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Los primogénitos: del Faraón, de Moisés, de Di-s.
En el libro de Éxodo se narran cosas extraordinarias. Entre tantas, una de ellas es la anticipación de toda expectativa frente a la condición de postración de Israel. Di-s dice:
Y dirás a Faraón: Adonay ha dicho así: Israel es Mi hijo, Mi primogénito. Ya te he dicho que dejes salir a Mi hijo, para que Me sirva, mas n ohas querido dejarlo ir; he aquí Yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
¿Habrá quedado esto presente en la consciencia de Moisés? Di-s mismo se anticipa, profetiza el final del Faraón. En todo esto Di-s ha dispuesto Su voluntad, aunque las cosas no comienzan para Moisés. De hecho, su comienzo está en hacer entrar en el pacto de Di-s a su hijo, el primogénito por causa del cual sufriría la muerte.
El comienzo de los portentos de Di-s para la libertad está en Su pacto. El que desee ser libre debe pasar por el pacto; y en esta ocasión, el que iba a liberar debía respetar el pacto, por el cual Di-s salvará a Israel, pues se dice en Ëx 2:24
Y oyó Di-s el gemido de ellos, y se acordó de Su pacto con Abraham, Isaac y Yaacov.
Ahí encontramos el principio de la compasión de Di-s, por causa de su pacto y la justicia de los patriarcas. Añade el texto que “miró Di-s a los hijos de Israel, y los reconoció Di-s”. Este reconocimiento es en función del pacto ya mencionado. Di-s se compadece y guarda la promesa dada a Avraham, que sería Di-s de Israel para siempre. En esta promesa está incluida la compasión y la liberación.
El primogénito de Di-s, Israel, en la salvación preservaría la esperanza en la promesa. El primogénito del Faraón preservaría el fracaso de una descendencia que no pudo ser.
La gloria de la libertad
Pesaj (pascua) es la primera fiesta, después del shabat, que inaugura el año sagrado. Con ella nacemos para ser un pueblo para Di-s. El Di-s de nuestros padres, de aquellos que comparten la promesa del Deseado, el que vino y vendrá a juzgar a la tierra.
Pesaj nos cuenta algo que ya sucedió y lo recordamos para anclarnos a la realidad de nuestra condición actual; quienes hemos creído somos nuevas critauras en el poder del Mesías.
Israel salió de Egipto, a pesar del poder egipcio. Israel ha escapado de sus enemigos, aunque con fuertes padecimientos, y sus enemigos son finalmente capturados, eliminados. En el seder de Pesaj cantamos “lefijaj”, diciendo:
“pues no se levantó sólo uno para exterminarnos, sino que de generación en generación se levantan para matarnos”
No hace falta evocar los acontecimientos históricos del siglo veinte para recordar esta tremenda verdad. Hoy mismo el pueblo judío sufre persecusión en Argentina, y en varios lugares del mundo se obra violencia en su contra. En Europa y el continente americano, las noticias sobre el Medio Oriente muestran a un pueblo judío injusto contra los palestinos; sin escrúpulos, combatiendo estúpidamente por una tierra que “no es de ellos”.
La mala fama sobre el pueblo de Israel siempre está acompañada de suma ignorancia e intereses judeófobos. Sin embargo, no puede decirse que el pueblo judío es un pueblo santo. Por ello mismo Di-s, en Su Palabra menciona al remanente. De todos aquellos que padecen el mal, unos quedan, quebrantados y en ellos el Señor edifica de nuevo. Por ello podemos cantar junto a ellos:
“pues no se levantó sólo uno para exterminarnos, sino que de generación en generación se levantan para matarnos;
y el Santo, bendito sea Él, nos libra de sus manos”
¿Cuál es el mérito de Israel para ser liberado? Ninguno, pues se cata en el Seder el salmo 115 que comienza: “No a nosotros Adonay, no a nosotros sino a Ti sea dada la gloria”.
El silencio liberador de Di-s
Finalizando este shabat comienza Purim, la fiesta que celebra la liberación del pueblo hebreo de manos de Amán, su enemigo. La historia es bastante conocida y sus elementos profundos para hacer una revisión de nuestras vidas en relación a los últimos tiempos.
Comenzando por el hecho de que el día de la fiesta es el 14 de Adar, cosa en común con Pésaj (pascua), llevada a cabo el 14 de Nisán; ambos, días de liberación. Si bien, una más grande que la otra, pero sin las cuales el pueblo judío hubiera continuado su existencia.
En una, en Pésaj, Di-s actúa de forma extraordinaria; el faraón es retado en su insulso poder y Di-s es magnificado en la inutilidad e indefención del pueblo esclavo, además, ridiculizando a la potencia más grande de su tiempo.
En el rollo de Ester está el silencio de Di-s, en cuanto a los portentos y la grandeza de Su mano. Su diestra está callada, y escondidos a los ojos del ser humano Su poder. Como Sus pensamientos, demasiado altos para las grandilocuencias humanas; muy desconocidos para las simplezas del hombre.
Es ahí donde prueba a Su pueblo. Las maquinaciones de Amán se disuelven ante la rectitud de Mordejai, a quien debe pregonar como amigo del Rey, frente a todo el pueblo, jalando el caballo real. Esto demuestra que la fidelidad (la fe) y la rectitud llevan a la justicia. Mordejai jamás se amedrentó aún cuando lo amenazaron de muerte por no postrarse ante Amán públicamente.
