Ayunar en Yom Kippur

Dice Yeshúa, que “tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas” (Mt 6:17-18 a). Diversas implicaciones traen estas palabras, entre las explícitas están la hipocresía y la vanidad. Pero entre las implícitas: la intimidad. Di-s ve en lo secreto y el ayuno debe ser algo muy personal.

No es difícil pensar que el ayuno es un acto de interiorización y observación de lo íntimo. Bíblicamente hablando, lo íntimo está representado por los riñones y el corazón, donde reside el conocimiento más esencial y los sentimientos y fuerzas que nos llevan a decidir algo, respectivamente.

Yeshúa tiene un mashal sobre un hombre injusto y uno religioso. Tan sólo uno de ellos se duele de sus pecados en lo íntimo (Lc 18:9-14) y desea no ser ya como ha sido siempre.

Estos dos órganos ocultan lo que una persona realmente sabe y siente con respecto a sí mismo. Mientras en Grecia se acude al oráculo para saber quién se es, y no cumplir un fatal destino, la Torá hebrea nos dice que acudamos a la palabra revelada de Di-s para saber quiénes somos realmente (qué hacemos aquí, qué sentido tiene ello…), pues es Di-s – y no el destino – Quien nos formó: “Lámpara de HaShem es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Mishlé/Proverbios 20:27). En un salmo (Tehilim 17), David reconoce que es Di-s quien lo reprende en sueños es HaShem, y que pone a prueba al ser humano mientras duerme.

El ayuno debe, pues caracterizarse por mirar hacia lo íntimo y hallar lo que no se quiere, que la reprensión de Di-s, mediante Su palabra (que si no es leída, la persona, ¿cómo habrá de ser encaminada y corregida?), señala. La Palabra de Di-s es luz; nuestro interior, oscuridad: ahí es donde hay que dejarla alumbrar.

El verdadero ayuno se caracteriza por privarse de los hábitos mundanos, que Yeshúa hace notar como elementos sociales: ¿pues cómo alguien mentiría si no tiene de quién hablar o con quién comunicarse? ¿Quién no tiene envidia de otro si éste no está presente de alguna manera? Esa vanidad, parafernalia de la mentira, hace acto de ocultamiento, y así, de olvido de la miseria del espíritu: estos hábitos residen en el corazón, y en lo muy íntimo, en los riñones, se sabe.

Se sabe, pero se ignora, y ahí están mentira y engaño formando la falsa piedad, que muestra aflicción pero no es efectiva para transformarse en arrepentimiento y libertad de la transgresión, que permitirán a una persona ser, verdaderamente, libre. Yeshúa nos invita a privarnos definitivamente de las costumbres que preserva el mundo, y de las que son bien vistas por este, que se manifiestan como relaciones sociales disfrazadas de relaciones con Di-s. El problema de un ayuno así, es que no hay intimidad y, sencillamente, no es válido.

El problema de una falta de compromiso con Di-s se expía desde lo íntimo, arrepintiéndose en la fe del poder que tiene HaShem para renovarnos –o transformarnos, si aún no lo somos– como resucitados; como sobre quienes ni la muerte ni la corrupción tienen poder.

Este ayuno nos prepara para estos días postreros, cuando nuestra conducta y estilo de vida deben estructurados por Di-s y no por nuestra mano.

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