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En los días de Noé (1)

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. (Mt 24:37)

Adon Yeshúa decidió mostrar un signo de Su regreso en la historia de Noé o, mejor dicho, “en los días de Noé”. Estos días son comúnmente identificados con momentos de gran incredulidad, desencadenamiento de las pasiones, presencia criminal; locura de una sociedad entregada a sus pecados. Esto es verdad, tan sólo imaginemos que los días de Noé merecieron la destrucción total de la creación humana… ¿Más que Sodoma y Gomorra? ¿Más que Israel en tiempos de Jeroboam? O, tal vez, por ser el primer momento de profunda perversión, se convierte en el modelo de juicio total contra la humanidad y sus obras malignas.

Así Yeshúa evoca, cuando se trata de juicio divino, tanto “los días de Noé” como Sodoma y Gomorra: Los días de Noé para la humanidad, y Sodoma y Gomorra para Israel… (dicho sea de paso, enunciado este último, tres veces: Mt 10:15; 11:24 y Mc 6:11). Los días de Noé son enunciados 2 veces por Yeshúa y una más en la primera carta de Pedro, lo cual significa que, por parte del Señor, “los días de Noé” son contrarios al propósito de la creación del hombre (mientras que la destrucción de Sodoma y Gomorra están relacionados con el papel de Israel en el mundo, y especificamente, Jerusalén, la tríada representa la contundencia del juicio).

“Los días de Noé”, no son representativos de una sociedad, sino del mundo entero. La perversión global, o en otros términos, total del género humano en el mundo, caracterizan estos “días”. Si es así, “los días de Noé” no son una cosa del pasado, de hecho, no solamente se espera que se produzcan de nuevo, sino que podríamos hablar que es algo que está siempre latente, cercano a nosotros y hasta contemporáneo… La comparación del día del Señor o la venida del Mesías con “los días de Noé” no podía estar más cerca de lo cotidiano:

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. (Mt 24:38-39)

Entiéndase que la venida del Hijo del Hombre está fuertemente relacionada con estilos de vida siguiendo su rumbo: “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento”, es decir, llenándose el vientre de los reclamos de la carne y pensando que van a seguir sus generaciones y los actos no van a tener un límite, es decir, que la humanidad no sólo cubriría sus pulsiones (no solamente necesarias sino perversas o erradas en las que encontrarían placer), sino que, pensando que nada detendría eso, darían rienda suelta a sus ideales, actos, etc., siguiendo un curso infinito en el que el fin de la especie, digámosolo así, no pareciera cercano.

Y todo eso continuaría “hasta el día Noé entró en el arca”. Este “día” específico, más que hablar de la entrada de Noé en el arca y del mismo Noé salvándose, habla del carácter final del día: como límite y catástrofe. La mención de Noé entrando en el arca es una referencia a la salvación de los justos: Noé es escondido en el arca, pero atestigua la catástrofe, de hecho, está en medio de ella; no ha sido quitado de ella… Noé está a resguardo, pero llueve encima de él. La cuestión no es esa, sino que la referencia mencionada enfatiza en el día en que “entró”, esto es, el día señalado para el juicio.

Este día es el momento de la llegada del Hijo del Hombre, día terrible y de oscuridad, tal y como es enunciado por los profetas como el “día del Señor”.

“Los días de Noé”, además, son días ocultos al conocimiento de los fieles de Di-s y, obviamente, de la humanidad. Estos días deben ser para nosotros más un incentivo que nos mueva hacia el retorno de nuestros caminos y alma al Señor, con temor y gozo, que de conformidad con lo que somos y hacemos. Debemos, pues, ser ocultos en el Señor haciéndonos humildes (de esto hablaremos en el siguiente artículo).


