Tenemos la salvación (y debemos conservarla)

Somos salvos. Puede parecer una simple cuestión semántica, pero es la semántica lo que le da sentido a lo que decimos, y si lo que confesamos es lo que creemos, entonces ese sentido se vuelve una verdad; entonces sí importa cómo lo decimos y cómo lo entendemos.

¿Cómo, pues, confesamos y entendemos la verdad bíblica sobre la salvación

Comúnmente se dice que se es salvo en lugar de que se ha obtenido la salvación. De hecho, la palabra “salvación”, tal como es usada en el Nuevo Pacto es “rescate”, del gr. σῴζω (sozo). En otras palabras, se refiere a ser salvado de la destrucción. Con mayor especificidad, cuando se traduce al hebreo, la palabra es , que es eso mismo, “rescate”, en el sentido de pagar un rescate por un prisionero.

Es así como lo entiende Kefa en su primera carta diciendo: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir … con la sangre preciosa del Mashiaj” (1Pe 1:1819), usando el texto la misma palabra griega.

El que ha creído que por esa sangre se le rescata, se le libera del pecado y del poder del mundo sobre él, es salvo. Somos, pues, rescatados de la esclavitud del pecado y del mundo, mas debemos mantener esta libertad como Él nos la dio. De ahí que recomiende Kefa

desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda distracción; desead, como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

Entonces, si se es salvo, ¿para qué crecer para salvación? Por otro lado, se sabe que la salvación es por fe, que no hay mérito humano alguno para obtenerla. En otras palabras, es una obra divina. Si es así nadie me la puede quitar, pues nadie me la ha dado sino Di-s. Di-s, por Su gracia no la quita, pero nosotros sí la podemos perder por nuestra negligencia.

ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Di-s es quien en vosotros produce así el quere como el hacer, por su buena voluntad. (Fil 2:12-13)

La palabra griega para “ocupaos” es κατεργάζομαι, que significa “trabajar para llevar a un término” algo. El temor y el temblor no son un mero apunte al asunto de la salvación, sino una advertencia. Si la salvación no ha sido ganada por nadie sino que es algo que Di-s mismo sólo pudo hacer, entonces, ¿cómo la recuperaré si la desprecio? ¿Puedo perderla por despreciarla? Si no fuera así, ¿por qué Rav. Shaúl advertirá que se haga temblando de temor?

La salvación, o el rescate, debe ser preservado, de hecho, trabajado, elaborado por nosotros. El trabajo tiene que ver con la justicia, la rectitud, la la santidad; el compromiso con Di-s. Por eso mismo se habla del crecimiento para salvación.

La libertad obtenida debe ser, pues madurada, trabajada. Hay, pues, varias formas de entender la salvación. La primera de todas es considerarla como liberación.

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