Archivo de la etiqueta: poder

Por el poder de Su boca

Cuando Gedeón va a luchar contra los madianitas, vemos que exhorta a sus 300 compañeros a tomar los shofares, romper los cántaros y gritar finalmente: “¡Por Adonay y por Gedeón!” (Jue 7:18). Pero, ¿cómo fue el grito original, es decir, el verdadero, el emitido por los judíos? “¡Por la espada de Adonay y por Gedeón!” (v. 20), lo cual es de llamar la atención.

La espada de Adonay no es cualquier eufemismo para hablar de Su poder. Bien pudieron haber dicho “por la diestra, el brazo, la mano, el poder, la fuerza, la misericordia, etc.” Pero fue la espada. La palabra es חֶרֶב (jereb), cuya raíz significa “desolación” y la frase completa:  חֶרֶב לַיהוָה וּלְגִדְעוֹן

jereb l'Adonay uGuideon

Terrible figura la de la espada como desolación. La batalla es librada en el valle de Jezreel, una figura importante de masacre y recompensa a la vez que encontramos en Oseas. Aquí, la espada de Di-s es desolación de los enemigos de Israel y es aquí cuando recordamos lo que será al final de los días. En 2Tes 2:8, así como en Isaías 11:4, se habla de “aquel inicuo, al quien el Señor matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida”, por lo que en la batalla librada en Jezreel se prefigura la destrucción del maligno: el que contiende y el rebelde contra Di-s, Madián y Amalec.

Estos dos últimos personajes representan el yugo del pecado, la disención (Madián) apoyados por Amalec de quien se dice en Éx 17:16 que “se levantó contra el trono de Adonay”, es decir, Satanás. El poder de Di-s, el poder de Su boca es la desolación de los enemigos de Israel se lleva a cabo como voz de shofar (Jue 7:20), esta voz es la Voz de Di-s, es Su poder (los madianitas terminan poniéndose “la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento”, v.22.)

Es una Voz de juicio y de justicia, a la vez, de rectitud, pues Israel escuchó la voz de Di-s en el Sinaí como la de un shofar (Éx 19:19), diciendó Quién es Él. De tal manera que ni Gedeón ni el pueblo de Israel ganaron la batalla, sino que fueron instrumentos de Di-s para palpar Su redención y Di-s, por misericordia, destruyó a los enemigos de Su pueblo.

Ahora bien, en cuanto al final de los días, dijimos anteriormente que este pasaje es una prefiguración de lo que será al final de los días, y sí, pero no en cuanto a la destrucción definitiva del mal, que ocurrirá después de la venida del Señor y no al momento. Para eso habrá otra ocasión de hablar.


Yom Hakipurim y su abogado

Este día es el día del perdón que adquieren los justos.

Asimismo, la tradición hebrea entiende que es el momento en que se es inscrito en el libro de la vida o no. Si cada año se lleva a cabo un juicio cada Yom Teruáh también se tiene la oportunidad de vivir en Yom Kipur.

Esta fiesta habla de la misericordia de Di-s y Su justicia. Ésta es manifiesta perdonando al pecador arrepentido. El arrepentimiento significa volver a Sus caminos y cambiar de pensamiento.

Pero nadie puede hablar bien de sí mismo frente a Di-s pues en la propia prudencia es donde pecamos siempre. No hay nadie que esté por el pecador, exceptuando al que se ha arrepentido verdaderamente.

La justicia de Di-s tiene por motivo la redención de una vida que vive sujeta al pecado y lo hace mediante Su perdón. Esta justicia es manifiesta otorgándole un abogado para aquél que ha vuelto a Sus caminos. Pero lo otorga no porque se lo haya ganado, sino porque el abogado que defiende al pecador ha pagado el precio para que el pecador pueda vivir.

Por lo tanto, este Abogado defensor es un testigo frente al Juez de que conoce al pecador como arrepentido verdaderamente y entonces, lo justifica. Este Abogado da fe de que el pecador, por los méritos de su Defensor, fue transformado; de ser un muerto e inicuo a una nueva criatura que pudo andar en Sus caminos y seguido Su consejo (el consejo del Abogado) y que se negó a sí mismo para seguir hasta el fin el cometido de las palabras de ese mismo Defensor, aunque eso le valiera el desprecio y la muerte injusta.