Yom Hazikarón (el día del recuerdo de Su pacto)

Esta semana es Yom hazikarón, la fiesta del recuerdo, llamada también, Rosh Hashaná, y en la Biblia Yom Teruáh. En el rezo se dice lo siguiente:

Y en Tus escrituras santas está escrito: “Hizo memorial para Sus maravillas, pues lleno de gracia y misericordioso es el Eterno”. Y está escrito: “Otorga alimento a aquellos que Le temen, y recordará para siempre Su pacto”. Y también está escrito: “Recordó para ellos Su pacto y cedió conforme a Su abundante misericordia”

Rezo de Musaf de Rosh Hashaná

Después, otros versículos de los profetas son citados en relación al recuerdo de Di-s respecto de Su pueblo,

para que sea recordada delante de Ti nuestra memoria y la memoria de nuestros padres; la memoria de Yerushaláyim, Tu ciudad; la memoria del Mesías hijo de Tu siervo David y la memoria de todo Tu pueblo, la Casa de Ysrael; para rescate, para bien, para gracia, para bondad, para una vida buena y para paz, en este Día de la Remembranza (Yom Hazikarón), en este día de festividad, en este día de santa convocación, a fin de tener misericordia de nosotros y otrorgarnos la salvación.

Este recuerdo por parte de Di-s se busca a partir del ruego, y éste es finalmente por la salvación. De ahí que, antes y después de tocar el shofar, se mencionen versículos recordando delante de Di-s -como una justificación del ruego mismo- las promesas de Di-s y Su pacto con Israel. De hecho, se hace la remembranza del sacrificio de Ytzjak (Isaac): “Recuerda hoy la prueva de Ytzjak en favor de su descendencia”. Y se añade: “Bendito eres Tú, Eterno, que recuerda el pacto” (musaf de R.H.). Después, se toca el shofar…

Las alucionas al sonido del shofar son evocaciones de la salvación de Di-s en los últimos días, cuando reúna a Su pueblo en la tierra de Israel y muestre al mundo su elevación después de toda vergüenza.

Recuerdo para nosotros de nuestra insuficiencia para alcanzar la justicia, el bien, la rectitud, la paz, y que sólo el Mashíaj nos puede dar. Como un sonido de shofar es la voz del Señor; Él reunirá a Sus exiliados de los confines de la tierra. Será el día en que venga Adon Yeshúa, el Día del Señor, temible.

Oír el shofar es oír la advertencia de que vendrá el Juez del mundo, y que no hay quien escape de Su juicio; que debemos humillarnos, y desde nuestra humillación, voltear a los Cielos, al Eterno, y rogar por Su misericordia, que recuerde Su pacto, Su nuevo pacto en la sangre del Mashíaj para que seamos, el Yom Kippur, inscritos en el libro de la vida, porque llegará el momento en que acciones que realizamos hoy serán pesadas y sólo para algunos -que crean fimemente en Él y hayan sido fieles a Su testimonio- habrá abogado “para con el Padre, Yeshúa HaMashaij HaTzadik” (1Yn 2:1).

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1Tes 4:16a).


Injertados para dar fruto


D.O. Sierra de Cazorla

Imagen original de elgualay

En la carta a los Romanos, cap. 11, el rabino Shaúl habla que el no judío es injertado en el buen olivo, que representa a Israel fiel al Eterno, así como de los judíos reinjertados en la fe del Mashiaj Yeshúa. Bien. Pero hay una parte esencial que atañe a nuestro día a día:

Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. (Ro 11:16)

Y es que el ser injertados, como lo plantea R. Shaúl, significa estar situado en el lugar por donde corre la savia del patrón (la planta, el árbol) en donde hemos sido introducidos. Si la savia del olivo no corre por el injerto, entonces debe ser cortado y puesto en su lugar otro. Así ha pasado y así seguirá siendo. Por eso la santidad que corre por el olivo debe correr igualmente por el injerto hasta que éste no sea ya más silvestre, sino que sea parte del buen olivo como si hubiera nacido de ahí.

La forma en que esto ha se der explícito es cuando da su fruto. No basta, pues con pertenecer al buen olivo, sino que uno ha sido injertado ahí para dar un fruto. Éste es el resultado de su incersión. El fruto, conforme a la savia que corre y así como R. Shaúl lo entendió, es la santidad.

Debemos comprender que este es el propósito de todo injerto: formar parte del patrón y crecer para dar fruto. Así, esto coincide completamente con el orden de las moadim (fiestas) bíblicas en las que se sitúa la vida espiritual: de Pésaj a Shavuot (pascua a pentecostés) se espera que madure el grano de cebada para ser recogido en esa segunda fiesta.

