(Hab 2:3) עוֹד חָזוֹן לַמּוֹעֵד

¿Te has preguntado, si tienes algo en qué servir a Di-s en relación a la venida del Ungido, cómo hacerlo, qué obrar? Numerosas veces se piensa que se debe realizar una actividad dentro del grupo religioso (lo cual, no es una mentira, pero eso es tan sólo una expresión de la nueva vida que representa creer en Él). También se piensa que el servir a Di-s, va de la mano con “hacer” algo por cuenta propia. Cierto, pero es necesario recordar que servir tiene su denotación bíblica en la esclavitud: el que sirve es un esclavo.

Como tal, el esclavo no tiene opción de desobediencia a menos que desee ser azotado (cosa improbable, pero inconcientemente posible). Nadie quisiera ser azotado, de todas maneras, los servidores no son perfectos y reciben continuas correcciones, pues el servicio a Di-s es un camino nuevo que debe aprenderse a andar conforme a la Palabra inspirada por Él y bueno, todos los que van a Su servicio, todos los creyentes que se comprometen con Él, tienen hábitos y costrumbres que no son santas y que son de la vida mundana y digamos también, profana, de las que hay de deshacerse. Luego, con suma ingenuidad algunos han tratado de acomodar esa mundanidad como “servicio” santo al Di-s de Israel. La división entre lo que es de Di-s y lo que no lo es, resulta muy clara: el que se sirve a sí mismo no es de Di-s.

Pensemos, pues, como esclavos: tendría esa que ser nuestra psicología. No somos libres de obrar o servir a Di-s como quisiéramos, muchas veces. El servicio; el modo del servicio, sus instrumentos, la capacidad de servir, son sólo de Él y Él se lleva la gloria en ello. Así que cuando buscamos con buena intención ser notados, reconocidos, amados, admirados, etc., por nuestros hermanos o cualquier otro; haciendo expectáculo de nuestros poderes de persuasión (histriónicos, en puestas en escena; persuasivos, etc.), so pretexto de comunicar las buenas nuevas, somos el motivo de nuestra gloria personal…

El servir a Di-s tiene un fuerte lazo con el día del Señor, y en ello se va todo el modus operandi del quehacer diario de un creyente. En relación, pues, con ese día, el servir a Di-s es indispensable para la vida de quien desea seguir al Maestro Yeshúa -y además de agradarLe, ocuparse de su salvación-. De esto podemos encontrar referencias tanto en el Tanaj como en el B’rit Jadashá, quisiera decir que todas ellas pueden concentrarse en el sentido bíblico de la espera. Esperar es servir a Di-s: esperar por Su venida.

Son varias las parábolas para ejemplifican esto (pueden ser leídas aquí). Todas ellas hablan de lo que se espera del siervo o esclavo. Se espera que dé fruto, un fruto abundante (no solamente que cumpla con su trabajo…); que invierta lo que le es dado (pues lo que trabaja no le es propio, eso lo hace partícipe de los bienes, aunque no dueño); que esté en su puesto el día en que su Señor regrese, a sabiendas de no conocer ese día; que no sea negligente en su trabajo ni golpee (menosprecie, abandone, olvide, cometa fraude contra) sus consiervos.

Cuando el Amo de los bienes ha venido, el trabajo se termina y se rinden las cuentas. Mientras no llega, se trabaja. Por lo tanto, el trabajo que dé el siervo es proporcional al sentido de la espera que se desprende de ello. En otras palabras, el trabajo representa el deseo por la venida del Señor como forma de la espera. ¿Por qué la espera? Porque el deseo es una modulación de la espera. El buen trabajador, fiel y prudente, es el que más desea la vuelta de su Amo.

Esperar de esta forma es servir a Di-s. La fidelidad caracteriza esta espera, ya en el libro de Habacuc encontramos: “se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará”. Esta profecía está ligada con los últimos tiempos y los rabinos habían ya reflexionado sobre ella en referencia a la llegada del Mesías: Rabí Nathan (Sanhedrin 97a) habla de este versículo traducido como “Porque la visión está aún para un tiempo señalado, pero al final hablará y no mentirá; aunque se tarde, espéralo, pero ciertamente esto vendrá, no tardará”, aquí el término cambia y, en lugar de referirse a la visión se refiere a un él, el Mesías.

Este rabino tiene una visión sobre el Mesías como Yeshúa hablaba sobre Sí Mismo en referencia al tema que estamos tratando. Este rabino quiere decir “nuestro deber es esperar”. Yeshúa nos dice cómo esperar:

Pero aquel día y de la hora nadie sabe, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. (Mt 13:32-33)

Mirar equivale a discernir. Esta advertencia se acomoda a la manera en que el creyente es responsable por conocer íntimamente los mandamientos de Di-s y Su consejo como para dejarse engañar por falsas ideas y falsos profetas. Velar, a estar alerta y no confiar en uno mismo, es decir, no hacerse el inteligente frente a los preceptos y la sabiduría divina sobre cómo debe ser el comportamiento, el pensamiento y el estilo de vida del creyente mismo. Orar porque no se caiga en condenación por causa del pecado y la falta de arrepentimiento. La advertencia es grande: así como el arrepentimiento precedió el servcio público de Yeshúa, así Su segunda venida debe estar precedida -entendida y realizada en el creyente- por una vida en santidad y que busca constantemente el rostro de Di-s, en el arrepentimiento de obras muertas para no errar. La oración es también la confesión y el ruego por la salvación.

Éste es el servicio a Di-s mientras Él llega,  כִּי עוֹד חָזוֹן לַמּוֹעֵד  (pues la visión es aún para el tiempo señalado); “se apresura hacia el fin, y no defraudará.”

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