Este Abogado es Adon Yeshúa que ha resucitado para efectuar la redención al final de nuestra era. De tal manera que, así como llegará en su momento el juicio final también la redención final y la inscripción a la vida eterna del que hace obrar Su poder para salvación, estemos o no listos.


(Hab 2:3) עוֹד חָזוֹן לַמּוֹעֵד

¿Te has preguntado, si tienes algo en qué servir a Di-s en relación a la venida del Ungido, cómo hacerlo, qué obrar? Numerosas veces se piensa que se debe realizar una actividad dentro del grupo religioso (lo cual, no es una mentira, pero eso es tan sólo una expresión de la nueva vida que representa creer en Él). También se piensa que el servir a Di-s, va de la mano con “hacer” algo por cuenta propia. Cierto, pero es necesario recordar que servir tiene su denotación bíblica en la esclavitud: el que sirve es un esclavo.

Como tal, el esclavo no tiene opción de desobediencia a menos que desee ser azotado (cosa improbable, pero inconcientemente posible). Nadie quisiera ser azotado, de todas maneras, los servidores no son perfectos y reciben continuas correcciones, pues el servicio a Di-s es un camino nuevo que debe aprenderse a andar conforme a la Palabra inspirada por Él y bueno, todos los que van a Su servicio, todos los creyentes que se comprometen con Él, tienen hábitos y costrumbres que no son santas y que son de la vida mundana y digamos también, profana, de las que hay de deshacerse. Luego, con suma ingenuidad algunos han tratado de acomodar esa mundanidad como “servicio” santo al Di-s de Israel. La división entre lo que es de Di-s y lo que no lo es, resulta muy clara: el que se sirve a sí mismo no es de Di-s.

Pensemos, pues, como esclavos: tendría esa que ser nuestra psicología. No somos libres de obrar o servir a Di-s como quisiéramos, muchas veces. El servicio; el modo del servicio, sus instrumentos, la capacidad de servir, son sólo de Él y Él se lleva la gloria en ello. Así que cuando buscamos con buena intención ser notados, reconocidos, amados, admirados, etc., por nuestros hermanos o cualquier otro; haciendo expectáculo de nuestros poderes de persuasión (histriónicos, en puestas en escena; persuasivos, etc.), so pretexto de comunicar las buenas nuevas, somos el motivo de nuestra gloria personal…

El servir a Di-s tiene un fuerte lazo con el día del Señor, y en ello se va todo el modus operandi del quehacer diario de un creyente. En relación, pues, con ese día, el servir a Di-s es indispensable para la vida de quien desea seguir al Maestro Yeshúa -y además de agradarLe, ocuparse de su salvación-. De esto podemos encontrar referencias tanto en el Tanaj como en el B’rit Jadashá, quisiera decir que todas ellas pueden concentrarse en el sentido bíblico de la espera. Esperar es servir a Di-s: esperar por Su venida.

Son varias las parábolas para ejemplifican esto (pueden ser leídas aquí). Todas ellas hablan de lo que se espera del siervo o esclavo. Se espera que dé fruto, un fruto abundante (no solamente que cumpla con su trabajo…); que invierta lo que le es dado (pues lo que trabaja no le es propio, eso lo hace partícipe de los bienes, aunque no dueño); que esté en su puesto el día en que su Señor regrese, a sabiendas de no conocer ese día; que no sea negligente en su trabajo ni golpee (menosprecie, abandone, olvide, cometa fraude contra) sus consiervos.

Cuando el Amo de los bienes ha venido, el trabajo se termina y se rinden las cuentas. Mientras no llega, se trabaja. Por lo tanto, el trabajo que dé el siervo es proporcional al sentido de la espera que se desprende de ello. En otras palabras, el trabajo representa el deseo por la venida del Señor como forma de la espera. ¿Por qué la espera? Porque el deseo es una modulación de la espera. El buen trabajador, fiel y prudente, es el que más desea la vuelta de su Amo.