Lo mismo podemos decir del creyente: una vez formando parte del pueblo de Di-s, por medio de la fe en el sacrificio del Mashiaj, se espera de él que crezca y madure para dar su primer fruto. ¿Cuál es este primer fruto? Veamos la fiesta: Shavuot, hacia la cual nos aproximamos. Fiesta en la que se recoge la cebada, pero que conmemora igualmente la entrega de la Torá en har Sinai, la Ley. Esto es, el compromiso con Di-s, como un compromiso de bodas.

El fruto, resultado del crecimiento del creyente (en la fe, practicando misericordia, justicia, rectitud, etc.) es el compromiso con el Di-s que lo sacó de Egipto (la esclavitud y el pecado). ¿No es por eso que comienzan las diez palabras (10 mandamientos) con estas: “Yo soy Adonay tu Di-s que te sacó de la tierra de Egipto” (Éx 20:2)?


Vida de entre los muertos.

Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? (Ro 11:15)

¿No es esta una afirmación sobre los últimos días? Recuerda, asimismo, esta admisión, a Yosef (José) recibiendo a sus hermanos de vuelta a sí mismo. En griego, la palabra que aparece en la carta es πρόσλημψις, que quiere decir justamente eso: recibir. Si bien Rav Shaúl habla del buen olivo y las ramas del olivo silvestre injertadas contra naturaleza en el bueno, la recepción no sólo representa re-incersión sino volver a tomar lo que es propio.

Yosef se revela a sus hermanos y es el momento en que se hace volver a Yaacov al redentor. Yaacov (Israel) es redimido por uno de sus hijos, es decir, en quien se preserva la promesa dada a Avraham: la simiente (uno) y que representa un redentor para su pueblo: Yosef, como el Mesías vendría del seno de Israel, el pueblo judío será redimido igualmente por uno que salió de su seno, un Salvador (Yeshúa), retoño prometido (hanetzer) y ungido (mashiaj).

Entonces, Yaacov no muere de hambre.

Los años son importantes: 7 años de hambre… 2 años de que sus hermanos no lo reconocieran y de haber sido probados hasta el momento en que muestra su gracia hasta el fin: 5 años restantes en que estarían con él sin que pasaran hambre y, pues, terminara el decreto divino al respecto.

El número cinco se muestra como la gracia que el Mesías retorna a Israel cuando éste lo reconoce, sobre todo, cuando el pueblo entero (Yaacov) regrese a Él. Entonces, conforme a lo que confirman los profetas, Israel tendrá el botín de las naciones en los últimos días:

y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. (Gén 45:18)

Este “mí” y este “yo” son las palabras de un redentor. Ahí es donde está la admisión, cuando en medio de su contrición, anonadados por la revelación, viene la vida de entre los muertos: el momento de la resurrección de los muertos.


Purim y los días postreros

En la ceremonia de Havdalá, que despide el shabat desde los tiempos de Adon Yeshúa, el Sidur (libro de rezos) toma, entre otros versículos bíblicos, Ester 8:16, que dice:

los judíos tuvieron luz y alegría, gozo y honra.

Y esta cita viene muy a propósito en el contexto de la ceremonia: la expectativa por el Mesías, aunque en principio esté dentro de una petición de prosperidad, ciertamente esta prosperidad está comprendida dentro del fin del Galut (exilio) del pueblo judío y el retorno a su tierra por el poder del Mesías, en concordancia con el versículo.

Al final del libro de Ester, vemos que ella no aparece más. La figura central es Mardoqueo, su pariente, quien se encargó de Ester desde pequeña al quedar huérfana. De Mardoqueo el texto nos dice que fue un instructor y cuidador de Ester. La cuestión aquí, es que Mardoqueo representa la fidelidad a Di-s a pesar de las circunstancias hostiles que vive el pueblo judío y las amenazas de muerte que recibió.

Mardoqueo era hostigado para que, ahí mismo, en la puerta del rey, mostrara honra a Hamán:

Aconteció que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, lo denunciaron a Amán, para ver si Mardoqueo se mantendría firme en su dicho; porque ya él les había declarado que era judío.

Esta declaración no tiene un significado étnico o cultural. Mardoqueo no justifica su acción por pertenencia a un grupo social; más bien, sabe muy bien que el ser judío está en ser fiel a Di-s. desde entonces encontramos, en el Tanaj, y desde el exilio, que la identidad del judío está en la dependencia y adherencia al Di-s vivo.

