La familia y el día del Señor

Familia judia por C.W. Eckersberg (s. XIX)

Familia judía por C.W. Eckersberg (s. XIX)

Mientras en nuestros tiempos la familia ha formado parte de un discurso desgajado de su autoridad en todos los niveles (religioso, educativo, teórico, etc.), la Biblia hace permanente en valor de la misma como motivo de salvación. No existe definición de familia en la Biblia, pero hallamos su importancia cultural en el pueblo hebreo y que es fundamental para la transmisión de la enseñanza de lo espiritual.

En la familia se guarda el testimonio de Yeshúa. La relación semántica que guardan los conceptos de cada integrante de la familia nos dan la clave de cómo Di-s la concibe. En la medida de esta interpretación la familia que Di-s concibe tiene como propósito la preservación y transmisión de la santidad y es en ella donde se enfoca la atención del profeta Malaquías en su breve capítulo 4, del cual citamos:

He aquí, Yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Adonay, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que Yo venga y hiera la tierra con maldición. (vss. 5-6)

Esta profecía focaliza sobre el arrepentimiento. “Hacer volver” es justamente lo que significa. En la tradición hebrea la figura de Elías, como lo vemos aquí, está fuertemente conectada con la llegada del Mesías. En este caso, con Su venida al final de los tiempos. Al preguntarle a Yeshúa Sus discípulos sobre esta tradición, Él responde: “Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas … Pero os digo que Elías ya vino” (Mr 9:11-13). En Mt 17:11-13 se añade que los discípulos comprendieron “que les había hablado de Juan el Bautista”. Si hacemos las conexiones correctas, el ministerio de Yojanán Hamat’bil estuvo dedicado a la shuvá ( שוב ), el volver, el arrepentimiento. Para volver el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa hay que volverse al Di-s de Israel primeramente.

El mensaje de Yojanán era duro; hablaba del fin; de hacer frutos de arrepentimiento y no pensar que por pertenecer al linaje de Avraham (este mensaje ciertamente es para el pueblo judío, pero, en Yeshúa, se aplica, como dice Rav Shaúl en Ro 1:16 al final, “también al griego”. La gentilidad ha tomado para sí la promesa mesiánica de pertenecer a las naciones descendientes de Avraham, de tal manera que tienen la misma responsabilidad e intrusión en este mensaje de los días finales), entonces se salvarían de la ira de Di-s. La pertenencia a un grupo religioso o, de hecho, a una familia religiosa o practicante o creyente (como quiera que se le llame) no garantiza librarse de la ira de Di-s, pues existe un compromiso de fidelidad con Él a partir del poder en Su sangre para salvar.

En la parábola llamada “de los talentos” el siervo malo y negligente que se guardó la moneda por temor a perderla, dice al Amo de esa moneda: “te conocía que eres hombre duro” (Mt 25:24) y esta última palabra en griego quiere decir “insoportable”; “irresistible” porque nadie puede aguantar la dureza con la que ese “hombre” actúa en favor de sus bienes. Así la el fruto de lo que Di-s nos da, la santidad, ha de ser reclamado por el Amo.

La mishpajá o familia tiene la responsabilidad de preservar la santidad y transmitirla a la generación siguiente; esto es posible guardando el testimonio de Yeshúa. Por eso mismo, el versículo de Malaquías comienza diciendo “hará vover el corazón de los padres hacia los hijos” pues la responsabilidad de la santidad, del cariño, de la corrección y de la teshuvá (arrepentimiento) en sus casas comienza por los padres pero es recíproca con los hijos.

Niño yemenita enseñándose a orar en el Kotel.

Niño yemenita enseñándose a orar en el Kotel.

Todo esto está relacionado con la importancia íntima y exterior que tiene Di-s en la vida de los padres; el compromiso que guardan respecto de la salvación; si la corrección que ejercen es conforme a la Toráh; si son discípulos de Yeshúa. Éso es lo que se transmite en verdad, lo que día a día los hijos ven en sus padres. Por ello, insistimos, son los padres los que han de volverse a Di-s primero para que sus hijos se vuelvan a ellos. El padre de acuerdo a la Biblia tiene la responsabilidad de transmitir el testimonio del poder de Di-s, de qué condición lo sacó y por qué es lo que hoy es (Dt 6: 4-7 y 20-25.)

Conviene decir que esta profecía está ligada con el quinto mandamiento y que pertenece a los que cuidan la relación entre el hombre y Di-s: “honrarás a tu padre y a tu madre”. Quien no cumple el mandamiento se acorta a sí mismo la vida y quien maldice o hiere a sus padres morirá. De tal manera que la santidad es una cuestión que va de vuelta a los padres en los hijos.

Tal vez por eso la familia está en el renglón de las cosas por venir en cuanto al juicio. La santidad ha de residir en el corazón de los recuerdos personales, las expectativas, los modelos de correción, cariño y entrega a Di-s de alguien, junto a los fracasos, errores y debilidades de la carne, en un aprendizaje que busca no juzgar al otro, sino ser uno en el amor de Yeshúa.

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Una respuesta a “La familia y el día del Señor

  1. El día de hoy al revisar la parasha tetze (si salieres), nos muestra cuán escrupulosos son los mandamientos de Hashem para aquéllos que transgreden sus ordenanzas, que van desde la muerte por apedreamiento hasta los 40 latigazos, tratando de que el pueblo estuviese en santidad para poder ir de victoria en victoria. Platicando con mi esposa comentábamos que en la actualidad hay muchos asesinatos, drogadicción y demás, debido a que todas éstas ordenanzas no son transmitidas a los jóvenes; sino por el contrario, existe una idea de autosuficiencia y de hacer lo que se crea que es mejor, lo que implica disgregación de familias y de la misma sociedad, así como aumento de la maldad en nuestos días. Por tanto creo que debemos regresar al respeto y amor por los mandamientos de nuestro señor, ya que ésa es la única manera de agradarle y de poner fin a tanta iniquidad.

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