Selijot


Shofar

Cargado originalmente por Rivka Radonsky (ne Hershon)

Durante el mes de Elul, último mes de este año, el creyente debe tener un espíritu de arrepentimiento. Hacia la teshuvá está el camino de la humillación y en ésta van las fuerzas propias: la confesión de la torpeza propia para hacer lo bueno, la conciencia de que no tenemos méritos para refrenar el mal que pueda venir en nuestra contra o la condena por la transgresión de nuestros desvíos.

Negarnos a nosotros mismos, es la forma más concisa de decirlo.

“Pecado” tiene en su raíz antigua la edificación de un muro que no sólo separa terrenos o dispone límites, sino que impide pasar al otro lado del muro. De hecho, impide salir también. Es el principio del ostracismo del mal.

Sólo existe una forma de romper la sofocación -no es casualidad que en la Biblia el hombre que peca e insiste en el pecado es como un enfermo que se acerca a la muerte-: emprender el camino de regreso, allí de donde el muro que hemos impuesto nos ha desviado. Para regresar, pues, hay que romper el vallado. ¿Quién es consciente de sus propios errores como para derruirlos? ¿Quién está incómodo con el muro que acaba de construir como para derribarlo de nuevo, si de pronto es esa separación lo que delimita nuestro parecer, nuestro camino, nuestra independiencia de vivir como mejor nos place y entender como mejor podemos, la vida?

¿Quién?

Hay que odiar ese muro para destruirlo. Hay que conocer cuán morboso es para nuestro impulso vital, para lo que nos conforma como personas. Hay que reconocer que nos hemos desviado y no nos ha servido de nada. Hay que ver que somos esclavos del pecado. Y si hemos sido libertados de eso, hay que reconocer que también, comúnmente andamos conforme a nuestra prudencia propia, y caemos. No somos hombres y mujeres justos, piadosos, ni que buscan a Di-s.

Hay que volver al Camino. Hay quien desconozca cuál es ese principio. Por eso judíos deben volver; gentiles deben cambiar su dirección y andar el camino de vuelta que conoce el judío piadoso: humillarse uno mismo, delante de Di-s, de quien hemos desechado la Verdad sobre nuestras acciones y Sus mandamientos.

Y en la gracia del Eterno, ser inscritos en el libro de la vida para un año más bajo Su poder y misericordia. Las selijot nos ayudan a entenderlo, que aún creyendo en Él, estamos alejados por nuestro propio yerro:

Otorga gracia a Tus hijos, quienes a Ti retornan, y llenos de pavor se paran ante Tu presencia. Temerosos están del momento en que son llamados al juicio; pues por eso vinieron, dolientes.

-Jon Tajón, piyut de Rosh Hashaná.

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