Del juicio al perdón

Ayer terminó el primer día de Yom Teruáh, el día del toque del shofar, que representa igualmente, el día del juicio. Cada año el libro de la vida se abre para leer el nombre de los inscriptos; éstos tendrán la oportunidad de seguir un año más como una oportunidad para arrepentirse, para andar en rectitud con temor del Cielo.

Evidentemente, la fiesta como moed (מועד) es una cita con Di-s. Esta es la cita que representa el momento en que la prudencia personal es desechada para justificar los errores personales. De ahí el toque del shofar como el llamado a revisar la vida personal a la luz de los mandamientos de Di-s. El toque recuerda otras ocasiones en las que es mencionado en la Biblia, como el momento de la entrega de la Torá en el Sinai. Dicho sea de paso, el shofar no puede ser tocado para cualquier ocasión, sólo por placer; su carácter es sagrado.

En esa tesitura, la reprensión, la corrección, el ánimo a regresar al camino de integridad (Sal 15) son el cometido del sonido del shofar. Su función también es anunciar que el juicio está cercano y todos los seres humanos habrían de comprar “sin dinero y sin precio vino y leche” (Is 55:1); “oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (Ap 3:18).

El vino, la leche son representaciones de la abundancia y en el contexto del libro del profeta Isaías, es la salvación: “A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed”. Esta abundancia de balde, es decir, gratuita, es una muestra de la misericorida previa al día en que, los que desechen esta ocpión, vengan a juicio por evitar buscar la vida y la justicia. Quien crea que esto es algo que no requiere de una decisión personal y un constante trabajo en conservar lo que se ha comprado gratuitamente, y piense que será perdonado por haberlo conseguido una vez -y haberlo descuidado después-, está del lado de los que despreciaron esas aguas, esa comida, esa leche.

La riqueza del oro fundido representa la práctica de los mandamientos del Di-s Eterno, pero sin prudencia personal ni vanaglorias. El vestido blanco es la conducta en santidad. El untarse los ojos con colirio es limpiar la mirada que va tras sus deseos, sus muy personales deseos.

De tal manera que no hay pie para engrandecerse, ni jactarse de que sin arrepentiemiento, y más aún, pretendiendo ser un talmid (discípulo) de Mashiaj Yeshúa, habrá perdón y escritura de nuestro nombre en el libro de la vida. El mismo Mesías lo advierte que habrá algunos que, muy a su pesar, aún después de haber hecho obras en Su Nombre, no son parte del rebaño y serán lanzados fuera. Estas obras no pasan la prueba de la justicia porque se hicieron dirigidas por justicia propia.

Ante esta situación no hay nada que nos acerque a ser salvos el día del juicio, el día que se abra el libro, que provenga de nuestra cuenta, de nuestras ideas sobre el poder de Di-s y nuestra forma de entenderlo, sino La verdad divina que sea practicada, asimilada, asumida. La verdad de la justicia de Di-s. Ni las obras ni los méritos de los antepasados, ni los propios pueden hacernos perfectamente justos delante de Di-s. Justamente dice el piyut “Al tedideni” (no me juzgues):

En el día del juicio, ¿en quién me refugiaré y quién estará por mí?

Y en el rezo de shajarit de Yom Kipur, se dice:

Que se levante un buen intercesor para justificarnos.

Y en una de las cartas de Yohanán, a propósito de estos días de arrepentimiento y ruego por el perdón de los pecados, en el contexto de la primera carta subyacen estas fiestas últimas, dice:

Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Yeshúa HaMashiaj hatzadiq (el justo.)

En referencia a lo que dice el profeta Isaías: “Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho; por Su conocimiento, justificará Mi Siervo Justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Is 53:11). Esto es decir: que los que han pecado y no tienen justicia que presentar (¿quién la tiene?) ante el Juez, entonces compren la leche y la miel; beban las aguas (una frase que los rabinos usaron para representar el aprendizaje de las enseñanzas de un maestro, y en este caso, el Maestro Justo, Yeshúa) de la salvación; el oro, los vestidos y el colirio que son elementos exclusivos del camino hacia la redención y que remiten forzozamente a ella: la redención y el precio por ella.

La palabra “abogado” en este pasaje es en el griego paracletos, que significa “socorredor” y alquien que delante de un juez intercede por alguien. Éste es el que está el día del juicio por quien tiene emuná en Él. Digamos que este abogado no defendería a nadie de forma injusta, de tal manera que si se trata de un malvado que se ha vuelto (arrepentido) y cambiado sus caminos a los de Di-s, será justificado por Él.

Ésa es, pues, la justicia de Di-s: no dejar sin defensa en el juicio al que se ha vuelto a Sus caminos por completo y con autenticidad. Este abogado lo proveyó Él Mismo, de ahí que diga Rav Shaúl, que este tipo de justificación está “testificada por la Toráh y los nevi’ím” (Ro 3:21). Él Mismo ha otorgado Su perdón para el que se arrepiente (se vuelve a Di-s y no insiste en el pecado.)

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