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Vida de entre los muertos.

Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? (Ro 11:15)

¿No es esta una afirmación sobre los últimos días? Recuerda, asimismo, esta admisión, a Yosef (José) recibiendo a sus hermanos de vuelta a sí mismo. En griego, la palabra que aparece en la carta es πρόσλημψις, que quiere decir justamente eso: recibir. Si bien Rav Shaúl habla del buen olivo y las ramas del olivo silvestre injertadas contra naturaleza en el bueno, la recepción no sólo representa re-incersión sino volver a tomar lo que es propio.

Yosef se revela a sus hermanos y es el momento en que se hace volver a Yaacov al redentor. Yaacov (Israel) es redimido por uno de sus hijos, es decir, en quien se preserva la promesa dada a Avraham: la simiente (uno) y que representa un redentor para su pueblo: Yosef, como el Mesías vendría del seno de Israel, el pueblo judío será redimido igualmente por uno que salió de su seno, un Salvador (Yeshúa), retoño prometido (hanetzer) y ungido (mashiaj).

Entonces, Yaacov no muere de hambre.

Los años son importantes: 7 años de hambre… 2 años de que sus hermanos no lo reconocieran y de haber sido probados hasta el momento en que muestra su gracia hasta el fin: 5 años restantes en que estarían con él sin que pasaran hambre y, pues, terminara el decreto divino al respecto.

El número cinco se muestra como la gracia que el Mesías retorna a Israel cuando éste lo reconoce, sobre todo, cuando el pueblo entero (Yaacov) regrese a Él. Entonces, conforme a lo que confirman los profetas, Israel tendrá el botín de las naciones en los últimos días:

y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. (Gén 45:18)

Este “mí” y este “yo” son las palabras de un redentor. Ahí es donde está la admisión, cuando en medio de su contrición, anonadados por la revelación, viene la vida de entre los muertos: el momento de la resurrección de los muertos.


Los primogénitos: del Faraón, de Moisés, de Di-s.


L’immortalité

Imagen original de Mr-Pan

En el libro de Éxodo se narran cosas extraordinarias. Entre tantas, una de ellas es la anticipación de toda expectativa frente a la condición de postración de Israel. Di-s dice:

Y dirás a Faraón: Adonay ha dicho así: Israel es Mi hijo, Mi primogénito. Ya te he dicho que dejes salir a Mi hijo, para que Me sirva, mas n ohas querido dejarlo ir; he aquí Yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.

¿Habrá quedado esto presente en la consciencia de Moisés? Di-s mismo se anticipa, profetiza el final del Faraón. En todo esto Di-s ha dispuesto Su voluntad, aunque las cosas no comienzan para Moisés. De hecho, su comienzo está en hacer entrar en el pacto de Di-s a su hijo, el primogénito por causa del cual sufriría la muerte.

El comienzo de los portentos de Di-s para la libertad está en Su pacto. El que desee ser libre debe pasar por el pacto; y en esta ocasión, el que iba a liberar debía respetar el pacto, por el cual Di-s salvará a Israel, pues se dice en Ëx 2:24

Y oyó Di-s el gemido de ellos, y se acordó de Su pacto con Abraham, Isaac y Yaacov.

Ahí encontramos el principio de la compasión de Di-s, por causa de su pacto y la justicia de los patriarcas. Añade el texto que “miró Di-s a los hijos de Israel, y los reconoció Di-s”. Este reconocimiento es en función del pacto ya mencionado. Di-s se compadece y guarda la promesa dada a Avraham, que sería Di-s de Israel para siempre. En esta promesa está incluida la compasión y la liberación.

El primogénito de Di-s, Israel, en la salvación preservaría la esperanza en la promesa. El primogénito del Faraón preservaría el fracaso de una descendencia que no pudo ser.


Hiné Hu báh

Hay una canción que habla de los últimos momentos que serán vividos en la tierra. Especialmente, en Eretz Israel. Ahí se librará la batalla final entre las huestes de las tinieblas y Adon Yeshúa. La descripción que hace la letra sobre el asunto recuerda la profecía de Yaacov (Nm 24:17), la esperanza final que realiza la redención. Es muy significativo que mencione a multitudes esperando sin hallar respuesta de ningún tipo y luego, otras que esperan al Príncipe de las tinieblas. Ésta es una imagen de lo que pasará cuando toda la perversión del mal se manifieste poderosamente para destruir al pueblo escogido de Elohim (después de muchas graves cosas.)

 Asimismo recuerda los signos mesiánicos de la esperanza final: la aproximación de la aurora, elemento que hallamos en algunas parábolas de Yeshúa, los profetas y los salmos. También las lluvias tardías que, ingeniosamente, son mencionada para hablar de corazones que “se están secando” por causa de una falta de respuesta divina. Finalmente, la frase “hiné Hu báh” (he aquí Él viene) en referencia al shemesh tzedaqá (Sol de Justicia de la profecía de Malakías que traerá la salvación) junto con el ruego desgarrado del Sal 118 hoshía na! (¡salva ahora!), tienen una referencia implícita a las palabras de Yeshúa: “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt 10:22, 24:13 y 13:13) en referencia a aquéllos que hasta el último momento guardan los mandamientos, son fieles a Di-s y guardan el testimonio de Yeshúa. Éstos todavía pueden clamar Aná Adonay, hoshía na!

El paisaje lúgubre está precedido por lo que se denomina en la tradición hebrea como “Los pasos del Mesías” o “los dolores de parto”; catástrofes terrenales, tastrornos cósmicos, perversión exacerbada. Algo que encontramos igualmente mencionado en el B’rit Jadashá (Nuevo Pacto). De hecho, de acuerdo a esta misma tradición, después de 6000 años desde la creación del hombre vendrá el Mesías: 2000 años primeros, 2000 años de la Ley y 2000 años de los “tiempos mesiánicos” (es decir, en que el Mesías sería manifestado). Justamente en estos últimos 2000 años, los mesíanicos, son los momentos de los signos del fin. Estos timepos los vivimos ahora, pero aún falta porque se manifieste lo´más grave y, finalmente, la esperanza del Di-s Vivo. Por eso lo más importante es seguir la recomendación de Yeshúa: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. (Mt 13:33)


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