Fin de Sucot y el octavo día.

Quiero hacer una analogía, de la cual sin duda, muchos ya han de haberla hecho y muy posiblemente, no esté diciendo nada nuevo. Se trata de la semana de Sucot y el Milenio. Para decirlo de manera breve, en el Talmud, los rabinos disertan acerca de la forma en que habrá de reconocerse la llegada del Mesías. En medio de estas discusiones, se encuentra una singular interpretación basada en los seis días de la creación y el día de reposo que considera la edad del mundo –seguramente basándose en Salmos – en seis mil años más siete mil.

En la mente del autor de Jazón Yojanán (Apocalipsis), se encuentra esta misma tradición, lo cual demuestra hasta cierto punto su antigüedad: un milenio de reino mesiánico, y después,  el fin. Corrigiéndonos, podríamos decir que ese milenio es, él mismo, el fin. Resulta llamativo que en el libro de Bemidbar/Números se mencione la fiesta de Sucot para celebración de siete días; mientras, en Vayikrá/Levítico, hay un misterioso octavo día, anclado a la fiesta con la fórmula: “el primer día será shabat, y el octavo día será también shabat” (23:29). En este mismo asunto, y recordando la “tradición de Elías”, es decir, la de los milenios como una semana de seis días y su shabat, hallamos algo más que no se menciona explícitamente, y de lo cual aún de los profetas debió haber permanecido oculto: el octavo día.

Si se piensa, además, en el mandamiento sobre el shabat que distribuye el trabajo en seis días y un descanso en el séptimo, junto con el significado de “shabat” como “cese”, entonces entenderemos mejor la analogía presente: seis mil años de “trabajo”, es decir, un tiempo que tiene la humanidad para arrepentirse y vivir bajo yugo del Reino de Di-s, mostrando su fidelidad en medio de dificultades, etc. Y, por lo tanto, un milenio de descanso, en el que todo será como un shabat, este milenio en que el Mesías esperado por judíos y gentiles, volverá para reinar con vara de hierro.

Por lo anterior no estoy diciendo que aún faltan 1227 años para ese momento –de verdad, muy pocos–, sólo porque exista una halajá que prohíbe calcular el tiempo de la llegada del Mesías; sino porque El que ha de volver, dijo explícitamente que nadie sabe la hora ni el día (tampoco por esto vamos a decir el año). Así que, continuando con nuestro tema, al milenio le sigue aún el octavo día, y con esto relacionamos la última semana litúrgica (Sucot) y el octavo día (Sheminí atseret) con los seis mil años de vida para el mundo, el milenio del reinado mesiánico en la tierra con el Deseado de las naciones al frente y, cuyas referencias sobre este acontecimiento están en Is 65 y 66. ¿Esta misma tradición y su hermenéutica mesiánica como interpretación de su efectivo cumplimiento, no está también contemplado en el B’rit HaJadashá?

En 2Ke 3/2Pe 3, la riqueza de significaciones sobre esta tradición sólo apuntan hacia una cosa: el regreso del Mesías. Debemos considerar, estimado lector, que las fiestas del séptimo mes aún no tienen su cumplimiento profético –pues es necesario que vuelva el Amado–; por esto mismo, Sucot tendrá su completitud cuando Bar Naflé aparezca con el ejército del Cielo el Día temible del Señor. El octavo día, tiempo ignoto y del cual ciertamente existe un destello en Jazón Yojanán, donde sólo Di-s será, y los justos vivirán eternamente.

Que Di-s selle nuestro destino para vida Eterna.

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