¿Cómo ser maduros?

Pensemos lo siguiente: no se trata de una madurez intelectual o cognitiva, sino espiritual. Ésta no excluye las demás, pero no depende de ellas, de hecho otros tipos de madurez como la intelectual, por ejemplo, pueden ser modificadas por la espiritual. En otras palabras, queremos decir que por mucha experiencia personal que se tenga en las cosas del mundo, no se garantiza un crecimiento espiritual.

Crecer espiritualmente es parecido a los frutos que se esperan de los árboles, como lo que dice el Señor: “cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas” (Lc 6:44). Se exige un tipo de fruto para el creyente, esto implica crecer, madurar. La madurez tiene, a su vez, un principio. Éste es el nacimiento del creyente en la Verdad, por medio de la fe en la obra del Mesías crucificado como expiación de los pecados. Una persona que se arrepiente de sus pecados creyendo en los méritos de Yeshúa HaNetzer es, como dice Rav Shaúl (Ro 11) injertado en el buen olivo (en el caso de ser un gentil) o reinjertado (en el caso de un judío).

La cuestión es la siguiente: el injerto debe nutrirse de la savia del árbol al que ahora pertenece para no ser más una rama arrancada de un olivo silvestre, sino una rama igual a las demás en ese olivo. Esto es nutrirse de la savia del olivo: identificarse con la obra de Yeshúa en la cruz, en la cual Rab Shaúl mismo quería gloriarse:

En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo. (Gál 6:14)

y en Romanos 6:5-7,

En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.

El nacimiento en el Señor implica nuestra muerte como pecadores; dejando en la cruz nuestros pecados; muriendo al mundo y sus costumbres, sus estilos de vida, sus perspectivas sobre el mundo, sus valores. Ésta identificación con la crucifixión es la base sobre la cual descansa el crecimiento y la madurez en Di-s hacia el compromiso con Él.

Crecer en Él, conforme a Su dicho: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9:23). Por eso, advierte Rav Shaúl:

No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. (Ro 11:20b-22)

Permanecer, en el griego de este versículo, significa “perseverar continuamente”, es decir, sin límite… Perseverar en la bondad de Di-s sigifica hacerlo en la humildad para que sea Su bondad y no mis poderes los que me encaminan a dar un fruto, a cumplir el propósito por el cual fui injertado en el buen olivo. ¿No podríamos considerar constantemente la advertencia que el Mashiaj nos da (Lc 14:27): “el que no lleva su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser mi discípulo.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s