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El lugar santo necesita luz

Revisando la estructura del Beit Hamikdash, el templo, sabemos que antes del lugar santísimo está el lugar santo. Lugar oscuro, cuyos instrumentos el único que nos deja ver su misterio es la menoráh (candelabro) de oro.

Este candelabro forma parte de los utencilios de adoración, junto con la mesa de los panes de la proposición y el altar del incienso. Cada uno de estos instrumentos está aconpañado de elementos perecederos que necesitan renovarse y que son producto del trabajo humano: el aceite de olivares, el pan y el incienso, respectivamente.

Es, pues, muy significativo que, del diseño inspirado por Di-s (de cada instrumento), esté el trabajo constante para echarlo a andar. o bien, darle sentido. Los panes se realizan con rapidez y relativa facilidad y se relacionan con las necesidades primarias del sustento y la supervivencia. Esto queda demostrado cuando David va con sus guerreros al templo y Ahimelec le dió de los panes de la proposición, cuando ellos venían huyendo de Saúl. Yeshúa mismo recuerda esto a los fariseos que lo acusaban de no respetar el shabat, día del reposo del alma y, por lo tanto, de su sustento.

El incienso necesita el trabajo de extracción de la resina de un árbol. Debía ser continuamente renovado. Y quemado, por supuesto. Por su fragancia representa las buenas obras como adoración a Di-s; la alabanza de una vida justa.

La menorá es el alto recipiente para el aceite del olivo, cuya extracción y proceso es mucho más sofisticado que el pan y el incienso. El papel que represena el aceite como combustible es único: es la sola luz del cuarto santo. La luz que se desprende del candelabro tiene diversas funciones. Evidentemente, representa la palabra de Di-s que es lumbrera al camino humano (Sal 119:105). Pero también es la verdad, como en Mt 5:15.

Tenemos, pues: vida dependiente de Di-s (sustento; el pan), vida justa (incienso, como adoración a Di-s) y vida santa (olivo y luz como sentido de la verdad.)

Digamos finalmente que el lugar santo lo es por los instrumentos que alberga como recipientes y, por el fruto recibido que requiere del trabajo para ser obtenido. De alguna forma, los tres frutos están relacionados: uno es fruto de la tierra (pan), otro del árbol (olivo) y el último de la corteza de un árbol (incienso). Representan tres aspectos de la vida humana: de lo necesario al refinamiento. Para que un seguidor del Señor termine siendo luz, debe madurar para ser ofrenda; pasar por pruebas que lo lleven a la justicia y, finalmente, ser luz en las tinieblas haciendo públicas, es decir, encarnando como servicio a otros, las palabras del Señor. Frutos que van de la madurez a la santidad.

Shabat shalom.


Yom Adonay יוֹם יְהוָה (el día del Señor)

“El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y  espantoso de Adonay” (Joel 2:31)

Tormenta en Tel Aviv

¿Quién no quisiera que estuviera aquí Yeshúa reinando, con todo Su poder y Su gloria sobre la tierra? Y que Su Reino sea establecido y todos estemos adorando al Rey de reyes, y todos nuestros problemas estén lejos de nosotros y las cuerdas del adversario sean rotas y gocemos de la exaltación de nuestro Amo… Pero, olvidamos algo: ¿qué estamos haciendo ahora para estar ahí?

No olvidemos que el acceso a la salvación fue abierto por los méritos de Yeshúa en la cruz, así que no hay algo que el hombre pueda hacer para salvarse sin el poder de Su sacrificio. Pero pongamos especial atención a lo que sigue en esa salvación: convertirse en un hijo de Di-s; convertirse en un discípulo del Maestro Yeshúa (sobre esto ya hay una página publicada en este blog: ¿Tienes parte en la salvación?, véase Emet V’emuná y su sección Hayeshuá). Así que, ¿hay algo que podamos hacer para ser protegidos y salir airados el día del Señor?

Permítaseme aclarar algo. ¿Qué es el día del Señor?

