiaj”, siendo fin una palabra griega que significa “completitud” y “propósito”.)

Amós profetizó juicio sobre las naciones perversas que no tienen a Di-s como Su regulador. Pero es también contra los que pretenden tenerlo que el juicio se eleva con dureza. Estos juicios contra los elegidos son:

  • Langostas: como aquello que devora lo que produce la tierra y trae el hambre.
  • Sequía: como aquello que convierte en desierto la vida sin su sustento y el sustento es Di-s.
  • Fruta de verano: como algo recolectado para ser consumido.
  • Destrucción de los santuarios: como el fin de la relación hipócrita con Di-s adornada de ritual.

Israel esperaba, además, al Mesías, esto es: la redención y la libertad; el juicio contra sus enemigos. Pero ellos hicieron de esa libertad un código de perversidad para su condenación al no tomar en serio los preceptos divinos, pervertir el juicio y tornarse a las costumbres depravadas de sus vecinos, sus cercanos enemigos.

A estos, Di-s comunica:

¡Ay de los que desean el día de Adonay! ¿Para qué queréis este día de Adonay? Será de tinieblas y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra.

A las “vacas de Bashán”, las mujeres ricas que extorsionaban a los que no eran como ellas; a los “reposados en Sión” y “[!] los confiados en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales acude la casa de Israel!” (también, como mencionamos previamente, a los que tuercen el derecho, nada más ni nada menos que los creyentes en el Señor), a éstos nos dice: tres veces: “Buscadme y viviréis”, “Buscad a Adonay y vivid” y “Buscad al que hace las Pléyades y el Orión…”

Tres veces, y en la última, tres formas de hablar de la redención:

  1. Hacedor de las Pléyades y el Orión.
  2. Vuelve las tinieblas en mañana y hace oscurecer el día como noche.
  3. Llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra.

Y aún más, una cuarta, como el colmo de todo ello -en respuesta al colmo del pecado de la casa de Israel y la de Judá (Am 2:4 y 6)-:

4. El que esfuerza al despojador sobre y el fuerte y hace que el despojador venga sobre la fortaleza.

 Esto tiene una conexión con el Día del Señor, conforme al contexto. Di-s establece un juicio eterno que habrá de realizarse el día que venga, proyectado en los tiempos finales, tanto para esa época como para la nuestra. Pero, ¿cómo puede ser entendido este pasaje? ¿Por qué los que tuercen el derecho deben ver al Creador de una constelación y un grupo de estrellas? ¿Cuáles son los referentes bíblicos de este mensaje? O es una simple metaforización que cae en el sentido común.


Del juicio al perdón

Ayer terminó el primer día de Yom Teruáh, el día del toque del shofar, que representa igualmente, el día del juicio. Cada año el libro de la vida se abre para leer el nombre de los inscriptos; éstos tendrán la oportunidad de seguir un año más como una oportunidad para arrepentirse, para andar en rectitud con temor del Cielo.

Evidentemente, la fiesta como moed (מועד) es una cita con Di-s. Esta es la cita que representa el momento en que la prudencia personal es desechada para justificar los errores personales. De ahí el toque del shofar como el llamado a revisar la vida personal a la luz de los mandamientos de Di-s. El toque recuerda otras ocasiones en las que es mencionado en la Biblia, como el momento de la entrega de la Torá en el Sinai. Dicho sea de paso, el shofar no puede ser tocado para cualquier ocasión, sólo por placer; su carácter es sagrado.

En esa tesitura, la reprensión, la corrección, el ánimo a regresar al camino de integridad (Sal 15) son el cometido del sonido del shofar. Su función también es anunciar que el juicio está cercano y todos los seres humanos habrían de comprar “sin dinero y sin precio vino y leche” (Is 55:1); “oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Ap 3:18).

El vino, la leche son representaciones de la abundancia y en el contexto del libro del profeta Isaías, es la salvación: “A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed”. Esta abundancia de balde, es decir, gratuita, es una muestra de la misericorida previa al día en que, los que desechen esta ocpión, vengan a juicio por evitar buscar la vida y la justicia. Quien crea que esto es algo que no requiere de una decisión personal y un constante trabajo en conservar lo que se ha comprado gratuitamente, y piense que será perdonado por haberlo conseguido una vez -y haberlo descuidado después-, está del lado de los que despreciaron esas aguas, esa comida, esa leche.

