Después de Shabu’ot

A la entrega de la Ley, la revelación más delicada y vital, sigue la vida de un hombre nuevo que debe sobreponerse a su condición temporal mediante el instrumento eterno que le fue entregado. En la Torá, la revelación de boca de Di-s y en el B’rit Jadashá, la vida renovada por medio del poder del Di-s Viviente.

Sobreponerse significa una brega. Bregar, es ya, a través de la revelación, ser astuto como serpiente y manso como paloma. Inteligencia, destreza para hacer la obra del poder de Di-s en el que cree; mansedumbre para demostrar que ese poder sigue otras leyes que las que los hombres esperan en cuanto a la justicia, la verdad, el bien.

Bregar, haciendo morir al viejo hombre y vivir en el poder divino para que Él manifiesta Su grandeza. Pero las cosas no giran tan convenientemente. Israel hizo el becerro de oro y se quejó. El viejo hombre surgió y trató de devorar al nuevo, para ser terminado por los que guardarían la ley, los levi’ím.

Los levitas son, pues, el hombre nuevo. Moisés y sus hermanos, los que sobreviven o, mejor, se sobreponen a la desviación, le representan. Ahora bien. Moisés regresa para decepcionarse. Pone el orden y regresa a Di-s, una forma extraordinaria de ver cómo la prefiguración del Mesías en él está en llegar desde lo alto para descubrir el pecado, terminarlo e interceder por el nuevo hombre que ha caído. Y finalmente regresar el Día del Perdón.

Mientras, 40 días más en espera del regreso de Moisés, el pueblo busca arrepentirse, tal y como es entendido por la tradición hebrea. No es casualidad que cuando se habla de la venida de Yeshúa, se hable de ser diligentes en el amor y la abundancia de buenas obras antes de Su regreso. Él mismo dice: “Cuando venga el HIjo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Fe = fidelidad. Pedro urge a corregir nuestra vida y alejarnos del mal; a tener un comportamiento ejemplar. No habla de destacar por encima de otros, ni en conocimientos, estirpes, éxitos, capacidades personales, logros, etc. Habla de buenas obras y de obediencia, sometimiento a Di-s. Habla de vivir el Reino de los Cielos. Yeshúa lo promete: “recibiréis poder”. Éste, para andar conforme a los caminos de la Verdad, encontrados en escritura tan antigua como el Tanaj.

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