¡Ay de los que desean el día de Adonay! ¿Para qué queréis este día de Adonay? Será de tinieblas y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el día de Adonay tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor? (Amós 5:18-20)

¡Ay del día!, porque cercano está el día de Adonay, y vendrá como destrucción pro el Todopoderoso [...] Tocad trompeta en Sión, y dad alarma en Mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra porque viene el día de Adonay, porque está cercano. (Joel 1:15 y 2:1)

Tormenta de arena en Siquem

Sobre esto Yeshúa hace una advertencia tan grande que recomienda que nuestros corazonres no se carguen de ”glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida y venga de repente sobre vosotros aquél día” (Lc 21:34). No es de extrañar la genial referencia al profeta Abdías (1:15) en la oración ejemplar que da a Sus discípulos (Mt 6:9-13) y sobre todo en su final explicación (vs. 14-15). Así como cuando dice “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5:7); en la parábola de “los dos deudores” (que debería llamarse del Padre misericordioso y el deudor impío -Mt 18:23-35) y en la de la venida del Hijo del Hombre (Bar Enosh) en Su Reino (Mt 25:31-46). Todo ello es una enseñanza sobre el día del Señor con referencia a:

[...] cercano está el día de Adonay sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza. (Abdías 1:15)

Tormenta en una región cerca del Mar Muerto

Esta es una tremenda afirmación de juicio que pone a las obras de todos los hombres, creyentes y no creyentes en Yeshúa, en estado de alerta: “¡Ay de los que son sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Is 5:21). Es interesante notar que los profetas condenan las acciones de un pueblo que, se supone, conoce a Di-s. Los que deben llevar el derecho y que son autoridades religiosas y gobernantes, son designados como enemigos de Di-s (Is 1:24), aquellos que serán decapitados delante de la presencia del Amo (Lc 19:27). Los líderes religiosos son los que se apacientan a sí mismos (Ez 34:2-3), algo que Yeshúa advierte cuando habla del siervo fiel y prudente y el siervo malo (Mt 24:44-51) con referencia a Su venida con aparente tardanza (o, en otras palabras, la ira de Di-s que no es manifiesta). ¿Alguna diferencia con la actualidad?

Los finales días estarán caracerizados por la apostasía y el gobierno del que es por completo contrario al Mesías. Pero todo eso será cobrado por la ira de Di-s cuando Él venga de nuevo, no como cordero sino como león. ¿Cómo estás tú en todo esto? Los que se hacen amigos del mundo se hacen enemigos de Di-s.


Hiné Hu báh

Hay una canción que habla de los últimos momentos que serán vividos en la tierra. Especialmente, en Eretz Israel. Ahí se librará la batalla final entre las huestes de las tinieblas y Adon Yeshúa. La descripción que hace la letra sobre el asunto recuerda la profecía de Yaacov (Nm 24:17), la esperanza final que realiza la redención. Es muy significativo que mencione a multitudes esperando sin hallar respuesta de ningún tipo y luego, otras que esperan al Príncipe de las tinieblas. Ésta es una imagen de lo que pasará cuando toda la perversión del mal se manifieste poderosamente para destruir al pueblo escogido de Elohim (después de muchas graves cosas.)

 Asimismo recuerda los signos mesiánicos de la esperanza final: la aproximación de la aurora, elemento que hallamos en algunas parábolas de Yeshúa, los profetas y los salmos. También las lluvias tardías que, ingeniosamente, son mencionada para hablar de corazones que “se están secando” por causa de una falta de respuesta divina. Finalmente, la frase “hiné Hu báh” (he aquí Él viene) en referencia al shemesh tzedaqá (Sol de Justicia de la profecía de Malakías que traerá la salvación) junto con el ruego desgarrado del Sal 118 hoshía na! (¡salva ahora!), tienen una referencia implícita a las palabras de Yeshúa: “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt 10:22, 24:13 y 13:13) en referencia a aquéllos que hasta el último momento guardan los mandamientos, son fieles a Di-s y guardan el testimonio de Yeshúa. Éstos todavía pueden clamar Aná Adonay, hoshía na!

El paisaje lúgubre está precedido por lo que se denomina en la tradición hebrea como “Los pasos del Mesías” o “los dolores de parto”; catástrofes terrenales, tastrornos cósmicos, perversión exacerbada. Algo que encontramos igualmente mencionado en el B’rit Jadashá (Nuevo Pacto). De hecho, de acuerdo a esta misma tradición, después de 6000 años desde la creación del hombre vendrá el Mesías: 2000 años primeros, 2000 años de la Ley y 2000 años de los “tiempos mesiánicos” (es decir, en que el Mesías sería manifestado). Justamente en estos últimos 2000 años, los mesíanicos, son los momentos de los signos del fin. Estos timepos los vivimos ahora, pero aún falta porque se manifieste lo´más grave y, finalmente, la esperanza del Di-s Vivo. Por eso lo más importante es seguir la recomendación de Yeshúa: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. (Mt 13:33)


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