La riqueza del oro fundido representa la práctica de los mandamientos del Di-s Eterno, pero sin prudencia personal ni vanaglorias. El vestido blanco es la conducta en santidad. El untarse los ojos con colirio es limpiar la mirada que va tras sus deseos, sus muy personales deseos.

De tal manera que no hay pie para engrandecerse, ni jactarse de que sin arrepentiemiento, y más aún, pretendiendo ser un talmid (discípulo) de Mashiaj Yeshúa, habrá perdón y escritura de nuestro nombre en el libro de la vida. El mismo Mesías lo advierte que habrá algunos que, muy a su pesar, aún después de haber hecho obras en Su Nombre, no son parte del rebaño y serán lanzados fuera. Estas obras no pasan la prueba de la justicia porque se hicieron dirigidas por justicia propia.

Ante esta situación no hay nada que nos acerque a ser salvos el día del juicio, el día que se abra el libro, que provenga de nuestra cuenta, de nuestras ideas sobre el poder de Di-s y nuestra forma de entenderlo, sino La verdad divina que sea practicada, asimilada, asumida. La verdad de la justicia de Di-s. Ni las obras ni los méritos de los antepasados, ni los propios pueden hacernos perfectamente justos delante de Di-s. Justamente dice el piyut “Al tedideni” (no me juzgues):

En el día del juicio, ¿en quién me refugiaré y quién estará por mí?

Y en el rezo de shajarit de Yom Kipur, se dice:

Que se levante un buen intercesor para justificarnos.

Y en una de las cartas de Yohanán, a propósito de estos días de arrepentimiento y ruego por el perdón de los pecados, en el contexto de la primera carta subyacen estas fiestas últimas, dice:

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Yeshúa HaMashiaj hatzadiq (el justo.)

En referencia a lo que dice el profeta Isaías: “Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho; por Su conocimiento, justificará Mi Siervo Justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Is 53:11). Esto es decir: que los que han pecado y no tienen justicia que presentar (¿quién la tiene?) ante el Juez, entonces compren la leche y la miel; beban las aguas (una frase que los rabinos usaron para representar el aprendizaje de las enseñanzas de un maestro, y en este caso, el Maestro Justo, Yeshúa) de la salvación; el oro, los vestidos y el colirio que son elementos exclusivos del camino hacia la redención y que remiten forzozamente a ella: la redención y el precio por ella.

La palabra “abogado” en este pasaje es en el griego paracletos, que significa “socorredor” y alquien que delante de un juez intercede por alguien. Éste es el que está el día del juicio por quien tiene emuná en Él. Digamos que este abogado no defendería a nadie de forma injusta, de tal manera que si se trata de un malvado que se ha vuelto (arrepentido) y cambiado sus caminos a los de Di-s, será justificado por Él.

Ésa es, pues, la justicia de Di-s: no dejar sin defensa en el juicio al que se ha vuelto a Sus caminos por completo y con autenticidad. Este abogado lo proveyó Él Mismo, de ahí que diga Rav Shaúl, que este tipo de justificación está “testificada por la Toráh y los nevi’ím” (Ro 3:21). Él Mismo ha otorgado Su perdón para el que se arrepiente (se vuelve a Di-s y no insiste en el pecado.)


Salmo 30, después de la ira

Este salmo tiene de interesante, primeramente, que sigue al 29, un salmo de juicio y en segundo lugar, que fue cantado en la dedicación de la Beit Hamikdash inaugurada por Salomón. Es un canto de alabanza y de agradecimiento por el rescate de la muerte y eso lo hace profético, sobre todo cuando dice: “¡Oh Adonay!, hiciste subir mi alma del She’ol; me diste vida para que no descendiese a la sepultura” (v. 3), lo cual podemos tomar como una referencia a la resurrección (¡qué casualidad, justo después del reinado del Sal 29:10!, véase Ap 20). Los versículos siguientes no dejan de ser más interesantes, citémoslos por completo:

Cantad alabanzas al Señor, vosotros sus santos, / y alabad Su Santo Nombre. / Porque Su ira es por sólo un momento, / pero Su favor es por toda una vida; / el llanto puede durar toda la noche, / pero a la mañana vendrá el grito de alegría. (versión De las Américas)

La ira de Di-s, comparada con la recompensa de la vida eterna es tan sólo un momento. De  hecho, la denominación de “día” del Señor nos refiere a su aparente brevedad. Esta parte del salmo es como un canto después de la ira; y si el salmo 30 está en relación con la inauguración del Templo entonces habla del reinado mesiánico. Al venir la justicia sobre la tierra, Di-s hará que los hombres vuelvan “sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Is 2:5.)

Esto recuerda las palabras de Rav Shaúl al decir que “los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” ( Ro 8:18 ). Aunque él no estaba hablando del día del Señor podemos ver que la esperanza puesta en la fidelidad de Di-s mantiene firmes los espíritus de quienes, igualmete, permanezcan fieles a Él en medio del lamento.

Aún estos momentos de angustia, pues la esperanza hace permanecer en el amor que debemos a Di-s, es decir, la obediencia. Las palabras del Salmo 30:4 (“la ira dura un momento”) tienen, a los ojos del lector atento, una relación significativa e intertextual con Isaías 26, un cántico que enfatiza en la confianza en Di-s y cuyas palabras finales nos hablan de “dolores de parto” (una expresión de los días postreros usualmente connotada por el Talmud) y con ello, de la resurrección. Ha de notarse que habla también del día de la ira y de la forma en que se le denota como fugaz y se advierte con suma ternura a Su pueblo:

 Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Adonay sale de Su lugar para castigar al morador d ela tierra por Su maldad contra Él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos. (v. 20-21)

Si seguimos leyendo hasta el primer versículo del capítulo 27 encontraremos una clara conexión con Apocalipsis 20:10. Previamente se habla de que un ángel con una cadena en la mano prenderá al ”dragón, la serpiente antigua” y que en Isaías es llamada “serpiente veloz … serpiente tortuosa”. En esta última cita se habla de castigarlo con espada “dura, grande y fuerte” y de matarlo, cuestión que hallamos en Ap 20:10 y que viene después de los mil años de reinado mesiánico. En Isaías no es clara la división de acontecimientos como parece serlo en Apocalipsis, sin embargo, vemos que es totalmente coincidente después del día del Señor.

Una especial conexión discursiva encontramos entre el Salmo 29 y el 30, sobre todo en la forma en que se enuncia el poder de Di-s, el día de la ira y la esperanza halladas en Isaías 17:12-13:

¡Ay!, multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas. Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Elohim los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.

Ahora veamos que dicen los versículos que comienzan a hablar de la ira de Di-s y Su juicio sobre las naciones en el Salmo 29 (para una explicación de esto descárguese para escuchar la breve enseñanza “Drashá Tehilim 29″ que se encuentra en la caja del margen derecho o índice de este blog, llamada “Ve lee oye”):

Voz de Adonay sobre las aguas; / truena El-Hakavod. / Adonay sobre las muchas aguas. / Voz de Adonay con potencia. / Voz de Adonay con gloria.

Pero es el versículo siguiente de la cita hecha previamente del libro de Isaías (capítulo 17) el que hallamos (decimos, como discurso) en el Salmo 30:5, lo que nos llevará a nuestra conclusión:

Al tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de la mañana el enemigo ya no existe. (Is 17:14)

Si leemos salmos 30:5 veremos la relación entre la angustia y el angustiador; la tarde como lloro y la madrugada como redención (cuestión que también en lo mencionado sobre Ap 20:2-10 e Is 27:1) halladas en este versículo de Isaías (aunque en hebreo no hay palabra para “enemigo”, en el contexto se entiende que se trata de los opresores de Israel conducidos por hasatán). Esto nos lleva a decir que entre el Salmo 29 y el 30 existe una relación profética que va del día del Señor al milenio y al jucio final, cuando el Adversario, la muerte y el She’ol serán lanzados al lago de fuego.


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