Después de la muerte, el juicio; después del sacrificio, la vida.

 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Mashiaj fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Heb9:27-28

Con estas palabras Igueret Al-Ivrim relaciona la certeza de la muerte y el juicio venidero con la muerte sacrificial de Yeshúa HaMashiaj y Su segunda venida para salvación (a los que Le esperan). Muerte y resurrección son el eje discursivo en esta analogía. En medio de ello está el juicio y la salvación final; Su primer venida como un Mesías sufriente; la segunda, como un Mesías triunfante.

La certeza de su segunda venida está relacionada con el juicio. Nadie puede estar preparado para un juicio dictaminado por Di-s, así como tampoco nadie puede estar preparado para recibir al Señor en este mundo. Esto lo sabemos porque Él mismo dice:

Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lc 18:8).

Sn embargo, ¿cómo no habría Él de recomendar la conducta que un mesiánico debe tener en el mundo mientras Lo espera?

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor (Mt 24:42).

En otras palabras, no existe excusa para abandonar el Camino, si tenemos a nuestro alcance el refugio del Todopoderoso. Evidentemente, más allá de que estas palabras sean muy fáciles de decir, las dificultades nos acercan a Di-s, tal vez de una manera mucho más asertiva de lo que pensamos.

La ventaja de una vida que en su cotidianidad se consagra a servirLo es que en las adversidades sabe y tiene con qué atravesarlas, porque cuenta con el consuelo y el consejo del Santo, bendito Es. Pero una vida que por diversas dificultades se aleja o se hace poco a poco indiferente a la consagración – al compromiso que implica andar en las sendas del Altísimo -, es decir, la continua disposición de negarse a uno mismo, de callar ante un conflicto que desataría la ira, etc., más fácilmente entrará por las puertas del pecado al venir sobre él algún mal momento.

Ebal, región donde Israel, frente al Monte Guerizim, proclamó las maldiciones y bendiciones adquiridas por ser un pueblo libre para servir a Di-s en el pacto que estableció con Moisés y el pueblo mismo.

La segunda venida de Yeshúa representa,  de una vez por todas, el fin. Nótese cómo esa llegada está en completa relación con la salvación de una vida que cotidianamente abraza la enseñanza de mantenerse fiel en espera de esa venida, de la cual nadie sabe el día ni la hora.

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