Algo parecido a lo que Rab Shaúl decía: que el judío lo era interiormente, no el que, por circucisión, se declaraba. Al final, quien haya leído el libro de Ester, sabe que Mardoqueo se vuelve el segundo después del rey babilonio y el pueblo judío tiene derecho a defenderse. Es peculiar la forma en que se le representa, pues la escena es totalmente mesiánica, en todos sus aspectos:

Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestido real de azul y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura. La ciudad de Susa entonces se alegró y regocijó; y los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra. Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos.

Compárece con los pasajes de la restauración de Israel, no sólo a su tierra, sino a su Di-s y la llegada de las naciones como temerosas, buscando a Di-s y tomando como referente y guía de su acercamiento a Di-s al pueblo judío, en pasajes de los profetas, como Zacarías, los últimos capítulos de Isaías, los pasajes en que el pueblo judío estaba en paz en tiempos de Salomón, etcétera. Recuérdese, sobre todo, la forma en que se habla de Aquél que llega a la tierra cabalgando en el Apocalipsis. Mardoqueo, aquí, es una prefiguración del Mesías triunfante, mediante el cual, el pueblo judío hace frente a sus enemigos.

Además, el texto dice que la fiesta de Purim no será olvidada a lo largo de los tiempos, pues, visto de la forma en que lo hemos tratado, Purim no sólo recuerda a Pésaj, sino que proyecta a Sucot, cuando llega el Mesías e instaura la liberación final, y el tiempo de paz para el pueblo judío y los fieles al Todopoderoso, así como el Reino Mesiánico.


Ki eshmerá shabat

“El que guarda el shabat por Di-s será guardado”, dice el piyut. La tradición judía -y esta es una enseñanza recurrente- nos dice que no es el pueblo el que guarda el shabat, sino que es el shabat el que guarda la vida del pueblo. Respetarlo, por lo tanto, será preservar la vida de muchos.

El shabat se encuentra en los diez mandamientos. Pero antes de la Ley ya existía el shabat y era respetado. De entrada, es el séptimo día después de la creación. Pero este primer y santificado séptimo día no es una cosa exclusiva de Di-s para Di-s mismo. Como un regalo que se hiciera a sí mismo y que sólo retornara a Él, sino es el día en el que la creación entera participa del bien del Creador.

Luego, en Números encontramos que, antes de recibir la Ley en el Sinaí, el pueblo judío no podía recoger el maná en el séptimo día, sino que en el sexto recibirían el doble de porción.

¿Por qué será que este día se dispone anes de la Ley y qué significado tiene esto para nosotros hoy?

La ley, para decirlo en pocas palabras, representa el pacto de santidad entre el pueblo de Israel y Di-s. El pueblo judío debe respetar ese pacto dado casi en exclusividad. En él se distingue el respeto particular del shabat, como un signo con el que delante de las naciones, el pueblo judío proclama su pertenencia al Di-s vivo.

Sin embargo, ante del Sinaí, se prefigura y esto determina una de sus características especiales, que es el arrepentimiento, es decir, la vuelta a Di-s. Israel, en el desierto, fue llevado más allá de su necesidad inmediata -el no padecer hambre-, hacia el sentido mayor de su sustento, la trascendencia de complacerse en Di-s porque Él sustenta a toda criatura y, desde el principio, dispuso para ellas la vida.

El shabat en el desierto representa la vuelta al Creador, aún antes de toda santificación en la Ley, la santificación -el guardar- el shabat es dar al Creador el honor y el lugar más alto por causa de Su misericordia.

Es, al mismo tiempo, el límite -como el fin de la semana- de nuestra imprudencia -de la inmanencia- para trascender hacia Él.

Shabat shalom hakol javerim!


Hoy es Sucot

En la haftará del 1er. día de la Fiesta, se lee Zac 14 por entero, que nos recuerda, nada más ni nada menos, que el temible y terrible día del Señor viene. Se agrega que todas las naciones subirán a Yerushalaim a celebrar Sucot. Se habla de una plaga que nulificará los sentidos y las fuerzas de los que arrasaron con Su pueblo.  Los rebeldes no recibirán la lluvia, esa grandiosa bendición que es la vida en Di-s, y, en cambio, deducimos, se volverán profundamente rencorosos.

