El día está cerca

Cuando se habla de lo apocalíptico regularmente vienen a la mente las catástrofes, la maldad, la destrucción, pero a veces se olvida que al final prevalecerá el Mesías. Cuando se habla del reinado de Di-s sobre la tierra se piensa justamente en los nuevos cielos y la nueva tierra, pero se olvida del precio que hay que pagar por ello. Así también tenemos que cuando se habla del día del Señor se habla de la gloriosa venida de Yeshúa; de levantar las cabezas para recibirLe, pero se olvida que viene a juzgar a la tierra. Y es este juicio sobre lo que se advierte continuamente entre los profetas; no de las maldades, porque habrán de venir; ni la escasez y el hambre, las catástrofes, etc., pues sólo son señales del fin. El fin es lo que importa.

Los discípulos de Yeshúa preguntaban: “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lc 21:7). Y el Maestro les responde: “Mirad que no seáis engañados” (v. 8 ) y expone a manera de advertencia las señales, en cuanto a lo que sucederá con ellos. Pero hay algo interesante; la frase que viene después de hablar de Su llegada.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. (Lc 21:28)

El alba como el momento de la redención.

El alba como momento de la redención.

Estas palabras no están hablando del orgullo que un seguidor de Yeshúa debe sentir al presentarse las señales (porque son las señales “estas cosas [que] comiencen a suceder” y que ya están sucediendo). Erguirse y levantar la cabeza, por supuesto, no por las señales sino por la redención. Pero entre las señales y la redención (“que está cerca”) no existe una porción temporal determinada por Yeshúa… Él dice lo que nos debe interesar: erguirnos y levantar nuestra cabeza porque la redención (de los que hacen esto) está cerca. Pero, ¿qué tan cerca? Esta frase, en el contexto de la advertencia de los padecimientos -que no es una explicación de las señales- puede no estar hablando de un tiempo cronológico ni sincrónico, sino de un acontecimiento en relación a la actitud que sus discípulos deben tomar. El valor de sentido de la cercanía del día está determinado por mantenerse erguidos y tener levantadas las cabezas, por lo que la atención -y la tensión- cae sobre esto.

En el griego de texto la palabra para “erguirse” es ἀνακύπτω que quiere decir “levantar el cuerpo entero”; y para “levantarse” es ἐπαίρω que significa “elevarse” (como una oración o una bendición son elevadas al cielo. También: recobrar el ánimo). En otras palabras, parafraseando el versículo: “levántense por completo y cambien de posición, de abajo hacia arriba, sus cabezas”. Tenemos, pues, una posición corporal.

El cuerpo representa la totalidad de la persona pero la cabeza su dirección, ésta es el valor de la posición corporal. El cuerpo erguido nos habla de rectitud y de fidelidad; de una conducta intachable y una firmeza en el camino agradable a Di-s. La cabeza nos habla de la atención puesta en los cielos y un giro radical en sentido contrario respecto del lugar hacia donde se dirigía. Así, vemos que esta posición corporal no es algo fijo que hallamos de principio a fin, sino toda una representación simbólica, como el despertarse de un sueño; de acomodar la postura; el paso de un estado a otro (y esto es algo a lo que se urge una vez entrando en la gracia de Adon Yeshúa.)

Así vemos que el cuerpo fime habla de la conducción (la conducta) y la cabeza levantada del referente de esa conducta. Es decir, vivir conforme a lo celestial; cambiar del reposo a la firmeza en relación al camino de Di-s y posar toda esperanza y dirigir la mirada a lo celestial (Col 3:1).

Pero se preguntará: ¿esto hasta el último momento? Nótese que lo “cerca” que está la redención (y en cuanto redención contiene implícitamente ser librado de opresiones) no es una acción enfocada en el tiempo de la redención sino en el modo en que se presenta esa redención: es traída cerca, o bien, es cercana. Esto brinda luz sobre la postura corporal, pues sólo teniendo esta postura la redención puede estar cerca, de tal manera que la posición es la clave de esta redención final.

La redención a efectuarse es, literalmente, un rescate por el cual se ha pagado un precio ( ἀπολύτρωσις ), es decir, que Di-s vendrá para llevar a cabo el rescate de aquellos por los cuales pagó un precio, el rescate de sus vidas por mantenerse erguidos y con la cabeza hacia el cielo. En otras palabras: aquél rescate está cerca de los que tienen esa posición corporal o estilo de vida.

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