En ningún momento se menciona el Nombre de Di-s en el libro, pero el corazón de Ester actúa y Mordejai no deja de ser recto hasta la muerte. El pueblo entero ayuna, y el ayuno ha de entenderse como un acto de arrepentimiento y de búsqueda profunda de Di-s ante la muerte: el ayuno, el dolor en el que obramos, en común acuerdo, el enfrentamiento con nuestro pecado. También el ayuno como cercanía a la muerte, pues es mejor morir que ser alejados de la presencia del Altísimo.
En 14 de Adar Di-s liberó, una vez más a Su pueblo, para seguir viviendo y ser testimonio de Su Nombre ante las naciones. Hoy, ¿eres un liberado del Eterno y piensas que tu existencia está hecha para continuar brindando testimonio más allá de tu satisfacción personal y proyectos ante la vida?
¿Te dueles, también, por tu pecado?
Juicio, rectitud y guía: la cuenta del omer y los postreros días.
Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente al séptimo día de reposo, contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Adonay. (Lv 23:15-16)
Este mandamiento nos recuerda el deber diario de aproximarse a las revelaciones de Di-s que dan coherencia, santidad, cordura a nuestra vida y a la característica caótica del mal que nos rodea.
Contar el omer es también seguir una senda antigua, conforme a lo escrito (Jer 6:16). Si bien, como en el caso de las fiestas, la ofrenda del ‘omer es el carácter ritual de lo que hoy se denomina como “cuenta”, lo que ha quedado del mandamiento hasta hoy es precisamente eso, la cuenta. De hecho, la falta del ritual y el Templo se contemplan a la hora de realizar la cuenta con el rezo siguiente:
Que el Misericordioso restaure el servicio del Templo a su lugar, prontamente y en nuestros días. Amén.
De hecho, el salmo escogido para su recitación (Salmo 67) confirma el rezo precedente. Sobre todo, aludiendo al Reino Mesiánico con las palabras:
Los pueblos Te reconocerán, oh Di-s, todos los pueblos Te reconocerán.
¿No es este clamor correspondiente con “hacer conocer Tus caminos en la tierra” (en el mismo salmo)? Pero, ¿cómo las naciones conoceran los caminos de Di-s si su pueblo no los hace conocer?
Esto mismo es lo que hicieron hace 2000 años los discípulos de Yeshúa HaNetzeret: la cuenta del omer es realizada después del día de Pésaj, por lo que tiene una estrecha relación con la fiesta. Es el puente entre esta fiesta y aquélla por celebrar 7 semanas después. La cuenta del omer es la espera del sentido actual de la redención. Los talmidim de Yeshúa esperaban la fiesta con ansiedad.
Justamente es en Shabuot cuando se proclama el mensaje mesiánico con mayor fuerza, usando las distintas lenguas que hablaban los judíos dispersos en otros lugares (Hch 2) para hablar de la gloria de Di-s. Así es como los judíos que creyeron (tres mil personas) fueron a los lugares donde vivían para llevar esa buena nueva. Cumplían la profecía del salmo.
Y no sólo eso, con relación al Reino Mesiánico, Yeshúa mismo tejía el puente entre su padecimiento, los días postreros y la fiesta de Shabuot (en medio de todo ello, la cuenta de los días hacia Shabuot) (Mt 16:28, Mr 9:1 y Lc 9:27). No es casualidad que, inmediatamente después de las palabras previamente citadas del Salmo 67, se diga:
Las naciones se alegrarán y entonarán cánticos, pues juzgarás a los pueblos con rectitud y guiarás a las naciones en la tierra.
Aquí se relata el sentido final de la redención: cuando el Mashiaj venga a establecer el Reino de Di-s. Esto, si bien está, cronológicamente hablando, al final de las festividades (representado por Sucot) se confirma en Shabuot cuando el juicio, la rectitud y la guía, representadas por la Torá entregada en esa fecha, son otorgadas, para el conocimiento de Di-s a las naciones, por el Rúaj HaKódesh (llamado también Paraklétos en griego, teniendo todas estas funciones -y más- conforme al salmo) cuando la cuenta del omer termina, a los apóstoles y a todos los que estaban con ellos “unánimes y juntos” (Hch 2:1.)
Esta es la Escritura cumplida: los judíos llevarían a las naciones el mensaje mesiánico del arrepentimiento conforme al don (el Espíritu de Di-s que inspiró la Torá) “a fin de hacer conocer Tus caminos en la tierra. Tu salvación en todos los pueblos” (Salmo 67), cuestión que comenzó a cumplirse y que está relatada a partir de Hch 15.
Finalmente diremos: hacer la cuenta del omer, es recordar y esperar por la venida del Reino Mesiánico que habrá de establecer el juicio, la rectitud y la guía hoy y en los postreros días.
יִשְׂמְחוּ וִירַנְּנוּ, לְאֻמִּים:
כִּי-תִשְׁפֹּט עַמִּים מִישֹׁר; וּלְאֻמִּים, בָּאָרֶץ תַּנְחֵם סֶלָה