Todos habrán de salir de sus casas, el lugar de su seguridad y la conformación ambiental de su identidad.

techo sucáSalir de nuestra casa para habitar en la sucá significa renunciar a nuestro estilo de vida y confiar en Di-s, cosa imposible si no nos reconocemos al lado de los “publicanos y pecadores” que comían con Yeshúa. Imposible si, al creer que estamos bien en todo, o en algo, nos hacemos, sin que se nos presente como malo, ricos: prudentes en nuestra propia opinión. Por eso el Señor advierte en Apocalipsis que somos, realmente, desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos.

El que no sólo reconoce esto, sino que se vuelve de ello con todo su corazón y practica la rectitud, sólo él, puede depender de Di-s, salir de su casa, dejar su identidad mundana y hacerse, por gracia, de la familia de Di-s. Sólo aquél puede acceder a la alegría de no tener nada en sí mismo que lo haga justo, bueno ni grande, sino el Espíritu del Eterno Di-s. Ése es el mandamiento, ése es el don de la Fiesta: “Estarás verdaderamente alegre” (Deuteronomio 16:15).

“Éste es el día que hizo Adonay; nos gozaremos y alegraremos en Él” (salmo 118:24). Hoy es Sucot.


Después de Shabu’ot

A la entrega de la Ley, la revelación más delicada y vital, sigue la vida de un hombre nuevo que debe sobreponerse a su condición temporal mediante el instrumento eterno que le fue entregado. En la Torá, la revelación de boca de Di-s y en el B’rit Jadashá, la vida renovada por medio del poder del Di-s Viviente.

Sobreponerse significa una brega. Bregar, es ya, a través de la revelación, ser astuto como serpiente y manso como paloma. Inteligencia, destreza para hacer la obra del poder de Di-s en el que cree; mansedumbre para demostrar que ese poder sigue otras leyes que las que los hombres esperan en cuanto a la justicia, la verdad, el bien.

Bregar, haciendo morir al viejo hombre y vivir en el poder divino para que Él manifiesta Su grandeza. Pero las cosas no giran tan convenientemente. Israel hizo el becerro de oro y se quejó. El viejo hombre surgió y trató de devorar al nuevo, para ser terminado por los que guardarían la ley, los levi’ím.

Los levitas son, pues, el hombre nuevo. Moisés y sus hermanos, los que sobreviven o, mejor, se sobreponen a la desviación, le representan. Ahora bien. Moisés regresa para decepcionarse. Pone el orden y regresa a Di-s, una forma extraordinaria de ver cómo la prefiguración del Mesías en él está en llegar desde lo alto para descubrir el pecado, terminarlo e interceder por el nuevo hombre que ha caído. Y finalmente regresar el Día del Perdón.

Mientras, 40 días más en espera del regreso de Moisés, el pueblo busca arrepentirse, tal y como es entendido por la tradición hebrea. No es casualidad que cuando se habla de la venida de Yeshúa, se hable de ser diligentes en el amor y la abundancia de buenas obras antes de Su regreso. Él mismo dice: “Cuando venga el HIjo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Fe = fidelidad. Pedro urge a corregir nuestra vida y alejarnos del mal; a tener un comportamiento ejemplar. No habla de destacar por encima de otros, ni en conocimientos, estirpes, éxitos, capacidades personales, logros, etc. Habla de buenas obras y de obediencia, sometimiento a Di-s. Habla de vivir el Reino de los Cielos. Yeshúa lo promete: “recibiréis poder”. Éste, para andar conforme a los caminos de la Verdad, encontrados en escritura tan antigua como el Tanaj.


Isaías 53:4

Dice el Sefer ha-Zohar:

“Mientras Israel estaba en la tierra santa y seguían entre ellos el servicio del Templo y las ofrendas se hacían, todas las enfermedades y sufrimientos del mundo estaban descartados. Ahora es el Mesías quien las lleva lejos de los hijos del mundo, hasta que el hombre salga de este mundo y reciba su castigo como está dicho.” (2, folio 212a sobre Shemot 33:33)

Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores.

“Nuestras enfermedades” porque somos como enfermos, débiles, sin cura, porque estamos alejados de Di-s en nuestra naturaleza humana; buscando nuestro propio placer, viviendo conforme a nuestro consejo propio.

