Archivo de la etiqueta: Yom terua

Avot 3:22, Shaná tová…

Rosh Hashaná, cuyo nombre es posterior, y que ostenta en la Bilia el de Yom Teruá, también es conocido como Yon Hazikarón y Yom Din, este último, un nombre muy apropiado: el Día del Juicio. Sobre este día el TaNaJ tiene mucho que decir, tanto, que deberíamos introducirnos en sus profundidades para entender lo que Shlomó hamélej quiso decir cuando escribió: “mejor el día de la muerte que el del nacimiento” (Qoh/Ecl 7:1); porque es mejor el final de la vida que su principio y aún todo su recorrido, ya que el momento de la muerte es el que define si la persona quedará para vida eterna o no.

Al día del juicio también se le llama el Terrible Día del Señor, aquél sobre el cual Yeshúa dijo que vendría; un día del cual nadie quiere tener noticia: “¿No será día el día de Adonay tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?” (Am 5:20). No hace mal un poco de conciencia de lo que representa este día, más allá de pensar que simplemente algo termina y otra cosa comienza; los buenos deseos y las felicitaciones que se extienden en cartas y correos no están mal, pero ahora mirémonos en nuestras propias oscuridades y aún escuchemos lo que R. Eliezer haKapar solía decir:

Solía decir [R. Eliezer haKapar]: el nacido está destinado a la muerte, el muerto está destinado a la resurrección y los resucitados al juicio, para que conozcan, den a conocer y sea reconocido que es Dios, que es el Modelador, el Creador, el Omnisciente, el Juez, el Testigo, el Pleiteador, El que habrá de juzgar. Bendito sea, porque no hay injusticia delante de él, ni olvido, ni acepción de personas, ni sobornos. Todo le pertenece. Has de saber que todo se hace según cuenta y no permitas que tu mala inclinación te haga confiar en que en el sol encontrarás el reposo. Has sido creado contra tu voluntad, naciste contra tu voluntad, vives contra tu voluntad, morirás contra tu voluntad y contra tu voluntad tendrás que rendir cuentas delante del Rey de Reyes, el Santo, ¡bendito sea! (“Avot” 3:22, La Misná, p. 851)

A nuestro pesar, ésa es la condición humana, y no es excusa para hacerse irresponsable y dedicarse a satisfacer los placeres que una vida santa desprecia.


YOM HAZIKARÓN

Akedat Ytzjak (la atadura de Isaac), es lo que en la tradición hebrea los rabinos interpretan por el sacrificio que ofreció Avraham delante del Di-s Eterno, en obediencia a su mandato. ¿Qué es lo que realmente significa? En la tradición henbrea, se considera que Ytzjak fue realmente sacrificado, así como Yeshúa HaMashiaj, de acuerdo a lo profetizado, fue, para redención de Israel y el mundo.Yom Hazikarón es el nombre que recibe Yom Teruá o Rosh Hashaná, y significa “El día de la remembranza”. ¿De qué hacer remembranza? De la akedat Ytzjak, que en su verdadero significado es el sacrificio del Mashiaj, conforme a lo profetizado en Daniel. Así, esta es la voz del shofar de Di-s que reunirá a los exiliados el día que Él regrese. Boah nah Adon Yeshúa! (Ap. 22:20)

YOM HAZIKARÓN, posted with vodpod


Selijot


Shofar

Cargado originalmente por Rivka Radonsky (ne Hershon)

Durante el mes de Elul, último mes de este año, el creyente debe tener un espíritu de arrepentimiento. Hacia la teshuvá está el camino de la humillación y en ésta van las fuerzas propias: la confesión de la torpeza propia para hacer lo bueno, la conciencia de que no tenemos méritos para refrenar el mal que pueda venir en nuestra contra o la condena por la transgresión de nuestros desvíos.

Negarnos a nosotros mismos, es la forma más concisa de decirlo.

“Pecado” tiene en su raíz antigua la edificación de un muro que no sólo separa terrenos o dispone límites, sino que impide pasar al otro lado del muro. De hecho, impide salir también. Es el principio del ostracismo del mal.

Sólo existe una forma de romper la sofocación -no es casualidad que en la Biblia el hombre que peca e insiste en el pecado es como un enfermo que se acerca a la muerte-: emprender el camino de regreso, allí de donde el muro que hemos impuesto nos ha desviado. Para regresar, pues, hay que romper el vallado. ¿Quién es consciente de sus propios errores como para derruirlos? ¿Quién está incómodo con el muro que acaba de construir como para derribarlo de nuevo, si de pronto es esa separación lo que delimita nuestro parecer, nuestro camino, nuestra independiencia de vivir como mejor nos place y entender como mejor podemos, la vida?

¿Quién?

Hay que odiar ese muro para destruirlo. Hay que conocer cuán morboso es para nuestro impulso vital, para lo que nos conforma como personas. Hay que reconocer que nos hemos desviado y no nos ha servido de nada. Hay que ver que somos esclavos del pecado. Y si hemos sido libertados de eso, hay que reconocer que también, comúnmente andamos conforme a nuestra prudencia propia, y caemos. No somos hombres y mujeres justos, piadosos, ni que buscan a Di-s.

Hay que volver al Camino. Hay quien desconozca cuál es ese principio. Por eso judíos deben volver; gentiles deben cambiar su dirección y andar el camino de vuelta que conoce el judío piadoso: humillarse uno mismo, delante de Di-s, de quien hemos desechado la Verdad sobre nuestras acciones y Sus mandamientos.

