Januká y el Templo interior.

Januká, como su nombre hebreo lo indica, significa “inauguración”. La historia de la fiesta se remonta al tiempo en que un grupo de sacerdotes tomó las armas para combatir a los griegos invasores y recuperar Jerusalén, y más importantemente, el Templo. Januká es la celebración, también, de esa recuperación. ¿A qué, pues, el nombre de “inauguración”? Es como si hablara de algo que es considerado como por primera vez; algo renovado o simplemente nuevo. En lo que se refiere al Templo: como si fuera construido una vez más.

El Templo de Salomón fue destruido por Nabucodonosor, y reconstruido (inaugurado) por Ezrá (Esdras). Si atendemos al significado simbólico del papel de Salomón y Esdras, nos daremos cuenta que el primer Templo fue inaugurado en tiempos de paz, y el segundo, por la fuerza que brinda Di-s después de una dura tribulación. Esrdas/Ezrá significa “fuerza”. Esto quiere decir que aquello que fue abatido por el pecado debe ser reconstruido con una fuerza superior a la humana, que sólo es posible en la plena confianza en Di-s.

Jerusalem-Temple-500x230El segundo Templo fue inaugurado entre lloro y canto; lamento, nostalgia y gozo, pues ahí se halló la generación que vio la construcción del primero, más glorioso… Este segundo Templo fue profanado más tarde por los griegos de una manera abominable y completamente diabólica. La profanación consistió, sin entrar en detalles, en burlarse en la cara de Di-s. Pero un grupo de sacerdotes decidió tomar las armas para recuperar la ciudad, y con ella, en Templo.

Januká habla, pues, de la inauguración de un Templo que fuera profanado, convirtiéndose, sarcásticamente, en la plataforma de la burla a Di-s. La profanación consiste en desacralizar las reliquias que Di-s puso para Su servicio, al cuidado de Israel. Si trasladamos este hecho a la vida espiritual, hallamos que el creyente que se ha debilitado por el pecado, corre el peligro de profanar su servicio a Di-s, desacralizándolo; reduciendo a una mofa, mediante la incredulidad y la promiscuidad con los valores del mundo, su vida espiritual.

Así como Antíoco entró arrogantemente en el Templo (después de destruir defensas anteriores) y después decretó la abolición de las costumbres de Israel (así como de cada pueblo conquistado, Macabeos 1), así el Satán es capaz de entrar en una vida espiritual debilitada. Hay veces en que el Satán ha triunfado sobre el creyente, si éste se considera definitivamente abatido. Sin embargo, vemos que la furia de esta profanación llevó a una familia de sacerdotes a luchar por desalojar a Antíoco IV del seno de Israel. Así también el creyente tiene en ellos un ejemplo de combate.

Los macabeos son un curioso y digno ejemplo que combina la lucha física contra el enemigo, siendo al mismo tiempo, de condición sacerdotal. Sin embargo, estos sacerdotes guerreros tuvieron que dejar su servicio a Di-s para otro momento, pues debían primero recuperar todo aquello que les permitiría llevar a cabo este propósito final: servir a Di-s. Debían, pues luchar cuerpo a cuerpo contra el enemigo. Si hemos comparado ya este hecho con la vida espiritual, ¿se esperaría de nosotros que combatiéramos buscando lucha contra el enemigo? Para aclararlo pronto: se trata de luchar contra este enemigo que invade el territorio de Di-s en nuestra vida, a saber: la tentación, la autocomplacencia, la conformación con el mundo, etc.

La inauguración del Templo es un hecho final tan sólo parcialmente; es la corona del triunfo sobre el enemigo, pero no es la etapa final del proceso, sino el comienzo de la reconstrucción. Como creyentes en Yeshúa debemos entender que nosotros formamos parte de un gran Templo, de acuerdo a Kefá (1-2), que nos advierte el considerarnos piedras vivas de este gran Templo siendo constantes en nuestra profesión de creyentes. Así, sin dudar nos dice que seamos “como piedras vivas, edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Di-s por medio de Yeshúa HaMashiaj” (2:5).

Estas palabras no son metafóricas, realmente el cumplimiento del sacrificio de Yeshúa es una vida consagrada cual sacerdote dedicado a servir a Di-s diariamente con los sacrificios realizados en el Templo. ¿En qué consiste este sacrificio hoy? Kefa responde: “que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que los que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Di-s el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (v. 11-12). Lo que debe sacrificarse en honor a Di-s es la carne (y si literalmente así era en tiempos del segundo Templo, así es verdaderamente hoy: la carne que representa los placeres del mundo y de un corazón tentado).

La janukát habait (“inauguración del Templo”) sólo viene después de una reconquista (en el caso del creyente que se ve tentado) de la vida espiritual consagrada al Eterno. Por eso hallamos en el Salmo para esta ocasión, estas primeras palabras:

Te glorificaré, Adonay, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran por mí (Sal 30:1).

“Exaltado” en heb. Dilitani, viene de la raíz daláh, que signfica levantar agua de un profundo pozo. Y en este sentido debemos entender que antes de ser levantado, se hallaba en un lugar bajo, el lugar de la prueba y de la humillación, donde los enemigos ciertamente se alegraban por la condición de David, que era precaria. La precariedad no es sólo un estado provocado por el pecado, también es el tiempo de aguardar por la salvación de Di-s; donde la esperanza parece no resplandecer, y las condiciones son negativas y dolorosas. Según el Yoseif Tefillot, David usa de forma enigmática la palabra dilitani – en lugar de otra más adecuada –, para aludir a las puertas (daltei) del Templo que se abrieron milagrosamente, según el Midrash, cuando Salomón, evocando a su padre David frente a ellas no podía entrar al templo en la medida de sus propios méritos. Si seguimos esta idea, ¡nos daremos cuenta que esta exaltación sucedió después de la muerte de David! Esta exaltación está claramente representada en la inauguración del Templo, pues no fue sino su hijo Salomón quien lo llevara a cabo después de varios años de la muerte de David, y vemos en el Salmo para esta ocasión, que dice: “Salmo, canto en la dedicación de la Casa. De David” (v.1), a pesar de que él no estuvo ahí para esa dedicación; lo escribió considerando el asunto, como si estuviera ahí, dando los motivos de la inauguración de su Templo interior, ése del que Rab Shaúl dice que “está en vosotros, el cual es de Di-s” (1 Cor 6:19).

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