Voz de shofar: la muerte de nuestro poder.

ImagenEl sonido del shofar es un instrumento que Di-s usa para traer a la conciencia individual. Y es que el ejercicio de la misma no parece ser una actividad en la cual estemos acostumbrados en recrearnos.

Una cosa es aceptar nuestras faltas, otra, es cambiarlas. En esto consiste el sonido del shofar: en que ese despertar permita ver el estado precario de la vida espiritual propia.

Sin embargo, el trabajo siguiente depende de la persona: atender el llamado del shofar cuando el despertar lleve a buscar el cambio. Pero cuando ocurre ese maravilloso momento, se acude a una verdad insuperable: el cambio es imposible más allá del momento – del instante – de la conciencia. Porque el estado común del ser humano, el del aletargamiento, requiere un esfuerzo monumental para permanecer, por sí solo, fiel a ese despertar.

R. Shaúl comenta que Di.s “no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2Tim 1:7). Esto, por supuesto, sólo existe en una persona que ha nacido de Di-s, y no anda más según las costumbres y hábitos del mundo; sino que practica la verdadera Torá, la fuente de vida. Mientras, es un hombre perdido: adormecido en sus propios intereses.

Esto quiere decir que aún para arrepentirnos completamente, somos impotentes. Si alguien tiene algo, es porque Di-s se lo ha dado (en este caso, una nueva vida que le levanta de entre los muertos), y no porque gracias a sus buenas cualidades o acciones se lo ha ganado. El primer paso hacia la conducta fiel es el total menosprecio al mérito propio.

Di-s nos ha dado un espíritu de poder, es decir, que antes de esa situación nada podíamos para agradar a Di-s. De ahí que el peligro que corre todo creyente es pensar que ha podido lograr algo en su vida por su propia cuenta (por su muy gran inteligencia; por su gran sensibilidad y agudeza de pensamiento, etc.). Ahí es donde la fuerza animal del mundo obnubila al ser humano. De hecho, afirmo que la estructura racional que tenemos como personas nos ayuda a justificar nuestro letargo; pues si la diferencia entre un animal y un ser humano es su intelecto, la diferencia entre un hijo de Di-s y un ser humano es el grado de su humildad y su espiritualidad en servicio al Di-s de Israel, nacidos del arrepentimiento que provocó la voz del shofar de Di-s.

Todo, pues, comienza con esta voz y quien la escucha.

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