Y en la gracia del Eterno, ser inscritos en el libro de la vida para un año más bajo Su poder y misericordia. Las selijot nos ayudan a entenderlo, que aún creyendo en Él, estamos alejados por nuestro propio yerro:

Otorga gracia a Tus hijos, quienes a Ti retornan, y llenos de pavor se paran ante Tu presencia. Temerosos están del momento en que son llamados al juicio; pues por eso vinieron, dolientes.

-Jon Tajón, piyut de Rosh Hashaná.


Del juicio al perdón

Ayer terminó el primer día de Yom Teruáh, el día del toque del shofar, que representa igualmente, el día del juicio. Cada año el libro de la vida se abre para leer el nombre de los inscriptos; éstos tendrán la oportunidad de seguir un año más como una oportunidad para arrepentirse, para andar en rectitud con temor del Cielo.

Evidentemente, la fiesta como moed (מועד) es una cita con Di-s. Esta es la cita que representa el momento en que la prudencia personal es desechada para justificar los errores personales. De ahí el toque del shofar como el llamado a revisar la vida personal a la luz de los mandamientos de Di-s. El toque recuerda otras ocasiones en las que es mencionado en la Biblia, como el momento de la entrega de la Torá en el Sinai. Dicho sea de paso, el shofar no puede ser tocado para cualquier ocasión, sólo por placer; su carácter es sagrado.

En esa tesitura, la reprensión, la corrección, el ánimo a regresar al camino de integridad (Sal 15) son el cometido del sonido del shofar. Su función también es anunciar que el juicio está cercano y todos los seres humanos habrían de comprar “sin dinero y sin precio vino y leche” (Is 55:1); “oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Ap 3:18).

El vino, la leche son representaciones de la abundancia y en el contexto del libro del profeta Isaías, es la salvación: “A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed”. Esta abundancia de balde, es decir, gratuita, es una muestra de la misericorida previa al día en que, los que desechen esta ocpión, vengan a juicio por evitar buscar la vida y la justicia. Quien crea que esto es algo que no requiere de una decisión personal y un constante trabajo en conservar lo que se ha comprado gratuitamente, y piense que será perdonado por haberlo conseguido una vez -y haberlo descuidado después-, está del lado de los que despreciaron esas aguas, esa comida, esa leche.

La riqueza del oro fundido representa la práctica de los mandamientos del Di-s Eterno, pero sin prudencia personal ni vanaglorias. El vestido blanco es la conducta en santidad. El untarse los ojos con colirio es limpiar la mirada que va tras sus deseos, sus muy personales deseos.

De tal manera que no hay pie para engrandecerse, ni jactarse de que sin arrepentiemiento, y más aún, pretendiendo ser un talmid (discípulo) de Mashiaj Yeshúa, habrá perdón y escritura de nuestro nombre en el libro de la vida. El mismo Mesías lo advierte que habrá algunos que, muy a su pesar, aún después de haber hecho obras en Su Nombre, no son parte del rebaño y serán lanzados fuera. Estas obras no pasan la prueba de la justicia porque se hicieron dirigidas por justicia propia.

Ante esta situación no hay nada que nos acerque a ser salvos el día del juicio, el día que se abra el libro, que provenga de nuestra cuenta, de nuestras ideas sobre el poder de Di-s y nuestra forma de entenderlo, sino La verdad divina que sea practicada, asimilada, asumida. La verdad de la justicia de Di-s. Ni las obras ni los méritos de los antepasados, ni los propios pueden hacernos perfectamente justos delante de Di-s. Justamente dice el piyut “Al tedideni” (no me juzgues):

En el día del juicio, ¿en quién me refugiaré y quién estará por mí?

Y en el rezo de shajarit de Yom Kipur, se dice:

Que se levante un buen intercesor para justificarnos.

Y en una de las cartas de Yohanán, a propósito de estos días de arrepentimiento y ruego por el perdón de los pecados, en el contexto de la primera carta subyacen estas fiestas últimas, dice:

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Yeshúa HaMashiaj hatzadiq (el justo.)

En referencia a lo que dice el profeta Isaías: “Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho; por Su conocimiento, justificará Mi Siervo Justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Is 53:11). Esto es decir: que los que han pecado y no tienen justicia que presentar (¿quién la tiene?) ante el Juez, entonces compren la leche y la miel; beban las aguas (una frase que los rabinos usaron para representar el aprendizaje de las enseñanzas de un maestro, y en este caso, el Maestro Justo, Yeshúa) de la salvación; el oro, los vestidos y el colirio que son elementos exclusivos del camino hacia la redención y que remiten forzozamente a ella: la redención y el precio por ella.

La palabra “abogado” en este pasaje es en el griego paracletos, que significa “socorredor” y alquien que delante de un juez intercede por alguien. Éste es el que está el día del juicio por quien tiene emuná en Él. Digamos que este abogado no defendería a nadie de forma injusta, de tal manera que si se trata de un malvado que se ha vuelto (arrepentido) y cambiado sus caminos a los de Di-s, será justificado por Él.

Ésa es, pues, la justicia de Di-s: no dejar sin defensa en el juicio al que se ha vuelto a Sus caminos por completo y con autenticidad. Este abogado lo proveyó Él Mismo, de ahí que diga Rav Shaúl, que este tipo de justificación está “testificada por la Toráh y los nevi’ím” (Ro 3:21). Él Mismo ha otorgado Su perdón para el que se arrepiente (se vuelve a Di-s y no insiste en el pecado.)


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.