Esperar de esta forma es servir a Di-s. La fidelidad caracteriza esta espera, ya en el libro de Habacuc encontramos: “se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará”. Esta profecía está ligada con los últimos tiempos y los rabinos habían ya reflexionado sobre ella en referencia a la llegada del Mesías: Rabí Nathan (Sanhedrin 97a) habla de este versículo traducido como “Porque la visión está aún para un tiempo señalado, pero al final hablará y no mentirá; aunque se tarde, espéralo, pero ciertamente esto vendrá, no tardará”, aquí el término cambia y, en lugar de referirse a la visión se refiere a un él, el Mesías.

Este rabino tiene una visión sobre el Mesías como Yeshúa hablaba sobre Sí Mismo en referencia al tema que estamos tratando. Este rabino quiere decir “nuestro deber es esperar”. Yeshúa nos dice cómo esperar:

Pero aquel día y de la hora nadie sabe, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. (Mt 13:32-33)

Mirar equivale a discernir. Esta advertencia se acomoda a la manera en que el creyente es responsable por conocer íntimamente los mandamientos de Di-s y Su consejo como para dejarse engañar por falsas ideas y falsos profetas. Velar, a estar alerta y no confiar en uno mismo, es decir, no hacerse el inteligente frente a los preceptos y la sabiduría divina sobre cómo debe ser el comportamiento, el pensamiento y el estilo de vida del creyente mismo. Orar porque no se caiga en condenación por causa del pecado y la falta de arrepentimiento. La advertencia es grande: así como el arrepentimiento precedió el servcio público de Yeshúa, así Su segunda venida debe estar precedida -entendida y realizada en el creyente- por una vida en santidad y que busca constantemente el rostro de Di-s, en el arrepentimiento de obras muertas para no errar. La oración es también la confesión y el ruego por la salvación.

Éste es el servicio a Di-s mientras Él llega,  כִּי עוֹד חָזוֹן לַמּוֹעֵד  (pues la visión es aún para el tiempo señalado); “se apresura hacia el fin, y no defraudará.”


Hiné Hu báh

Hay una canción que habla de los últimos momentos que serán vividos en la tierra. Especialmente, en Eretz Israel. Ahí se librará la batalla final entre las huestes de las tinieblas y Adon Yeshúa. La descripción que hace la letra sobre el asunto recuerda la profecía de Yaacov (Nm 24:17), la esperanza final que realiza la redención. Es muy significativo que mencione a multitudes esperando sin hallar respuesta de ningún tipo y luego, otras que esperan al Príncipe de las tinieblas. Ésta es una imagen de lo que pasará cuando toda la perversión del mal se manifieste poderosamente para destruir al pueblo escogido de Elohim (después de muchas graves cosas.)

 Asimismo recuerda los signos mesiánicos de la esperanza final: la aproximación de la aurora, elemento que hallamos en algunas parábolas de Yeshúa, los profetas y los salmos. También las lluvias tardías que, ingeniosamente, son mencionada para hablar de corazones que “se están secando” por causa de una falta de respuesta divina. Finalmente, la frase “hiné Hu báh” (he aquí Él viene) en referencia al shemesh tzedaqá (Sol de Justicia de la profecía de Malakías que traerá la salvación) junto con el ruego desgarrado del Sal 118 hoshía na! (¡salva ahora!), tienen una referencia implícita a las palabras de Yeshúa: “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt 10:22, 24:13 y 13:13) en referencia a aquéllos que hasta el último momento guardan los mandamientos, son fieles a Di-s y guardan el testimonio de Yeshúa. Éstos todavía pueden clamar Aná Adonay, hoshía na!

El paisaje lúgubre está precedido por lo que se denomina en la tradición hebrea como “Los pasos del Mesías” o “los dolores de parto”; catástrofes terrenales, tastrornos cósmicos, perversión exacerbada. Algo que encontramos igualmente mencionado en el B’rit Jadashá (Nuevo Pacto). De hecho, de acuerdo a esta misma tradición, después de 6000 años desde la creación del hombre vendrá el Mesías: 2000 años primeros, 2000 años de la Ley y 2000 años de los “tiempos mesiánicos” (es decir, en que el Mesías sería manifestado). Justamente en estos últimos 2000 años, los mesíanicos, son los momentos de los signos del fin. Estos timepos los vivimos ahora, pero aún falta porque se manifieste lo´más grave y, finalmente, la esperanza del Di-s Vivo. Por eso lo más importante es seguir la recomendación de Yeshúa: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. (Mt 13:33)


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.