¿Qué alegría en Sucot?

En Sucot se lee Qohélet (Eclesiastés), muy de la mano del valor que tiene la sucá: la de una morada pasajera. La idea dominante en el libro es que todo es vanidad y hasta parece que el autor se gozó explicando que la vida, por sí misma, no tiene sentido. No basta con decir que es breve (no estamos ante una Danza de la Muerte medieval o algún poema lírico que lamenta que todo pase rápidamente); Salomón calculó, digamos, en su experiencia, las sabiduría de todos los hombres, y en su sabiduría, la experiencia de los mismos haciéndonos saber que sólo hay algo que brinda valor de sentido a la estancia por el mundo: el disfrute del mismo dentro de los límites de la conducta que marca la Ley. Pues si de un libro que exalta la sabiduría se tratara, no terminaría diciendo que el todo del hombre es temer a Di-s y guardar Sus mandamientos.

En conclusión … que Di-s juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas. (12:13)

Evidentemente, la visión del libro es bastante práctica, porque su tema es terrenal: las preocupaciones cotidianas de cada ser humano, como si viviendo bajo la sucá se fuera todo en buscar el disfrute, huir de los sufrimientos o padecerlos injustamente o por falta de sabiduría (inclusive, por exceso de la misma). ¿No habla de esto también el Mesías? Yeshúa toca el tema de la vanidad de la vida; que las muchas preocupaciones humanas, realmente son preocupaciones vanas (Mt 6:25-28). Tres necesidades primordiales considera el ser humano ocupar todas sus fuerzas: comer, beber y vestir. Qohélet dice: “El único bien del hombre es comer y beber y didsfrutar del producto de su trabajo, y aun esto he visto que es don de Di-s. ¿Quién come sin su permiso?” (Qo 2:24).

Devarim/Deuteronomio habla también de comer (saciarse), tener pertenencias y bienes (8:12-14) como dones de Di-s, aunque son elementos que provocan el mal en el hombre, pues:

No sea que cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro y abundes en todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Di-s, que te sacó de Egipto, de la esclavitud […]

Esta amonestación tiene como complemento la enseñanza de Yeshúa: “¿No vale la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? … Son los paganos quienes ponen su afán en estas cosas … Busquen primero que reine Su justicia, y todo eso se les dará por añadidura” (Mt 7:25, 32-33). Cuando buscamos que nuestras necesidades primarias se vean cubiertas, aún con urgencia, nos falta sustancia para hacer lo debido. Primero está el Reino de Di-s y Su justicia en los corazones. ¿Cómo se habrán de añadir lo primordial, lo necesario?

Y es que no solamente esto “primordial” resulta ser realmente secundario, sino que cuando se busca en primer lugar, es vanidad y mal para el creyente. Un verdadero creyente comienza por la sustancia de toda vida. De ahí que la pregunta “¿No vale más la vida…?” se refiera a la sustancia de la misma, y es una referencia implícita a una relación con Di-s más que a un curso de los años. ¿En medio del trajín cotidiano hacemos que reine la justicia de Di-s en nuestras acciones y palabras; anhelos y propósitos, etc.?

Entonces, nos encontramos con la segunda parte de la advertencia de Devarim: “No sea que … te vuelvas engreído y te olvides de tu Señor … que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua … que te alimentó en el desierto con un maná  … para afligirte y probarte y para hacerte el bien al final” (v. 12-16). ¿Y cuál es el final? Sucot es el final, y este precisa del recuerdo de andar por el desierto en tiendas, cuyo sentido espiritual es andar por esta vida de forma pasajera, pero temiendo a Di-s más que a los hombres y buscando que Su justicia reine en nosotros si somos siervos humildes.

Entonces, ¿de qué alegrarse en Sucot? ¿De comida y bebida; bienes? La alegría en Sucot es que reine Di-s y Su justicia en nuestros corazones. No hay nada de que jactarse con los bienes, la comida, la bebida, el vestido y los logros personales, pues todo ello Di-s lo proporcionó. ¿Al final, de qué alegrarse si no hay jactancia mundana? ¿Quién se alegra en Di-s? El justo que ha sido disminuido en dominio y poder y ha dejado que el Espíritu reine sobre la carne; al término de sus labores, en el tiempo de la cosecha del fruto de la tierra (de esta vida terrenal), no como logros personales, sino como el fruto del perdón y la restauración con Di-s que se dio previamente en Yom Kippur.

El gozo final será completado el día postrero.

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