“Nuestros dolores” porque vivir bajo nuestras relgas sin Di-s es añadir dolores a nuestros días; porque los vivimos sin sabiduría y estamos alejados de la verdad.

y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Di-s y abatido.

Esto es, que pensamos que Di-s le estaba oprimiendo pues algo debió haber cometido para ello…, como un pecador, como un condenado; como si hubiera sido un problema personal; como en un velo denso vimos reflejada la opacidad de nuestro corazón.


E hizo tabernáculo con nosotros… Yn 1:14

La narración del principio de todas las cosas viniendo a este mundo, la “luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (v. 9) está significada por el tabernáculo o la tienda nómada que alude al tránsito por la vida, a la estadía de paso por este mundo, sin tomar de él sus fugaces riquezas.

Cuando se traduce al hebreo este versículo del evangelio de Yohanán (Juan 1:14) encontramos al comienzo del mismo: “vehadabar nih’yah basar vayishkán betojenu” (Delitzsch), donde “vayishkán” es “habitó” (en la RV), viniendo de la palabra hebrea para tabernáculo, mishkán (מִּשְׁכָּן).

Este hebraismo se conecta con el sentido de “basar”, “carne”, que es en lo que esa luz se convirtió. “La palabra de hizo carne y tabernaculizó entre nosotros”, es decir, que se hizo un cuerpo humano y puso su morada fugaz, como la de cualquier hombre, entre nosotros. Esto no es una mera redundancia, sino una forma poética de hablar sobre aquel hecho. Aún más, el tabernáculo no sólo enfatiza en el significado de la carne o el cuerpo, sino en un aspecto primordial de la condición humana: su inevitable fugacidad.

detalle de la sucá de mi patio

detalle de la sucá de mi patio

Esto quiere decir que vino a compartir la vanidad de los hombres, es decir, de todo aquello en lo que un ser humano se afana bajor el sol con su trabajo cotidiano y de ello no obtiene, si es bienaventurado, más que el descanso y el regocijo. Esta es la reflexión de Qohélet, que al hombre, de todos sus faenas cotidianas, lo mejor que le puede pasar, es el comer y el beber en paz (Ecl 2:4). De hecho, son 5 veces en que se repite a lo largo de todo el libro que el comer y el beber, es decir, conformarse con lo que uno tiene, es la recompensa de los días de vanidad.

Esta vanidad es el vacío mismo de los esfuerzos humanos que no se sobreponen a la fuerza de la vida, sea ya venturosa o con desventura. De hecho, de esta última, dice, nadie se puede librar; ni el malvado ni el bueno (Ecl 9:2-8). Ésta es la travesía que se tiene por la vida, y nosotros vivimos en tabernáculos para no olvidar que después de ser liberados por la sangre del Mesías Yeshúa, venimos a comprender, a saber, que no debemos hacernos conforme a este mundo, algo que no perdura. Estamos, pues, de paso, y la herencia, para el que sigue el consejo del Amo, está en los Cielos.

Yeshúa hace advertencias finales en el “último y gran día de La Fiesta”, Sucot (Jn 7:37), diciendo que Él es el agua que apaga la sed de eternidad que tienen los hombres en su corazón “sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Di-s desde el principio hasta el fin” (Ecl 3:11, cursivas nuestras).

Esta última frase, en hebreo nos habla (מֵרֹאשׁ וְעַד-סוֹף) de algo de lo que se desconoce su naturaleza. Di-s mismo se llama el principio y el final (Is 55:1) con las mismas palabras y en Apocalipsis encontramos el eco forzozo de esta verdad, tres veces (Ap 1:8, 21:6 y 22:13) en palabras de Yeshúa. Desconocer esa obra sitúa al ser humano en una incapacidad soberbia y en igualdad de ignorancia en su propio principio y fin, el día de su muerte, sobre el misterio de la vida.

De ahí la advertencia final del libro, con un lenguaje hermosísimo hablando de los días de la vejez y el momento inmediato de la muerte. Su consejo: “El fin de todo el discurso oído es este: teme a Elohim y guarda Sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Ecl 12:13). Si pensamos que el tránsito por la vida y el día de la muerte merece nuestra atención, será mejor pensar en que ese día existe e inevitablemente vendrá. ¿Cuánto placer falta por vivir; cuánto conocimiento por saber; cuánta riqueza por acumular? “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” y añade “y aflicción de espíritu”.


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